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22 de enero de 2012

Un final


Tras pensarlo mucho he llegado a un decisión. 
Cerraré este blog. No definitivamente,
quien sabe si nacerán en mi otra vez
esas ganas de escribir y compartir. 
Por varias razones he decidido no escribir más.
Bueno, eso es mentira. Escribiré cuando tenga tiempo,
pero será en un papel o en un word que solo yo leeré. 
No quiero parecer una desagradecida. 
Por eso quiero dar las gracias. 
Gracias:
A todos los que leíais mis entradas.
A los que las leíais y las comentabais.
A todos esos usuarios (ya se darán por aludidos)
que me brindaron su apoyo incondicional.
Por esos comentarios que me animaban a seguir. 
Por todo eso y un poco más. 
Podría hacer una lista interminable con todos 
los usuarios que para mi significaban más que un
comentario en una de mis entradas. 
Pero no lo haré. 
Siento que haya terminado así, tras casi 2 años. 
Pero la vida es así. Además he empezado a distribuir 
de otro modo mi tiempo libre. 
Y me he dado cuenta que en mi lista de prioridades
mi blog siempre quedaba muy atrás
aunque ganas no me faltaban. 
Añadid a eso la falta de inspiración que últimamente tenía. 
Os pido perdón por un adiós tan...tan...repentino, por así decirlo. 
Dejaré esta entrada durante un mes. 
Día 22 de Febrero cerraré el blog, temporalmente.
Espero volver a unirme a vosotros algún día.
Quien sabe. 
Os deseo lo mejor a todos. 
Que vuestro año esté lleno de momentos felices. 

Para aquellos que lo deseen os dejo mis links:
Correo electrónico: lapetitalittle@gmail.com

29 de octubre de 2011

Placeres en miniatura


Deslizar mi mano por el pasamanos; sentir los rayos de sol sobre mis parpados cerrados; acariciar los tallos altos de las plantas; teclear un número de un ser querido de memoria; ponerme un mechón detrás de la oreja para quitarlo segundos después; dejar que las yemas de mis dedos sientan la textura de las páginas de un libro; mirar al cielo hasta que me duela el cuello, encontrar esa constelación que tiene un nombre que nunca recuerdo; mirar una foto y recordar el momento; acordarme de personas que hace años que no veo, imaginar su cara, imaginarlos en el presente y pronunciar su nombre en voz baja; temblar cuando hace frío. 
Por extrañas razones todos esos pequeños hechos y detalles me producen una peculiar y agradable sensación de satisfacción. Son cosas superfluas sin sentido y en las que nadie se fija, pero yo sí. Me fijo en ellas y cuando las hago sé lo que espero de ellas. Sé que cuando me columpie como una chica pequeña hasta sentir un débil mareo y zumbido en las orejas y me bajé de un salto voy a sentir eso. "Eso" cuesta de describir. Me imagino que muchos de vosotros lo haréis cuando nadie os mire o sin que nadie se consciente, y me entenderéis. 
Pero yo y mi curiosa manía de querer definir y etiquetarlo todo. De preverlo todo antes de que atisbe algo en la esquina. Pero así soy yo y ahora mismo no me apetece cambiar. Quizás mañana o pasado mañana no me gustará dar vueltas con un vestido mientras danzan conmigo las faldas (¡cruzo los dedos para que jamás pase semejante cosa!) y querré cambiarlo por otra cosa. Pero por el momento estoy contenta conmigo misma y cambiar se me hace casi pesado. Yo soy, y mientras sea, estoy contenta. Probablemente lo que he dicho no tenga siquiera significado coherente, pero justamente ahora, me da igual. 

