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10 de diciembre de 2011

Debería ser otra yo


Yo nací en el lugar equivocado y muchos años después de lo que debería. No sé si debería culpar a todos los libros románticos de esa época que he leído y que tanto adoro. Quizás sean ellos los que me han inculcado ideas que difieren de las que tienen todos los demás. A mi no me importaría casarme y dedicar mi vida a mis retoños. Ni tener que asistir a bailes y cenas vistiendo elegantemente inclinándome ante mis anfitriones. Siento que debería haber sido contemporánea de Jane Austen y de muchos más. Que España no debería ser mi tierra, sino más bien, la lluviosa Inglaterra. 
Porqué me gustan esos diálogos refinados y enrevesados. En los que, con un lenguaje cuidado se puede ofender a una dama o insultar a un caballero. Me gusta más el escenario rural que no el urbano que caracteriza el siglo veintiuno. Que una de mis preocupaciones principales fuera mi vida social no supondría ningún problema, ni tampoco tener que esmerarme en atraer a cierto caballero que pudiera ser mi futuro marido. Ciertamente, más que un problema sería un deleite para mí. 
Sería dichosa si pudiera verme a mi misma dando vueltas grácil y delicada en una ballroom ataviada con un bello y largo vestido mientras mi pareja me sonríe de manera cordial, con una mano en mi cintura y otra cogida de la mía. Y el sonido de un violín acompañando nuestros pasos no haría otra cosa que sacarme una dulce sonrisa. 

23 de agosto de 2011

¿Por que escribo?


Pienso un poco la respuesta, pero no sale sola. No lo entiendo. He estado escribiendo durante más de dos años y ahora los interrogantes me irritan y no les sé devolver lo que me piden. Nada más que una respuesta. Creo recordar que alguien dijo: "No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo". Se llamaba Oscar Wilde. Quizás sea que me salto la primera regla, aunque lo dudo, porque cuando leo y releo mis palabras, no me parecen para nada, huecas y carentes de significado. Entonces, ¿será que digo sin saber lo que digo? ¿O que las ansias de expresarme hacen que ni percate del mensaje que estoy emitiendo?
Sé que escribo porque necesito volcar mis pensamientos en algún lugar. Y que si me lo guardo todo para mi, tarde o temprano va a terminar por corroerme y quemarme. Hubo un tiempo, no muy lejano, en que todas mis emociones tenían forma de letras y palabras en un diario adolescente guardado y encadenado. Ahora mis sentimientos han pasado a ser virtuales. Pero vienen a ser lo mismo. Me es necesario un lugar donde reflejar mi mente y todo lo que ésta contenga. Visto que escasean las amistades verdaderas dispuestas a ensanchar su corazón, tender una mano y escuchar pacientemente; he tenido que buscarme mis alternativas. Creo que esa es la respuesta, un poco extraña, al porqué. Después de todo lo que he dicho hasta ahora, me he dado cuenta de que lo que tengo que decir es lo que hierve dentro de mi cabecita. Sí, seguro que es eso. 


15 de agosto de 2011

Noches de decisiones

Si alguien se metiera en mi mente cada noche, vería que las decisiones más importantes son tomadas entonces. Que las más aferradas discusiones conmigo misma son iluminadas por la luz tenue de las estrellas lejanas. Y que si las sábanas están todas arrugadas son por las muchas vueltas que doy, despierta y consciente, porque me pongo nerviosa de tanto pensar.
Ayer, después de escuchar a muchas canciones y de ver capítulos de mis series preferidas me fui a dormir. Bueno, en realidad fui a estirarme en la cama y ponerme cómoda para pensar, meditar, recordar o decidir. Raramente hago las cuatro cosas al mismo tiempo, de lo contrario me saturo y mi almohada se aprovecha de mi descuido con descaro dejándome con pensamientos a medias. Sienta mal, por eso dejé de hacerlo y me centro en una sola cosa. A la 1:10 mientras me cubría con una sábana fina me puse a decidir. A decidir como debería ser mi comportamiento para con el sexo masculino de ahora en adelante. Opinaréis que es una tontería de clase alta, pero era una cuestión a la que iba dando vueltas continuamente estos últimos días. Y sobretodo desde que el último chico que entró en mi vida salió.
¿Cuál fue mi veredicto? Que no volvería a enrojecer, que no volvería a quedarme sin palabras, que no me enamoraría torpemente sin remedio como una tonta. Subrayé que estaba prohibido dejarme impresionar y que toda compañía masculina debía ser una amistad. Y prohibí a mis ojos verlos como algo más: como labios que besar, pelo que alborotar (me encanta hacerlo) o corazones por amar.
Pero me permití escribir en letra pequeña. Y lo firmé. Decía así: Solo te enamoraras cuando no puedas evitarlo. Era una oferta más que aceptable. ¿No creeis?

