Me veo obligada a deciros que la historia de Héctor y Noelia ha tocado su fin. Su historia ya ha terminado para mi. Yo no tengo nada más que relatar. Después del beso, tras acompañar a los protagonistas por algunos capítulos, todos sabíamos que él insistiría en estar con ella y que su orgullo se hubiera puesto por en medio hasta que el amor de ambos lo fundiera. Encontré demasiado alargarlo más. Su historia de amor para nosotros ha acabado. Podemos imaginarnos que no van a casarse, tampoco que vivieran juntos, solo que tuvieron una muy bonita relación y que la disfrutaron cada segundo.
Así que este es su
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30 de marzo de 2011

4 de marzo de 2011
La despedida
Llegó el peor momento: la despedida. Ese terrible adiós que no querían que les separara. No ahora que por fin querían estar juntos. Si alguien les hubiese dicho que se podían ver otro día, ese alguien hubiese muerto bajo las fulminantes y asesinas miradas de ellos.
Alcanzaron la puerta de la casa de Noelia. A pesar de que sus bocas no habían cesado de formula frases en toda la tarde ahora las palabras se habían quedado atravesadas en la garganta. Ninguno de los dos respiraba con normalidad, ni sus corazones latían al ritmo de siempre, ni nada andaba igual. Sin ninguna causa Noelia enrojeció y Héctor no fue capaz de verlo porque se empeñaba en creerse que había algo muy interesante en el suelo. Solo el carraspeo de la chica le hizo fijar sus ojos en ella. Con lo cuál el rosado de las mejillas se intensificó.
-Me lo he pasado muy bien contigo. ¿Al final, como te lo has pasado?
-A pesa de lo rara que ha llegado a ser la tarde me lo he pasado genial.- dijo ella.
-¿Nos veremos pronto?
-Claro - Y esa respuesta iluminó los ojos marrones de Noelia.
-Disimula pero tu madre nos vigila escondida detrás de las cortinas.
Como siempre que se pide ser disimulado se es descarado, Noelia con un movimiento brusco fijó la vista repentinamente en la ventana.
-¡Madre! - Y la figura materna desapareció inmediatamente.
-Si no llego a decir disimula no sé que hubieras hecho.
-Lo siento - Y ambos se pusieron a reír. Pero pronto el silenció volvió.
-En fin, deberías entrar ya, sino te vas a resfriar - "Vaya una cosa más idiota has dicho" pensó.
-Si, debería - "Pero ahora no quiero" se dijo para sí misma.
-Adiós.
Héctor se le acercó con la intención de darle los besos de cortesía para despedirse. Noelia hizo ademán de hacer lo mismo. Ella no supo si lo siguiente que pasó fue fruto de la confusión o del deseo de él. Al irse a dar los dos besos sus labios se encontraron y se demoraron unos segundos antes de separarse. Cuando Noelia se dio cuenta de lo que estaba haciendo se separó de repente de él. Roja como un tomate dijo:
-Adiós.
Héctor le dio dos besos, esta vez en las mejillas, y lo hizo con dulzura en lugar de ser seco.
Se volvieron a despedir, pero con la mirada hasta que ella desapareció detrás de la puerta
Alcanzaron la puerta de la casa de Noelia. A pesar de que sus bocas no habían cesado de formula frases en toda la tarde ahora las palabras se habían quedado atravesadas en la garganta. Ninguno de los dos respiraba con normalidad, ni sus corazones latían al ritmo de siempre, ni nada andaba igual. Sin ninguna causa Noelia enrojeció y Héctor no fue capaz de verlo porque se empeñaba en creerse que había algo muy interesante en el suelo. Solo el carraspeo de la chica le hizo fijar sus ojos en ella. Con lo cuál el rosado de las mejillas se intensificó.
-Me lo he pasado muy bien contigo. ¿Al final, como te lo has pasado?
-A pesa de lo rara que ha llegado a ser la tarde me lo he pasado genial.- dijo ella.
-¿Nos veremos pronto?
-Claro - Y esa respuesta iluminó los ojos marrones de Noelia.
-Disimula pero tu madre nos vigila escondida detrás de las cortinas.
Como siempre que se pide ser disimulado se es descarado, Noelia con un movimiento brusco fijó la vista repentinamente en la ventana.
-¡Madre! - Y la figura materna desapareció inmediatamente.
-Si no llego a decir disimula no sé que hubieras hecho.
-Lo siento - Y ambos se pusieron a reír. Pero pronto el silenció volvió.
-En fin, deberías entrar ya, sino te vas a resfriar - "Vaya una cosa más idiota has dicho" pensó.