22 de octubre de 2011

Imperdonable por mi parte


Hacía tiempo que no escribía. Diez soles han iluminado el cielo desde entonces. No es mucho el tiempo transcurrido, pero para mi es casi una eternidad. No me acordaba del placer que me suponía, y aún supone, el sonido de las teclas al ser presionadas, ni el hecho de ver palabras aparecer en una palabra que antes era blanca. Blanca y pura. Y yo la lleno con mil palabras, mis palabras, mis ideas y pensamientos. Quizás pase de ser pura a impura, ¿pero que más me da a mi? Estoy ensuciando un color mientras limpio mi mente. Si comparamos yo gano, hay más blancos en este mundo, y muchos necesitan ser impuros.
He hecho correr el boli muy a menudo encima de papel. Pero eran palabras con significados académicos que para nada pueden procurarme una satisfacción. Ahora lo visualizo en mi mente, claramente: yo, tan cerca del papel que si me arrimara un poquito más la punta de mi nariz rozaría la suave textura del papel. Con útil en mano, una espada que brindo en el aire y que no dudo un solo segundo en usar. La hago bailar con movimientos extravagantes y enloquecidos hasta que yo o ella caemos rendidos. Es la espada de mi expresión. La que plasma todo lo abstracto que ronda en mi interior, la que me libera y me defiende, en muchas ocasiones de mi mente.
Por eso ella, que me conoce lo suficiente como para recorrerme entera en mi interior, me ruega que no deje a las motas de polvo posarse en ella. Que saque a relucir su hoja afilada y cortante. Que la deje cortar el aire con hermosas palabras literarias. Que no la deje nunca oxidarse a un lado y que a menudo se la exhiba al sol. Y se lo he prometido. Y yo nunca falto a mis promesas.

11 de octubre de 2011

No te subas nunca


Jamás en mi vida llorar me había resultado más amargo.Ni las lagrimas han corroído sobremanera mi mente ni tampoco la pena por la cuál he llorado ha sido más extraordinaria que nunca. De hecho, ha sido lo mismo de siempre. Esos bajones que me pillan desprevenida, como cuando una ráfaga de viento se cuela por debajo de tu ropa y un desagradable escalofrío recorre todo tu ser. Si ha sido más arduo ha sido por el mero hecho de compartirlo. Lo he compartido con él. Ese por el que albergaba incómodos sentimientos, falsos como espejismos. Si que fui una tonta. Y creía que la cosa no podía ir a más. Cuán equivocada estaba, y estoy.
Llorar delante de una pantalla es bastante patético. ¿Lo es más cuando hay, lo que llamamos, un amigo detrás enviándome virtualmente palabras con sentido aparente que pretenden animarme, aunque sea temporalmente? Soy más ingenua, de eso no cabe duda alguna. ¿Quién es tan necio de creer que con un par de días nace una amistad? Hablamos de una amistad con mayúsculas. Nadie, solo yo, esta yo.
Yo que soy un fardo de emociones y sentimientos que se enredan como los hilos de la lana, que en un principio lejano desconocido estaba todo ordenado. Pero ahora hay un desorden monumental en mi cabeza. Lloro y una montaña rusa me transporta por toda mi mente. Descubriéndome todos los recovecos oscuros que ni yo conocía. Las palabras de él, mi amigo, que luego no se acuerda de contestarme o que lo hace escuetamente, sus palabras aparentemente bañadas en luz me animan, pero durante unos pocos segundos. Hasta la nueva bajada de la atracción donde no dejo de cuestionarlo todo. Sobretodo su amistad.