23 de junio de 2011

Desmentirme

A menudo me descubro a mi misma estando ensimismada mientras, distraída, pienso en el amor. Debo confesar que nunca he tenido mi propia historia rosa perfecta. Ni tan solo semi-perfecta. O con un toque mágico. Huelga decir que no es por mi falta de voluntad. Me veo obligada a decir que estoy poco más que deseosa de escribir mi cuento de hadas verdadero. Pero siempre esta ese "pero", esa maldita conjunción, ese obstáculo que parece insalvable. Me falta él.
Me pregunto si de verdad existirán esos chicos de las novelas y películas. Me atrevo a decir que si, pues alguien tuvo que inspirarse basándose en lo real. Pero si existen ¿dónde están esos caballeros? ¿Acaso se han escondido esos chicos detallista? O ¿se han extinguido los románticos?
Ya no quedan hombres que estén a la altura como para poder soltar esas frases que son capaces de hacer brillar los ojos de una. No los hay. Se han agotado. Y yo me quedaré sin tinta para escribir mi cuento con final feliz.
Que alguien me diga que todo cuanto he dicho es falso.

12 de junio de 2011

Nervios

-¡Corre!
Así lo hice. Pues me había dejado una cosa en casa. Cuando ya lo tuve todo regresé a la misma velocidad al coche.
-¡Arranca! - dije yo.
Una vez que llegué al edificio rojizo los nervios no se fueron con mi madre, si no que decidieron hacerme compañía cuanto rato hiciera necesario. No era preciso que fuesen tan atentos, pero ellos no atendían a razones.  Casi desesperada miré por encima de toda aquella gente para reconocer una cara amiga. Nos reunimos todos al cabo de unos minutos. ¿Tema de conversación? Además de nuestra inquietud; hablamos de lo inminente, lo que nos esperaba tras esos muros. Finalmente se abrieron las puertas y entramos en tropel silenciosamente.
Ya nos conocíamos el lugar y sabía lo ruinoso que era, pero esa vez tenía mucho más tiempo a mi disposición con lo cuál me fijé el doble en los detalles.
Una clase. Veintitrés mesas con un nombre asignado a cada una. Mi lugar estaba en la tercera fila ( de cinco) cerca de la ventana. Explicaciones que ya sabíamos de antemano. Una hoja de estadísticas y luego: lo más temido. El examen.
Terminé deprisa. Me atrevería a decir que la primera o la segunda, sumo la tercera. Me quedaba tiempo por delante. Puse la vista en el techo. Daba la impresión de que iba a caer encima de una. El techo no estaba recubierto por nada. Veíamos directamente el cemento y los ladrillos. Algunos rotos y otros agujereados. Muchos tenían un cordel de alambre que parecía sostenerlo. Las cañerías no llegaban a verse, pero sí los cables de los fluorescentes. En las esquinas había una pasta amarilla porosa que mejor no digo a que me recordaba.
Cinco horas más tarde.
Suspiros por todos lados. Alivios. Comentamos cada parte sin saltarnos ningún detalle, pusimos en común opiniones y manifestamos nuestras esperanzas. ¿Que cuáles eran las mías? Al principio debo admitir que mi ánimo era bastante pesimista, pero al final, después de traspasar la puerta me dije a mi misma que lo había hecho bastante bien. Estoy convencida de que aprobé. Dentro de un mes os diré que nota saqué. Mucha espera, lo sé. Pero ahora ya me he quitado el examen de encima.