-Si, debería - "Pero ahora no quiero" se dijo para sí misma.
-Adiós.
Héctor se le acercó con la intención de darle los besos de cortesía para despedirse. Noelia hizo ademán de hacer lo mismo. Ella no supo si lo siguiente que pasó fue fruto de la confusión o del deseo de él. Al irse a dar los dos besos sus labios se encontraron y se demoraron unos segundos antes de separarse. Cuando Noelia se dio cuenta de lo que estaba haciendo se separó de repente de él. Roja como un tomate dijo:
-Adiós.
Héctor le dio dos besos, esta vez en las mejillas, y lo hizo con dulzura en lugar de ser seco.
Se volvieron a despedir, pero con la mirada hasta que ella desapareció detrás de la puerta

26 de febrero de 2011
Como si fuera el principio
¿No te suenan los protagonistas? Averigua quienes son.
Héctor se sentó en el banco más alejado y Noelia se se sentó a su lado. Él empezó a hablar.
-¿Tregua?
-Desde cero.
Ella respondió con una sonrisa.
No hacía ni dos minutos que estaba a punto de dejarlo ahí mismo, pero quizás fuera la insistencia, la voluntad ciega o los pequeños detalles del chico que le hicieron cambiar de idea. De todos modos estaba contenta de ese cambio. Los dos tuvieron suerte de que ella llegara a dominar su rebelde orgullo.
-Me llamo Héctor - y le extendió la mano para que la estrechara.
-Yo Noelia - y se la aceptó
-Un placer.
La conversación que vino a continuación, era la clase de charla que se tiene entre conocidos que quieren conocerse, un poco mejor. Hablaron de sus familias Héctor le reveló el asunto de su padre pero omitió un par de frases demasiado íntimas para su gusto. Ella tocó el tema amigas. Él de amigos. Estuvieron sentados en el banco más de lo que se pensaban .De hecho ni se dieron cuenta de que el se estaba escondiendo detrás de los edificios de la ciudad para irse iluminar el otro hemisferio.
Sacó el móvil y le dijo que eran cerca de las siete.
-¿Ya?
-Se me ha pasado volando.
-A mi también
Entonces se levantaron e hicieron camino hacia la casa de ella.

16 de febrero de 2011
Cambios de humor
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Noelia avanzó con paso decidido hacia el parque que quedaba cerca, Héctor le pisaba los talones. Cuando la alcanzó, con las puntas de los dedos , delicadamente, le cogió de la camisa. Ella se giró divertida.
-Noelia, quiero que sepas que lo que te he dicho antes era cierto. Pero quería aclarar un pequeño detalle.
-¿Cuál?
-Que me precipité hablando de amor. En verdad me refería a que me gustas, me atraes si lo prefieres. Eso no te lo puedo negar.
-¿Te suele pasar?- Dijo poniéndose las manos en la cintura y cambiando el tono de su voz.
-Muy a menudo- Contestó él, pasando inadvertido el cambio de actitud de ella- Me meto tanto en la conversa que me animo y digo lo que no debería; como hoy. De veras que me sabe mal, siempre hay esos malentendidos por culpa de una palabra mal escogida.
Noelia había cambiado ya la diversión por la indignación.
-¿A cuantas chicas has soltado un discurso como el mío?
-A ninguna, ya te lo he dicho - El pobre chico no entendía la modificación brusca de Noelia y empezaba a desesperarse.
-Cualquiera lo diría. Has dicho que te pasa con mucha frecuencia.
-El que exagere las palabras sí, pero lo de decir lo que te he dicho antes; no.
-Se te veía muy cómodo con la conversa.
-Eso es por la educación que me han dado los padres - el usar el plural hizo aparecer na sombra en su rostro, cabizbajo continuó: - Siempre me han dicho que fuese con la verdad como recurso más noble. Y eso es lo que hago y lo he hecho. No me ando con artimañas, ni con tanteos, ni planes ni nada de eso. No me va.
-Si, bueno, ya- dijo dejando el tema por zancado. Se giró y dio unos pasos antes de que las palabras de Héctor la detuviesen.
-¿Todavía quieres pasar esas dos horas, que nos ha dado tu madre, conmigo?
Noelia era un tanto orgullosa y por lo tanto el no tener la razón le molestaba sumamente. Eso le había supuesto un ultimátum: o dejaba ir a Héctor o a su orgullo. Ella tenía ganas de estar con él. Ese hecho no podía ser negado ni a si misma. Le parecía un chico interesante, pero no soportaba a los embusteros.
-Odio a los que mienten.
-Perfecto. Entonces me quedo.
-Era una indirecta.