9 de octubre de 2011

No puede estar pasando


Creo cada vez más que todo lo sucedido esta tarde es un gravísimo error. Debería haber ido a pasear sola en lugar de con él. Pasear parecía una cosa tan bonita e inocente. Ha sido inocente y tan bien muy bonito. Pero ha sido un duro golpe para mi mente inactiva. Ya no me acordaba de la incertidumbre que se siente cuando no sabes si esa relación es una simple amistad. Probablemente por su parte sea solo y tan solo eso. Lo que en verdad es y debería ser. Sin más. Pero ahora viene lo peor. Yo. Yo soy el problema. Y espero solo causar estragos en mi misma. No podría soportar ver como una amistad es como agua entre mis manos.
¿Por qué diablos tengo que querer mientras paseamos que nuestras manos se rocen? O ¿con que finalidad se me aparecen instantes en que nuestras caras están peligrosamente y tan deseablemente cerca? 
Mejor olvidamos todos esos porqués que probablemente me provocarían insomnio durante veladas enteras. No, gracias. Esto no puede ni debe asemejarse a ningún sentimiento de esa clase. En nuestra amistad no hay cabida para atracción, deseo, ternura, amor, besos, caricias. No me queda más remedio que decirme: Cierra los ojos y olvidale. Todos los segundos que no lo recuerdes serán segundos carentes de todo lo prohibido. Pero entonces el me habla y abro los ojos desmesuradamente. Soy una tonta rematada.

23 de agosto de 2011

¿Por que escribo?


Pienso un poco la respuesta, pero no sale sola. No lo entiendo. He estado escribiendo durante más de dos años y ahora los interrogantes me irritan y no les sé devolver lo que me piden. Nada más que una respuesta. Creo recordar que alguien dijo: "No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo". Se llamaba Oscar Wilde. Quizás sea que me salto la primera regla, aunque lo dudo, porque cuando leo y releo mis palabras, no me parecen para nada, huecas y carentes de significado. Entonces, ¿será que digo sin saber lo que digo? ¿O que las ansias de expresarme hacen que ni percate del mensaje que estoy emitiendo?
Sé que escribo porque necesito volcar mis pensamientos en algún lugar. Y que si me lo guardo todo para mi, tarde o temprano va a terminar por corroerme y quemarme. Hubo un tiempo, no muy lejano, en que todas mis emociones tenían forma de letras y palabras en un diario adolescente guardado y encadenado. Ahora mis sentimientos han pasado a ser virtuales. Pero vienen a ser lo mismo. Me es necesario un lugar donde reflejar mi mente y todo lo que ésta contenga. Visto que escasean las amistades verdaderas dispuestas a ensanchar su corazón, tender una mano y escuchar pacientemente; he tenido que buscarme mis alternativas. Creo que esa es la respuesta, un poco extraña, al porqué. Después de todo lo que he dicho hasta ahora, me he dado cuenta de que lo que tengo que decir es lo que hierve dentro de mi cabecita. Sí, seguro que es eso. 


22 de agosto de 2011

Vueltas interminables


Le di al botón negro y la luz blanquecina casi azul desapareció, aunque la bombilla candente aún resplandecía débilmente en la oscuridad. De repente mis brazos empezaron a ser una gran molestia. No sabía dónde ponerme, cómo o qué hacer. Antes de irme a dormir el reloj marcaba la una y media. Después de dar tantas vueltas en la cama no me extrañaría que fueran ya las dos. Hoy parecía como si las sábanas me repudiaran y los cojines se rebelaran en mi contra. No me querían, me echaban, y yo no quería estar con ellos. Yo quería estar con la hierba y el cielo encima mía en lugar de ver el techo blanco. Por momentos mi paciencia parecía abandonarme cruelmente. Ya no sabía ni en que posición me encontraba. Sé que lo vi todo al revés y que luego no paré de moverme. No era solo que el pijama me molestaba, también me molestaban mis pensamientos. No estaba cómoda con ellos.
Tomé varias decisiones. La primera incoherente, la siguiente contradictoria, la que hacía tres tonta y así una larga lista. ¿Con cuál me quedé? Con la primera, la más incoherente, la menos contradictoria y la que era un poco tonta. No puedo revelarlo aún, creo que es demasiado temprano y la idea necesita reposo, antes de poderla hacer definitiva. Quien sabe si esta noche será de nuevo analizada.
Espero de todo corazón que no. No estoy para dar más vueltas en esa maldita cama que tanto me hace reflexionar.