19 de marzo de 2011

Un lío mental

No sé lo que quiero. Tampoco tengo claro lo que no quiero. Simplemente me limito a querer, aún sin saber el que.
En este preciso instante mi corazón no siente, no está entretenido con el amor, ni con el deseo, ni con la esperanza. Está vacío. No debería estarlo. Porque yo, en conjunto, me siento vacía. En algunos momentos puntuales entran algunas gotitas de sangre y lo llenan. Pero se evaporan antes de que tenga constancia de ellas. Es rápido; demasiado.
Antes estaba enamorada y me sentía vacía por su ausencia. Hoy ya no le quiero, ya no le necesito. Pero tampoco quiero a otro ni tampoco necesito a nadie. Y eso, en parte, me hiere.
Veo a mis amigas que arden de deseo; que consumen su amor en una relación; o que suspiran por hacerlo. ¿Que hago yo mientras? Me limito a mi rutina. Pero si que en mis momentos de debilidad, en los cuáles me siento más vacía que nunca y que ni siquiera el oxígeno me llena, suspiro por amar y por encima de todo ser amada. Pero suspirar no arregla nada.
No quiero ser un borrego y seguir a la manada, tampoco la moda va a ser mi guía, ni un patrón definido. Para algo tengo piernas y una mente: para crear mi camino y con mis manos moldearlo. Por eso me empeño en no querer ser como los demás o hacer lo que hacen otros. Aunque eso despierte la envidia.
Sé que mientras esté vacía, esa envidia queda anulada. Y que a pesar de llenarme, gota a gota, con empeño lograré dominar mi envidia. No me preocupa la envidia. Lo que más me preocupan son un par de palabras. Que se reducen a esto: querer, ser querido, lleno, vacío.

9 de febrero de 2011

Dudas

Hará unos meses, quizás medio año, quizás más, tenía claras las ideas. Ideas acerca del amor. Eran opiniones jóvenes, medias realidades y era consciente de eso. En esa época me gustaba un chico, ahora uso el verbo gustar porque es el correcto, entonces me permití usar la palabra amor. ¡Ingenua! De todas formas, fuese lo que fuese, duró bastante, pese a no ser correspondido. Año y medio para ser precisos. Demasiado, desde mi punto de vista, tiempo perdido en vano. Ningún provecho, salvo la experiencia. O puede que ni eso.
El caso es que una vez que dejó de gustarme, desde ese momento hasta el presente ningún otro chico ha vuelto a ocupar mi mente o mi corazón. Ni uno solo. ¿Que sentimiento provoca eso? Nada. ¿Es normal? No lo sé, yo no tengo la respuesta a tal pregunta ni creo ser tan sabia en mi vida para poderlo saber. El amor es la cosa más incierta, más abstracta y más relativa que jamás tengo previsto ver en mi vida.
Un hecho que nada tiene que ver, aparentemente, con todo esto es que últimamente me gusta mucho un grupo de música llamado Westlife. Lo que suelen cantar son baladas románticas. Casi todas desde el punto de vista del chico. Lógico. De las que más escucho ni una parece ser él el que termina con la relación. Ni tampoco el que más recibe, es el que más da. ¿El motivo por lo cuál explico esto? A pesar de escuchar Westlife y sus baladas, y ver centenares de películas de amor y esas cosas, estoy empezando a dudar seriamente de él. Lo repetiré por si no se entiende: dudo del amor. Es increíble ver escritas estas palabras o oírlas dentro mi cabeza. Yo, que defendía el amor por encima de muchas cosas. Yo, quien soñaba con tener el chico azul para mi, locamente enamorado por mi. Yo, que me hacía mil y una fantasías del mismo tipo.
¡Si, yo!
Dudo de volver a enamorarme, de que un chico se enamore de mi, e incluso dudo de que los hombres puedan enamorarse. Sé que es una estupidez y que no me faltan pruebas. Pero no me convencen. Por alguna extraña razón todo esto se me escapa. Es como si la experiencia en lugar de darme conocimientos, me los arrebatara.
Aún así, a pesar de la duda que tengo acerca del amor, sé que todavía hay esperanzas en mi. Y que una parte de mí, se sienta en el alfeizar de la ventana, con las persianas abiertas esperando a que venga un rayo de sol que ilumine todo: las dudas, las preguntas, las afirmaciones que nadie corroboró y espero que otro rayo me traiga el amor.