-Lo sería si tuvieses razón. Pero como no la tienes...
-¡Eres de lo que no hay...!- Y meneó la cabeza echando a la indignación. Cuando respiró entró de nuevo la respiración.
-Lo sé - Hizo broma. Anduvo a paso ligero, y esta vez, fue Noelia quien le pisaba los talones.

13 de febrero de 2011
El pasado
¿No sabes que pasó antes?
Héctor era un muchacho que vivía con su madre viuda. Su padre había fallecido unos años antes en un accidente de tráfico. Recordaría esa época como la más sombría que jamás había vivido. Todavía tenía pesadillas de cuando su padre agonizaba en el hospital. A veces eran simplemente flashbacks de dichos momentos, que le hacían levantarse con un nudo en la garganta y con lágrimas en los ojos.
De todos esos instantes que permanecían en su mente, el que lo hacía con más fuerza y el que sobresalía entre todos los otros, fue el que tuvo lugar cuando su padre agonizaba en el hospital dos días antes del día final.
Esa habitación blanca, con una sola cama en la cuál yacía el héroe de su infancia conectado a toda clase de tubos y chismes que para él solo traían mal augurio a pesar de que lo mantenían con vida. Se veía a él sentado junto a su padre cogiéndole la mano con la cara de dolor.
-Papá- sollozó.- Tienes que mejorarte. ¿Me lo prometes? - preguntó cándido.
-Lo haré si tu me prometes una cosa.
-Lo que sea.
-Hijo, tienes que prometerme que serás fuerte. No hablo de ocultar miedos, sentimientos, pensamientos o deseos. Hablo de sobrellevarlos cuando te venga el mal tiempo. En la vida te azotarán las más diversas tempestades. Prepárate para ellas, la base se encuentra en el amor y la confianza. Sin ellas, naufragarás sin remedio. Tenlo presente.
El pequeño discurso provocó un ataque de tos tan fuerte que la enfermera tuvo que echar al chico del lugar.
Esas palabras dichas con esfuerzos descomunales quedaron grabadas en joven mente para siempre. Y esa lección fue seguida al pie de la letra.
Una noche, tras la muerte de su padre y antes de que él siguiera su sabio consejo, su madre lo encontró deambulando por la casa con ojos rojos de tanto llorar. La mujer le abrazó y le hizo sentarse con ella en el sofá.-¿Cuéntame que te pasa?
-Nada- contestó con voz lejana.
-Es por tu padre
Silencio como respuesta.
-Escúchame, se que no quieres hablar del tema...
-No, no quiero- Le cortó él.
-Pero tienes que hacerlo - le cogió la cara con loas manos y le obligó a mirarla - Métete en la cabeza lo que voy a decirte ahora: guardarse las cosas para uno mismo corroe a la persona en cuestión. Tienes que exteriorizar tus miedos, tus sentimientos, tus pensamientos y tus deseos. Anda con la verdad en la mano, siempre. Sacarás algo en claro y te ahorrarás más de un desengaño.
Entonces su hijo la abrazó y con lágrimas en los ojos le contó todo cuanto le angustiaba. Pero ella ya lo sabía. Simplemente escuchó.
Pocos meses después Héctor empezó a vivir según los valores de sus padres. Pero eso le costó más de lo que él inicialmente esperaba. En el colegio se burlaron de él, muchas chicas rehusaron salir con él y los amigos escasearon. Y no fue hasta que se cambió a un instituto lejos del colegio en la capital las cosas no empezaron a estabilizarse. Fue entonces cuando con los valores, ahora suyos, se creó una buena reputación e incluso muchas chicas quedaron prendadas de él y su sinceridad.
Por eso Héctor se comportó de forma tan natural y sincera con Noelia. Para él, eso era tan normal como respirar.

19 de enero de 2011
El té y el discurso
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Siguieron andando hasta llegar al local predilecto de Noelia. Entraron y se sentaron en una mesa para dos. En seguida llegó el camarero para preguntar lo que querrían.
-Yo lo de siempre. ¿Tu que quieres, Héctor?
-Yo tomaré una limonada.
Tras haberse ido el camarero, ella empezó la conversa.
-¿Que pretendes hacer estas dos horas?
-Oh, pues tengo un gran abanico de posibilidades, pero todas dependen de ti.
-Dime un par.
-Pues pensaba llevarte al parque a pasear y así nos conocemos un poco. Al fin y al cabo, si no nos llegamos a conocer sería desperdiciar dos bonitas horas.
-Desde luego. - Y no se resistió de reír.
Llegó el camarero y les puso las bebidas en frente. Noelia cogió la taza con ambas manos para calentarse y sopló el agua del té.-Yo hablaba en serio. Quiero llegar a conocerte.