20 de agosto de 2011

Se desprendió de mí


Una pareja en remojo, besándose, ajenas a las olas y las miradas. Especialmente a la mía. Viendo como sus narices se acariciaban y milésimas después eran sus labios los que se rozaban, yo sentí que algo dentro de mi se desmoronaba. Igual que un castillo de arena azotado por incansables lenguas líquidas y espumosas. ¿Qué cayó? Esa sería una muy buena pregunta. Creo que cayó mi ilusión. Aunque no estoy del todo segura. Sólo sé que lo que hacía tanto tiempo que andaba buscando ha dejado de ser una referencia. 
Desde los nueve años que voy desesperada buscando una relación amorosa y romántica como la que tenían esa joven pareja. Una que nació de los libros y de las películas y que era inmune a la realidad y a las verdades que mis ojos presenciaban día tras día. Aun siendo yo consciente de que lo que buscaba era un ideal no me di por vencida. Poco a poco la falta de resultados hizo huella en mi. Hubo una época, que coincido con la pubertad,  en la que estuve con la autoestima a la altura de mis zapatos y otra en la que se elevó hasta mi cintura. Pero yo, testaruda, continué en su búsqueda. 
Sin embargo hoy, mi estrella del norte que me guía, ha caído al mar, y no voy a ser yo quien la vaya a sacar de las profundidades marinas. Demasiado mal me ha causado ya. 
Definitivamente no quiero un chico en mi vida. No es que no lo quiera, es que ahora me vale cualquiera. Puede hoy mi corazón estar con chicos que no vayan vestidos de azul, que no hayan salido de la pluma de nadie ni de ninguna pantalla. A pesar de lo segura y confusa que estoy ahora no sé que será hoy de mi. No sé si la noche va a ser misericordiosa o si los chicos van a dignarse a dirigirme una segunda mirada. No sé nada. 

15 de agosto de 2011

Noches de decisiones

Si alguien se metiera en mi mente cada noche, vería que las decisiones más importantes son tomadas entonces. Que las más aferradas discusiones conmigo misma son iluminadas por la luz tenue de las estrellas lejanas. Y que si las sábanas están todas arrugadas son por las muchas vueltas que doy, despierta y consciente, porque me pongo nerviosa de tanto pensar.
Ayer, después de escuchar a muchas canciones y de ver capítulos de mis series preferidas me fui a dormir. Bueno, en realidad fui a estirarme en la cama y ponerme cómoda para pensar, meditar, recordar o decidir. Raramente hago las cuatro cosas al mismo tiempo, de lo contrario me saturo y mi almohada se aprovecha de mi descuido con descaro dejándome con pensamientos a medias. Sienta mal, por eso dejé de hacerlo y me centro en una sola cosa. A la 1:10 mientras me cubría con una sábana fina me puse a decidir. A decidir como debería ser mi comportamiento para con el sexo masculino de ahora en adelante. Opinaréis que es una tontería de clase alta, pero era una cuestión a la que iba dando vueltas continuamente estos últimos días. Y sobretodo desde que el último chico que entró en mi vida salió.
¿Cuál fue mi veredicto? Que no volvería a enrojecer, que no volvería a quedarme sin palabras, que no me enamoraría torpemente sin remedio como una tonta. Subrayé que estaba prohibido dejarme impresionar y que toda compañía masculina debía ser una amistad. Y prohibí a mis ojos verlos como algo más: como labios que besar, pelo que alborotar (me encanta hacerlo) o corazones por amar.
Pero me permití escribir en letra pequeña. Y lo firmé. Decía así: Solo te enamoraras cuando no puedas evitarlo. Era una oferta más que aceptable. ¿No creeis?