8 de julio de 2010

Carta de amor y desamor

Querido Lucas,

Te envío esta carta porque ya no puedo más, esta temporada ha sido un suplicio. He pensado tantos argumentos para disuadirme, pero todos eran insignificantes... No tiene sentido que te esconda nada; ahora ya no. Intentaré ser franca i directa, pero ten compasión de mí, estas cualidades no están en mi cuando tengo una confusión tan grande en la cabeza.

Podríamos empezar por el principio, pero ni yo misma se cuando empezó este alboroto dentro de mí. Solo sé que un buen día no veía a otro chico que no fueses tú. Tú y únicamente tú atraías mi mirada, y muy pronto pasaste a ser el centro de mis pensamientos.

Después eras como un imán, todo lo que estuviera relacionado contigo me atraía como si yo fuera la abeja y tú la miel. Todo era gris si tu no estabas, y cuando estabas parecía que en el cielo había dos Soles. Ya no me esforzaba por gustar a todo el mundo, mi único objetivo eras tú. Los colores me subían por las mejillas con una facilidad impresionante. Y era doblemente capaz de parecer una completa estúpida.

¿Son estos los síntomas del amor? Y aunque a si fuera, ¿Quiere decir que esté enamorada? Hay gente que dice que hasta una cierta edad no se puede estar enamorado, que todo lo que sucede antes es atracción o una leve inclinación. No pienso hacer caso a la gente que dice esto, porque no me importa lo que puedan pensar sobre el amor. Yo sé, o intento saber lo que siento y es esto:

Te quiero.

Lo tenía que decir. O explotaba. No sabes lo que es irte a dormir sin poder explicar a nadie lo que te pasa por la cabeza. Es que no puedo decírselo a nadie que no seas tú. Porque esto es solo cosa nuestra. Dime tu si no, ¿A quién más le podría importar lo que sentimos? ¿Y lo que siento yo?

Probablemente todo lo que yo te estoy diciendo no te sorprenderá. Pues me imagino que mis sentimientos son poco más que evidentes. Aunque cabe la posibilidad de que estuvieras ciego, y que todas esas pequeñas y sutiles señales te pasaran desapercibidas.
Quiero que tengas clara una cosa. No espero respuesta. Sé que en ningún momento he formulado una pregunta, pero yo me refería a que no quiero ver una carta tuya en mi buzón. Hazme este favor, solo te pido eso. No contestes. Pues aunque nadie vaya a ver la misiva, solo leerla me causaría una vergüenza y una turbación exacerbada.
Otro motivo por el cual no quiero una contestación, es porque ya se tu respuesta. Es obvio que no te gusto, que no me quieres, que no me amas y tampoco me deseas.
Pero si de alguna manera algún día tus sentimientos cambian, y corresponden con los míos, házmelo saber. Estoy segura de que mis sentimientos, mis deseos y mi afecto no habrán cambiado
A pesar de que nuestros sentimientos no coincidan, acabar con toda relación me parece una estupidez. Dejando a un lado que somos amigos, no creo que esta carta sea motivo suficiente como para destruir una relación de repente. Propongo continuar como si nada, e incluso intentar que nuestra amistad vaya a más. Si te preocupa que mis sentimientos se metan de por medio, no temas. Se controlarme, y lo máximo que puede pasarme es que un ligero rubor cubra mis mejillas

Sinceramente y de todo corazón.

Valeria

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Esta carta la escribí el més de Abril y la presenté en un concurso de literatura en el instituto. Quedé primera de entre tres categorias que habia: poesia, narrativa y cartas.

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