La sonrisa de ella se borró de su rostro. Héctor la abordó de nuevo.
-Hablo muy de veras. Puede que al principio no te fiaras de mi. Y no te culpo. Si de repente entra un desconocido en tu vida no le vas a recibir con las manos abiertas. Por eso quiero dejar de ser un desconocido para ser un conocido. Así no tendrás por que tratarme con tanta precaución. Quiero conocerte,pero también quiero que tu me conozcas.
Noelia tomó un sorbo, centrándose en su té de canela. Las palabras de él le habían quitado el habla. Héctor continuó:
-Escúchame-Ella le miró a los ojos a pesar de estar sonrojada.- Se que todo este discurso te puede sonar raro, pero no deja de ser cierto. Jamás antes le había dicho esto, ni se me hubiese pasado por la cabeza. Pero tu no eres como las demás chicas.¡ Por Dios, no!
Y en cada palabra, ella vio que no había ni un ápice de mentira. Que todas estaban bañadas de verdad y que no les faltaba sentimiento. Iba a abrir la boca para decir algún comentario como Me lo tomo como un cumplido. Pero ni ese comentario gracioso podía pronunciar. A parte de que lo consideraba fuera de lugar.
Noelia apartó la taza de sus labios pero la mantuvo en alto. Y dijo:
-¿De veras?
-Pues claro. ¿Por quien me tomas? No jugaría con tu corazón, eso te lo garantizo.
-Lo siento... - Y volvió a tomar un sorbo y esconderse tras el té.
-No hay nada que perdonar. Es normal que dudes de la veracidad de mi discurso. Yo lo haría. Mira, Noelia, todo esto no es fruto de la casualidad. Me he esmerado en que pasará, excepto el tema del tren, porque no quería desperdiciar la oportunidad de conocerte. Noelia, ¿es que no lo entiendes? Me gustas. Y mucho. Quiero darte tiempo para que me des tu amistad y, ¡que demonios!, tu amor. No voy a forzar nada. Todo lo vas a hacer o deshacer tu misma. Que no me quieres como amigo solo tienes que abrir esa boquita tuya y mis piernas se moverán solas en la dirección opuesta a la tuya. Que quieres mi amistad y no mi amor, me lo dices y me lo guardo. Tan simple como eso.
Y Héctor le sonrió divertido. Noelia por fin podía contestar más serena:
-Ahora has arruinado el momento, le quitas credibilidad.
Héctor le cogió las manos aprovechando que ella había dejado la taza vacía en la mesa.
-Te lo repetiré tantas veces como lo creas necesario hasta que entre en tu mente y te lo creas. Porque es muy cierto. Dime que me crees.
Ella se levantó pagó la cuenta en menos que canta un gallo y salió por la puerta dando saltitos; divertida.
Héctor se levantó y murmuró para si:
-Maldita chica, ¡como me gusta!

6 de enero de 2011
Sorpresas
Noelia andaba por la calle poco concurrida, con la mochila colgada de una asa en el hombro. Sus pensamientos se concentraban única y exclusivamente en el examen que tenía mañana. Todavía con esa preocupación llegó a la puerta de su casa. Paró delante de la valla y rebuscó en el compartimento pequeño de la mochila. Dio con las llaves pero justo en ese momento unas manos le taparon la vista. Su corazón dio un brincó por el susto.
-¿Quien soy? -dijo una voz masculina
Ella intentó quitarse las manos de la cara pero él tenía mas fuerza y no pudo. Repitió la pregunta.
-No lo sé - separando notablemente cada palabra y con también notable malhumor.
Entonces las manos se retiraron.
-Qué desengaño... Yo pensando que te acordarías de mi.
Se giró y para su sorpresa vio a la sonriente cara de Héctor.
-¡Héctor!- Y un punto de ilusión salpicó su nombre - ¿Se puede saber que hacías aquí?Me has dado el espanto de mi vida. - Corrigiendo su tono demasiado alegre.
-Si te llego a pedir permiso pierde toda la gracia. Y total, para recibir un no. Contestando a tu pregunta solo estaba paseando.
-Ya! ¿La dirección de mi casa te la ha silbado un pájaro?
-Casi, casi. Era hembra. Anda ven conmigo, vamos a pasear.
-Hay un pequeño inconveniente.
-¿Cuál?
-Tengo padres y una vida y mañana un examen.
-¿Traes contigo el libro de la materia?
-Si, ¿por?
Noelia no recibió respuesta porqué Héctor le había cogido de la mano y la llevaba calle abajo.