10 de agosto de 2011

Me dejé embriagar

Hay gente en el porche de esa casa tan bonita. Está alejado de la actividad estresante de la ciudad y las estrellas lucen sus mejores vestidos pues no hay luces de neón ni nubes. Sonrío porque yo estoy allí, y pienso: "¡Qué suerte la mía!". Un hombre de unos cincuenta años toca una canción de Sabina con su guitarra española, otro hombre, mayor, canta la letra mientras las mujeres tararean emocionadas por los recuerdos.
-Y nos dieron las diez y las once, las doce y la una, y las dos y las tres. Y desnudos al amanecer nos encontró la luna.
Cuando el último acorde dejó de sonar en el aire, un joven, con su guitarra hizo sonar otro acorde. Una canción más reciente. Sólo un par de voces le pudieron acompañar. Mientras él se disponía a cambiar su guitarra por una de eléctrica, yo reparé en el perfume del aire. Al principio me llegó el olor a café y alcohol, pero cuando llegó a mi el olor a galán de noche dejé de percibir todo lo demás. La planta me embriagó con fuerza y yo no me resistí.
Por eso cuando la música volvió a ser protagonista, mi voz quiso acompañar al instrumento que ahora sonaba. Y es curioso que fueran estas palabras las que salieron de mi boca:
-¡Lánzate! Cada instante es único, no se repetirá. Y siento que el corazón ya no para de latir. Y dice que me lance. Que no piense en todo lo que vendrá. Que un lápiz nunca dibuja sin una mano. (Traducción de "Llença't - Lax'n'busto")
Y mientras decía eso las comisuras de mis labios se curvaron en una feliz sonrisa. Mis ojos encontraron los de mi primo, que tocaba casi de memoria. Y si eso fuera posible, sonreí más.



3 de agosto de 2011

Lo que el viento me trae

No se si lo habéis notado. Quizás sea que solo me ha afectado a mí. Ha cambiado el tiempo o el tiempo me ha cambiado a mí. Ahora eso es irrelevante. La cuestión es que por fin ha llegado el esperado cambio. Me imagino que no os ha pasado por alto que estos últimos días he estado un poco abatida. Y todas mis palabras os han dejado entrever mi historia. ¿Os acordáis que él me dijo que le olvidara? ¿Y que yo dije que no podría? Pues me mentí a mi misma. Puedo y lo he hecho.
Hoy cuando me he despertado un retazo de él me ha acariciado la piel. Y le he contestado feliz:
-Olvidarte.No sabes lo fácil que ha resultado. Tres o cuatro días de voluntad y...Perdona, ¿Me repites tu nombre? - Me he reído a carcajada limpia.
Su rastro aún insistente me ha refrescado la memoria con recuerdos agradables y le he sonreído. Porque eso paso y yo no le he olvidado. No puedo olvidar mi vida, eso lo se. Pero si puedo caminar adelante como si nada y lucir mi más bella sonrisa. Porque no puedo recibir las nuevas experiencias con lágrimas en los ojos. Ni que ellas tuvieran la culpa.

1 de agosto de 2011

Uno de mis estados odiosos

Me siento desmotivada. Muy pero que muy vacía. Es como si me hubieran quitado todo lo que alberga mi interior y me hubiesen dejado aire dentro por misericordia. Mi mente es, ahora, inservible. Me cuesta pensar y si lo hago no es de manera clara. Las ideas se confunden y paso de estar desmotivada a deprimirme. Es un estado peculiar, el mio.
Miro la pantalla del ordenador con la mirada perdida y sin verme puedo decir que mi rostro se acerca a la frialdad del mármol. Entro en el chat y echo un vistazo a los contactos conectados. Veo nombres que significan una existencia, llena de más gente, de relaciones íntimas y superfluas, de palabras profundas y disparates. Lleno de vida. Pero a mis ojos apesadumbrados no significan más que un nombre. Hago memoria y sé que miento. Porque si que tienen que ver conmigo, algunos. Algunos son amigos míos o amigos a medias, me contento con la palabra "compañeros". Hay personas a mi alrededor pero en verdad es como si estuviera sola. A veces la gente que está contigo te hace sentir más solitario que si estuvieras cerrado en una habitación aislada.
Soy consciente de que estoy alicaída y que va a peor y sé lo que va a pasar y las consecuencias que tendrá y...¡todo! Lo sé todo. Porque no es la primera vez que me siento así y tampoco será la última. Me conozco demasiado bien como para saber que soy así de frágil. Me maldigo por ser tan sumamente previsible y ni aún así ser capaz de mermar mi tristeza sin origen. Pero una vez que yo misma he quedado encerrada dentro de esa burbuja pegajosa mi voluntad queda reducida y anulada. Debo, por eso, poner todas mis esperanzas en el tiempo y en mi misma. Y pensar que uno de los dos pronto reventará esa pompa neutralizadora.