-¡Héctor! -gritó
-Shht! Calla que vas a escandalizar a medio barrio.
-Déjame.- Intentando deshacerse de él e ir en dirección opuesta.
-Estate quietecita que ya he hablado con tu madre.
Aquí fue cuando ella quedó petrificada con una cara de asombro jamás vista.
-¿Qué tu...qué?
-Lo que has oído. Hablamos el otro día por teléfono, muy amable por cierto, y me dio tu dirección. Me ha dado pleno consentimiento para que te lleve a tu local favorito unas dos horitas. Me ha dicho que estas obligada a quedarte conmigo todo este tiempo.
Mientras intentaba descifrar toda esa información recorrieron un buen trecho de la calle.
-¿Como conseguiste llamar? -Dijo finalmente. Pese a que ya no forcejaban ni uno forzaba al otro andar continuaban cogidos de la mano.
-Esas cosas nunca se revelan. Sino la magia se desvanece. Tu limítate a estar tan guapa como hasta ahora y a confiar en mi, que soy buen chico.
Ante tal cumplido ella se sonrojó y él lo notó pero no dijo nada.
-¿Quien soy? -dijo una voz masculina
Ella intentó quitarse las manos de la cara pero él tenía mas fuerza y no pudo. Repitió la pregunta.
-No lo sé - separando notablemente cada palabra y con también notable malhumor.
Entonces las manos se retiraron.
-Qué desengaño... Yo pensando que te acordarías de mi.
Se giró y para su sorpresa vio a la sonriente cara de Héctor.
-¡Héctor!- Y un punto de ilusión salpicó su nombre - ¿Se puede saber que hacías aquí?Me has dado el espanto de mi vida. - Corrigiendo su tono demasiado alegre.
-Si te llego a pedir permiso pierde toda la gracia. Y total, para recibir un no. Contestando a tu pregunta solo estaba paseando.
-Ya! ¿La dirección de mi casa te la ha silbado un pájaro?
-Casi, casi. Era hembra. Anda ven conmigo, vamos a pasear.
-Hay un pequeño inconveniente.
-¿Cuál?
-Tengo padres y una vida y mañana un examen.
-¿Traes contigo el libro de la materia?
-Si, ¿por?
Noelia no recibió respuesta porqué Héctor le había cogido de la mano y la llevaba calle abajo.
-¡Héctor! -gritó
-Shht! Calla que vas a escandalizar a medio barrio.
-Déjame.- Intentando deshacerse de él e ir en dirección opuesta.
-Estate quietecita que ya he hablado con tu madre.
Aquí fue cuando ella quedó petrificada con una cara de asombro jamás vista.
-¿Qué tu...qué?
-Lo que has oído. Hablamos el otro día por teléfono, muy amable por cierto, y me dio tu dirección. Me ha dado pleno consentimiento para que te lleve a tu local favorito unas dos horitas. Me ha dicho que estas obligada a quedarte conmigo todo este tiempo.
Mientras intentaba descifrar toda esa información recorrieron un buen trecho de la calle.
-¿Como conseguiste llamar? -Dijo finalmente. Pese a que ya no forcejaban ni uno forzaba al otro andar continuaban cogidos de la mano.
-Esas cosas nunca se revelan. Sino la magia se desvanece. Tu limítate a estar tan guapa como hasta ahora y a confiar en mi, que soy buen chico.
Ante tal cumplido ella se sonrojó y él lo notó pero no dijo nada.

30 de diciembre de 2010
El plan N
Noelia no podía parar de pensar en el apuesto desconocido del tren, del cuál solo sabía su nombre y apellido. Por el momento las únicas personas que sabían de la existencia de Héctor eran ella y su amiga Rebeca.
Hacía relativamente poco que conocía a Rebeca, desde que llegó a la ciudad, pero su carácter dócil y atento agilizó la amistad. Motivo por el cual pronto fueron amigas inseparables.
Al otro lado teníamos a Héctor, quien tampoco podía pensar en otra cosa que no fuera la señorita Herrera. Pero además de eso él cavilaba en el segundo encuentro prometido. En como hacerlo casual, sin forzarlo a existir... ¡Qué suerte que no tuviese semana de exámenes!, de otro modo no hubiese sacado más de un suficiente. Y eso equivalía a un castigo que tenía que evitar a toda costa.
Había ya pasado una semana y media desde que se conocieron en el tren, y los pensamientos de ambos habían amainado.
Era un miércoles cuándo Héctor cogió la gripe y postrado en la cama se dedicaba a urdir el plan N, como así lo llamaba él. Quizás fue la fiebre, o tal vez el dolor de cabeza, fuese como fuese una idea le vino a la mente.
Salió de la cama y arrastrando los pies atravesó la desierta casa en busca del teléfono. Pero a medio camino se percató de que se había olvidado el móvil por lo que tuvo que ir y volver. Desenfundó el móvil y dio a unas cuantas teclas hasta dar con lo que andaba buscando. Descolgó.
-Nueve, tres (...) - Decía en voz baja para sí mientras marcaba los números.
Esperó hasta que al otro lado de la línea oyó una voz de mujer.
-¿Se encuentra Noelia en casa?
-No. Está en el instituto. Hoy es miércoles.
-Si, claro. No me acordaba. Es que tengo la gripe.- Y no tuvo que poner voz de enfermo para convencer.
-¿Quieres que le deje un recado?
-Dígale que pasaré por su casa.
-¿Te sabes la dirección?
-No
-Es que nos hemos cambiado recientemente, apunta - Héctor no pudo contenerse y alzó el brazo en señal de victoria. "Vaya suerte tengo" pensó.
-Un momento,-sacó una hoja y un bolígrafo, y con el cuello cogió el auricular.- ¿si?
-Calle (...)
-Vale, muchas gracias.
-A ti, por cierto pásate mejor el viernes por la tarde a eso de las 5 y media.
-Así lo haré. Gracias de nuevo.
Colgó. Fue al baño, cogió un medicamento de esos que en teoría te curan en pocas horas y volvió a la cama para hacer reposo. El sueño le atrapó en poco tiempo y le cogió pensando en su plan N que no podía fallar.

28 de diciembre de 2010
Segunda Parte
Entonces sonó un móvil y la magia del momento desapareció. Como el arco iris, cuando miras está ahí, desvías la mirada, la vuelves a fijar y ya se ha ido.
Noelia apartó su mano bruscamente y desenfundó el aparato electrónico que vibraba y sonaba empeñado en arruinar la frágil conexión que se acababa de crear entre ambos jóvenes. Se alzó e hizo un gesto con la mano para ausentarse. Descolgó y empezó a andar arriba y abajo en el vagón, siempre a espaldas del chico.
-¿Quién es?...Hola, Rebeca. ¿De donde llamas?...Ah, vale...Si, ¿Tienes donde apuntar? Por cierto no hay nadie en casa, yo precisamente ahora estoy en camino. Estaré ahí a eso de las seis. Apunta: nueve, tres...
Héctor estaba con la mirada puesta en el vidrio del tren, absorto. Sin escuchar a la conversación sacó su móvil y se puso a jugar, tecleando como si le fuese la vida. Hasta que una voz femenina que le era ya familiar lo llamó.
-Perdóneme, Héctor, era una llamada que no podía desatender. - Al pronunciar su nombre Noelia enrojeció ligeramente y bajó la mirada. Pero como llevaba una coleta no había cortina que la ocultase. Él continuó unos segundos apretando teclas y luego metió el teléfono en un bolsillo de la cazadora.
-No importa. Por cierto, ¿Puedo ya tutearle o tengo que continuar siendo caballeroso?
-Independientemente de si me tutea o me trata de usted, siempre debería ser caballeroso. Téngalo en cuenta para el futuro. Es algo que las señoritas tienen en muy alta estima. Hoy en día escasean mucho tales chicos.
-Muy cierto, lo tendré en cuenta, pero que sepa que yo soy siempre un caballero.
-Le creo.
-Entonces ¿que responde a mi pregunta?
-¿Su pregunta? Bueno, ehem, yo creo que puedes tutearme. - Pero dijo eso poco segura de si misma.
-Perfecto. Siento decirte que es un alivio, no me importa tratar de usted a alguien pero siendo de mi edad me siento más cómodo de tú a tú.
-Yo como estoy acostumbrada no tengo preferencias.
-¿Hablas de ese modo con todo el mundo y de todas las edades?- Y no pudo evitar mostrarse sorprendido.
-Si- Asintió con la cabeza- Mis padres creen que la educación es una cosa de suma importancia, y supongo que se me ha ido quedando ese rasgo suyo.
-Tengo una corazonada.- Dijo sin seguir el hilo de la conversación
-¿Cuál?
-Que tu y yo tendremos una segunda parte.
-¡Eso es de una canción! - Exclamó indignada.
-¿Y que más da? Que yo piense lo mismo que ellos no significa nada.
Noelia solo pudo poner una cara muy explícita y abrir la boca.
-Tu ya verás. Un día de estos tendremos nuestra segunda parte.
En ese momento los megáfonos del tren anunciaban la próxima parada.