29 de julio de 2011

Recuerdos con sabor a lluvia

No puedo creer que hoy aún sea hoy.
Su mano rozándome parece un suspiro del pasado. Y su brazo rodeando mi cintura un suave recuerdo que mi corazón quiere que olvide. Pero todo lo bello se empeña en permanecer vivo en la memoria. Y cada vez que mi mente, jugándome una mala pasada, me evoca esos dulces momentos, mi corazón da un vuelco. Siento como si el hueco que ocupa siempre queda vacante por unos segundos. Me siento igual que cuando yo le abracé y el me besó en el cuello. Fue algo extraño. No llegué a sentir del todo sus labios contra mi piel. Pelo de por medio y demasiados sentimientos que me estorbaban. Como una nube de moscas que te ronda.
Todo esto es muy bonito. Ni me atrevo a negármelo. Pero no quiero sufrir más de lo estrictamente necesario. Él ya me ha dado mi ración de dolor. No sé si él es consciente de eso. Pero me la ha dado. Y nadie me la va a arrebatar. Quiero comerme mi dolor, mis lágrimas y mis sonrisas amargas cuanto antes mejor. Aunque no me veo capaz de borrar de mi mente esas lindas caricias a mi corazón, muy a pesar de que sean falsas ilusiones y esperanzas rotas.
"Cuando ya no sientas nada, podremos conocernos mejor"
Pero es que no sé si quiero tomarme la molestia de que tu me conozcas. Poca gente me conoce tal y como realmente soy. Pocos son los que se han tomado la molestia de profundizar en mí. ¿Lo harías tu? Por alguna razón lo dudo. Además, ¿quien me garantiza a mí, que una vez hayas llegado al fondo de mi mar te gusté lo que ves allí abajo? Nadie. Y tu lo sabes.

She's broken.
He's O.K.

26 de julio de 2011

Como una tonta

-Entonces, ¿por qué me dijiste todas esas cosas que me dijiste?
-Porque aún era la primera impresión.
Y en ese momento mis cándidas ideas de vidrio se agrietan.
-¿Qué sientes por mi? - continúa.
-¿Quieres que sea sincera?
-Por favor...
-Me gustas. Sé que hace muy poco tiempo que te conozco. Pero no puedo hacer nada. Ya ves. 
-Mmm... -Un murmuro, capaz de hacer que mi respiración se pare. Uno que no presagia sol. Más bien lluvia.
-...Ahora todo va a cambiar, ¿verdad? - No contesta a mi pregunta - No debería habértelo dicho. No debería. 
-No pasa nada.
-¿Y de ahora en adelante qué?
-Mira, es demasiado pronto. Nos hemos visto un par de veces pero realmente no nos conocemos.
-Ahora estaré más de un mes sin verte. Tiempo suficiente para que mis sentimientos se enfríen - me duele decir eso, pero continúo - Cuando regrese, ya estaré resfriada del todo. Y podremos ser amigos- "mentira", pienso, pero me lo guardo para mis oscurísimos adentros.
-Sí, muchísimo mejor.