-Yo bajo aquí- Dijo Héctor cogiendo sus pertinencias- Tu sólo espérame, ya llegaré.
Y salió del tren antes de que Noelia pudiera encontrar palabras suficientes para formar una frase coherente.
Noelia apartó su mano bruscamente y desenfundó el aparato electrónico que vibraba y sonaba empeñado en arruinar la frágil conexión que se acababa de crear entre ambos jóvenes. Se alzó e hizo un gesto con la mano para ausentarse. Descolgó y empezó a andar arriba y abajo en el vagón, siempre a espaldas del chico.
-¿Quién es?...Hola, Rebeca. ¿De donde llamas?...Ah, vale...Si, ¿Tienes donde apuntar? Por cierto no hay nadie en casa, yo precisamente ahora estoy en camino. Estaré ahí a eso de las seis. Apunta: nueve, tres...Héctor estaba con la mirada puesta en el vidrio del tren, absorto. Sin escuchar a la conversación sacó su móvil y se puso a jugar, tecleando como si le fuese la vida. Hasta que una voz femenina que le era ya familiar lo llamó.
-Perdóneme, Héctor, era una llamada que no podía desatender. - Al pronunciar su nombre Noelia enrojeció ligeramente y bajó la mirada. Pero como llevaba una coleta no había cortina que la ocultase. Él continuó unos segundos apretando teclas y luego metió el teléfono en un bolsillo de la cazadora.
-No importa. Por cierto, ¿Puedo ya tutearle o tengo que continuar siendo caballeroso?
-Independientemente de si me tutea o me trata de usted, siempre debería ser caballeroso. Téngalo en cuenta para el futuro. Es algo que las señoritas tienen en muy alta estima. Hoy en día escasean mucho tales chicos.
-Muy cierto, lo tendré en cuenta, pero que sepa que yo soy siempre un caballero.
-Le creo.
-Entonces ¿que responde a mi pregunta?
-¿Su pregunta? Bueno, ehem, yo creo que puedes tutearme. - Pero dijo eso poco segura de si misma.
-Perfecto. Siento decirte que es un alivio, no me importa tratar de usted a alguien pero siendo de mi edad me siento más cómodo de tú a tú.
-Yo como estoy acostumbrada no tengo preferencias.
-¿Hablas de ese modo con todo el mundo y de todas las edades?- Y no pudo evitar mostrarse sorprendido.
-Si- Asintió con la cabeza- Mis padres creen que la educación es una cosa de suma importancia, y supongo que se me ha ido quedando ese rasgo suyo.
-Tengo una corazonada.- Dijo sin seguir el hilo de la conversación
-¿Cuál?
-Que tu y yo tendremos una segunda parte.
-¡Eso es de una canción! - Exclamó indignada.
-¿Y que más da? Que yo piense lo mismo que ellos no significa nada.
Noelia solo pudo poner una cara muy explícita y abrir la boca.
-Tu ya verás. Un día de estos tendremos nuestra segunda parte.
En ese momento los megáfonos del tren anunciaban la próxima parada.
-Yo bajo aquí- Dijo Héctor cogiendo sus pertinencias- Tu sólo espérame, ya llegaré.
Y salió del tren antes de que Noelia pudiera encontrar palabras suficientes para formar una frase coherente.

27 de diciembre de 2010
El encuentro
Final de trayecto del tren. Todo el mundo sale de los vagones. Quedan vacíos. Entre el bullicio de gente dos jóvenes entran en el tren. Cada uno en un extremo, sin saber el uno del otro. Tras unos minutos parados salieron de la estación.
Noelia echó un vistazo en derredor y comprobó que en el vagón no había nadie excepto ella. Se levantó e hizo caso del consejo de su madre: "Nunca te quedes sola, busca gente, preferiblemente mujeres; tu ya me entiendes";. Rió para sus adentros al recordarlo. Atravesó el primer compartimento para dar con el segundo, el cuál estaba tan lleno de gente como el anterior. Y llegó al último. Unos segundos le bastaron para ver que no había nadie. Iba a irse cuando de un asiento se asomaron dos brazos estirados. Si había alguien en el tren, pero solo eran dos, y para colmo esos brazos no eran precisamente femeninos. La chica se giró dispuesta a irse por donde había venido procurando no ser vista. Pero sus manoletinas la traicionaron al andar haciendo ruido. A lo que ella no supo reaccionar y quedó inmóvil.
Héctor se levantó de pronto, sobresaltado por el sonido. Al girarse y ver a la chica no pudo por más que sonreír. No recibió respuesta alguna pues Noelia ya se iba en dirección opuesta. Él se levantó con la clara intención de ir detrás suya.
-¡Eh! Un momento, no te vayas.
-¿Perdone? - Noelia estaba atónita.
-¿Te importa que te acompañe?
-Quizás me lo pensaría si usted fuera tan amable de usar el trato de cortesía con una señorita.
Héctor de entrada se quedó sin habla. Jamás una adolescente le había tratado de ud. ni él lo había hecho, tampoco. Por eso solo pudo contestar que así pensaba hacerlo en un futuro. Después de eso ella siguió andando dirección al final del vagón. Y él pisándole los talones.
-No se le pase por la cabeza el seguirme todo el trayecto.
-Justa esa era mi intención- Dijo echando mano de su mejor vocabulario rico.
-Sepa que no le pienso hacer ni caso.
-Pues ya está haciéndolo.
Noelia abrió la boca más ninguna palabra fue pronunciada. Se limitó a cerrarla y seguir andando, pues se había parado para rebatirle. Héctor ante tal victoria se permitió sonreír, pero ella le oyó.
-¿De que se ríe?- Le espetó.
-De nada- Dijo meneando la cabeza.
-Pues vaya un tonto está usted hecho. Reírse por nada...
Héctor hizo girar sus ojos hacía el cielo. Y por primera vez se preguntó en que diablos estaba pensando. A lo que su yo contestó: "Nada, chico, nada"
Llegaron por fin a la cola del tren, donde Noelia resuelta se sentó en un asiento individual. El muchacho se sentó en el otro que quedaba justo en frente.
-Que grosero he sido al no presentarme. Me llamo Héctor Narváez.- Y le extendió su mano.
Ella desconfiada apretó los ojos. Iba a darle la mano pero se lo pensó y la echó atrás. Hasta que, finalmente, reacia le dio la mano. "Si este chico es educado, no hay razones para ser descortés". Ni corto ni perezoso Héctor se inclinó para besar la tez fina y pálida de la mano de ella.
Y lo único que pudo decir ella fue que se llamaba Noelia y se apellidaba Herrera.
-Un placer haberla conocido, señorita.
-Lo...lo mismo..digo - Tartamudeo ella afectada por las acciones de él.
Espero que os guste el inicio de la historia. Habrán más entradas :)
Noelia echó un vistazo en derredor y comprobó que en el vagón no había nadie excepto ella. Se levantó e hizo caso del consejo de su madre: "Nunca te quedes sola, busca gente, preferiblemente mujeres; tu ya me entiendes"
-¡Eh! Un momento, no te vayas.
-¿Perdone? - Noelia estaba atónita.
-¿Te importa que te acompañe?
-Quizás me lo pensaría si usted fuera tan amable de usar el trato de cortesía con una señorita.
Héctor de entrada se quedó sin habla. Jamás una adolescente le había tratado de ud. ni él lo había hecho, tampoco. Por eso solo pudo contestar que así pensaba hacerlo en un futuro. Después de eso ella siguió andando dirección al final del vagón. Y él pisándole los talones.
-No se le pase por la cabeza el seguirme todo el trayecto.
-Justa esa era mi intención- Dijo echando mano de su mejor vocabulario rico.
-Sepa que no le pienso hacer ni caso.
-Pues ya está haciéndolo.
Noelia abrió la boca más ninguna palabra fue pronunciada. Se limitó a cerrarla y seguir andando, pues se había parado para rebatirle. Héctor ante tal victoria se permitió sonreír, pero ella le oyó.
-¿De que se ríe?- Le espetó.
-De nada- Dijo meneando la cabeza.
-Pues vaya un tonto está usted hecho. Reírse por nada...
Héctor hizo girar sus ojos hacía el cielo. Y por primera vez se preguntó en que diablos estaba pensando. A lo que su yo contestó: "Nada, chico, nada"
Llegaron por fin a la cola del tren, donde Noelia resuelta se sentó en un asiento individual. El muchacho se sentó en el otro que quedaba justo en frente.-Que grosero he sido al no presentarme. Me llamo Héctor Narváez.- Y le extendió su mano.
Ella desconfiada apretó los ojos. Iba a darle la mano pero se lo pensó y la echó atrás. Hasta que, finalmente, reacia le dio la mano. "Si este chico es educado, no hay razones para ser descortés". Ni corto ni perezoso Héctor se inclinó para besar la tez fina y pálida de la mano de ella.
Y lo único que pudo decir ella fue que se llamaba Noelia y se apellidaba Herrera.
-Un placer haberla conocido, señorita.
-Lo...lo mismo..digo - Tartamudeo ella afectada por las acciones de él.
Espero que os guste el inicio de la historia. Habrán más entradas :)

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