Todavía no asimilo todo cuanto me ha dicho. No se si realmente quiero hacerlo. Porque se que en el mismísimo instante en que lo haga todo cuando yo pensaba se hará añicos y nadie va ayudarme a recoger los pedacitos que queden. Cuando esto suceda, que va a ser muy pronto, yo recogeré los cristales. Uno por uno. Y cada arista va a abrirme una nueva herida. Que no cesará de sangrar hasta que el tiempo se apiade de mí.

20 de julio de 2011

Sentimientos a la vista!!

Se que los diálogos en internet no son ni la mitad de mágicos y naturales que la vida real. Cara a cara. Lo sé, pero cuando no se puede no se puede. Aún así él me ha dicho las cosas más bonitas que jamás me han dicho. Y no sonó forzado. Me hago a la idea de que muchas cosas de las que me dijo no las ha inventado él pero eso no me preocupa. Me basta con que lo diga de corazón. 
-Buenas noches, preciosa.
-Buenas noches. Duerme bien.
-Sueña con los ángeles.
-Lo intentaré. También tú sueña con ellos.
-Yo no. Yo soñaré contigo. Porque eres un ángel. 
Lo sé, lo sé. Puede ser muy cursi visto desde fuera. Pero creo que anoche, mientras yo en lugar de soñar con los ángeles soñaba con él, alguien me ató un velo tupido y rosado y ya no veo las cosas claras.
Esta mañana me he despertado con su recuerdo y una sonrisa en la cara que aún conservo. De echo se me ha ensanchado desde que he vuelto a hablar con él. Y ahora solo suspiro por otro momento más. No puedo esperar a verle otro día. 

Pido perdón por esta entrada tan poco común. Creo que es por esta extraña sensación que hierve en mí. Pido paciencia y que os guste ni que sea un poco la entrada :)

18 de julio de 2011

I'm back to stay

Han sido tres semanas de desconectar completamente de todo y de concentrarse en reír hasta que te duela la barriga. Y me han puntuado bastante bien! He reído como nunca, me he divertido y he compartido silencios cómodos.
Pero ahora debo volver y echar de menos aquello que hace tres semanas no sabía que existía. Lo echo todo de menos. Ni siquiera el mal tiempo se salva. Aunque si que aprecio el calor. :)
Aprovechando esta extraña entrada os hago un poco de publicidad. Tengo otros dos blogs.
Uno literario: un libro entre mis manos
Y otro abstracto: se llama just have a little patience.
¿Os acordáis de las entradas: necesito tiempo, en medio de la oscuridad, frustración y ten paciencia ? Pues esas entradas son las cuatro primeras de ese blog. ¿La diferencia entre este y el otro? Realmente no lo sé. Yo noto que escribo de maneras distintas pero no sé decir en qué. Además debo deciros que este nuevo blog está y estará basado en canciones. Y cuando termine una canción empezaré una nueva. ¿Qué os parece? Por favor decidme que opináis.

26 de junio de 2011

See you soon!

Hi my friends!

Me sabe muy mal deciros que me voy pero al mismo tiempo no quepo de alegría en mí misma. Este domingo me voy de viaje a Inglaterra. Para no volver hasta el 17 de julio. Eso significa que el contenido del blog bajará drásticamente. Voy a dejar entradas programadas para que no os sintáis tan vacíos. Crucemos los dedos para que la tecnología de Blogger funcione de maravilla.
No me echéis mucho de menos. :)

Un beso a todos, y hasta pronto!

20 de junio de 2011

Amar al vacío

Estoy enamorada de alguien que no conozco. Alguien que nunca he visto y del cual ni siquiera se su nombre. Todavía no sé quien es mi amado. Le quiero y le querré cuando al fin le encuentre. Se podría decir que estoy enamorada de un espejismo. Porque él, como tal no existe.
Por ahora no hago más que recordarlo; más bien imaginarlo. Imagino sus ojos que me mira con fijeza. Mi nariz anhela poder oler el aroma de su cuerpo. Fantaseo con los momentos que compartiremos algún día y sueño con sus dulces labios que me besan con cuidado.
Llegará el día en que nos reunamos y ya no tendré que juguetear con los fragmentos de vida que yo creé. No me será necesario pues los crearemos entre los dos, mano a mano, y será verdadero.
Soy consciente de lo irreal que puede parecer estar enamorada de nadie. Es como una paradoja. Pero nunca nadie dijo que la vida fuese real o lógica.

12 de junio de 2011

Nervios

-¡Corre!
Así lo hice. Pues me había dejado una cosa en casa. Cuando ya lo tuve todo regresé a la misma velocidad al coche.
-¡Arranca! - dije yo.
Una vez que llegué al edificio rojizo los nervios no se fueron con mi madre, si no que decidieron hacerme compañía cuanto rato hiciera necesario. No era preciso que fuesen tan atentos, pero ellos no atendían a razones.  Casi desesperada miré por encima de toda aquella gente para reconocer una cara amiga. Nos reunimos todos al cabo de unos minutos. ¿Tema de conversación? Además de nuestra inquietud; hablamos de lo inminente, lo que nos esperaba tras esos muros. Finalmente se abrieron las puertas y entramos en tropel silenciosamente.
Ya nos conocíamos el lugar y sabía lo ruinoso que era, pero esa vez tenía mucho más tiempo a mi disposición con lo cuál me fijé el doble en los detalles.
Una clase. Veintitrés mesas con un nombre asignado a cada una. Mi lugar estaba en la tercera fila ( de cinco) cerca de la ventana. Explicaciones que ya sabíamos de antemano. Una hoja de estadísticas y luego: lo más temido. El examen.
Terminé deprisa. Me atrevería a decir que la primera o la segunda, sumo la tercera. Me quedaba tiempo por delante. Puse la vista en el techo. Daba la impresión de que iba a caer encima de una. El techo no estaba recubierto por nada. Veíamos directamente el cemento y los ladrillos. Algunos rotos y otros agujereados. Muchos tenían un cordel de alambre que parecía sostenerlo. Las cañerías no llegaban a verse, pero sí los cables de los fluorescentes. En las esquinas había una pasta amarilla porosa que mejor no digo a que me recordaba.
Cinco horas más tarde.
Suspiros por todos lados. Alivios. Comentamos cada parte sin saltarnos ningún detalle, pusimos en común opiniones y manifestamos nuestras esperanzas. ¿Que cuáles eran las mías? Al principio debo admitir que mi ánimo era bastante pesimista, pero al final, después de traspasar la puerta me dije a mi misma que lo había hecho bastante bien. Estoy convencida de que aprobé. Dentro de un mes os diré que nota saqué. Mucha espera, lo sé. Pero ahora ya me he quitado el examen de encima.

23 de marzo de 2011

El miedo

Abrí la cajita y de ella salió una nube cuál carbón, cándida que fui al pensar que sus intenciones no serían del mismo color. El humo avanzó, lejos de mí y de mi control. Igualmente, si hubiera estado a mi alcance mi dominio sobre él hubiera sido poco más que insuficiente.
Entonces la vi. Entre los árboles, indefensa, incauta. Realmente la incauta era yo. Dejar que eso se fuera era descerebrado, ella no tenía culpa alguna de mi insensatez. Y eso avanzó más y más. Ella lo vio. Sus pupilas se dilataron: de terror. La nube hizo tentativas de atacarla, la cercó y luego extendió un brazo hacia ella. Ella se escondió detrás de un árbol.
Yo grité y el brazo se alejó. La masa le dejó margen. Yo corrí hacia el humo para ahuyentarlo y lo conseguí. Me encontré con su mirada aterrada y solo fui capaz de susurrar:
-Lo siento.
Corrí detrás del Miedo y tras debatir largo rato lo metí en la cajita y juré que en mi vida pasaría algo igual.
Me alejé del bosque a paso muy ligero. Pobre muchacha, pensé. Y deseé con todas mis fuerzas no volver a verla nunca.

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