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30 de enero de 2011

Hoy es 30 de enero de 2011

Hoy hará quince años que en un hospital tuvo lugar un nacimiento a las 14:00. Hace quince años que mi corazón empezó a latir, por suerte, todavía no ha parado y espero que esté así mucho más tiempo. Mi familia me mostró fotos de recién nacida en las que salía roja como un tomate. Tenía el pelo de color azabache, igual que ahora, y curiosamente tenía flequillo. Los ojos quizás fueran marrones o quizás eran verdes como los tengo ahora. Una cosa que siempre me hizo mucha gracia es que me decían que parecía un esquimal. Con los ojos achinados y esos cabellos negros... Esa era yo hace quince años.
Luego fui creciendo, cada día un poco más. Cada situación me hacía crecer como persona en diferentes maneras, las personas de mi alrededor eran las que más moldearon mi carácter para darle la forma que tiene hoy. Todo lo que estaba en mi mundo, de un modo u otro me enriquecía y me hacía madurar. Todos los cambios que mi vida tuvo me dejaron una huella, una huella más para añadir a mi colección. Mis decisiones formaban mi futuro, incluso aquellas que no tomaba yo.
Si, hoy es mi aniversario. Por el momento solo he tenido 15 aniversarios. Pero más me valdrá tener más. Los cumpleaños son fechas de ilusión. Evidentemente, yo estoy ilusionada. No por los regalos, ¡claro!, sino por otra cosa que me cuesta describir. Pero ¿que falta hace si todos sabéis a que me refiero?

16 de diciembre de 2010

Domingo 17 de Octubre de 2010

Si fuese mi padre quien escribiera esto diría: "Por fin el gran día, solo 42 km". Y mientras lo dijera reiría con su habitual naturalidad. Mi padre de cincuentaicinco años se caracteriza por tener un carácter jovial, bromista y decir muchas tonterías sin ton ni son. Pero cuando digo sin ton ni son me refiero a que te viene tan tranquilo y sin que te lo esperes te da en la barriga (suave) como si quisiera hacer Kung Fu. Y además die "Wan Chú" como si de verdad lo estuviera haciendo. Puede que mi padre no parezca por la forma de ser un hombre de su edad convencional pero me gusta que no sea como debería y tampoco puedo decir que es diferente a los otros padres porque no se como son todos esos padres. Yo sé del mío y le quiero.
Este padre se fue a las siete u ocho hacía el Olympic Stadium. Pero ni fue andando ni fue solo. John le llevó en bici. Pero no era una bici corriente. Era una bici que delante donde tendria que ir la rueda hay un canasto para sentarse los niños y debajo de este la rueda y mi padre estaba sentadito ahí.
Después de desayunar a una hora más tardía,las nueve o eso, fuimos al Vondelpark donde se hallaba el quilómetro 40. Tras una hora de ver pasar corredores de todo tipo y edades, fialmente llegó. Y al saludarle nos soltó su frase más célebre:
-¡Hay que atacar!
Digo célebre porque donde él vive cuando corre lo va diciendo a los otros atletas para animarles. Hay que atacar equivale a un simple Vamos.
Más tarde fuimos a comer y poco más tarde llegó el maratoniano. Nos dijo que había hecho 3:35:42. Y para aquellos que no entendais, está bastante bien. Y tened en cuenta su edad y que las mejores marcas las hizo a los 47 años.
Descansado mi padre y sus pies a las cinco lo saque a pasear. Adivinad que parque atravesamos. Dudo que hagais fallado, efectivamente era el Vondelpark. Fuimos a Leidseplein i luego al Centrum donde merendamos divinamente en la Croissanterie-C'est Magnifique. De regreso pasamos por una cadena de supermercados bastante conocida: Albert Heijn. Compramos varias cosas para cenar y nos pusimos a andar. Como des de las cinco no había ido al baño a las ocho mi vejiga me estaba matando. Y ya me teneis a mi andando a pasos agigantados por la necesidad. Implorando rapidez a mi padre y suspirando por un lababo. Por el camino mi madre me llamó para saber notícias mías. Pero la suerte no le sonrió pues mis ojos vieron el paraiso y le dije adiós en pocas palabras pasando el parte de que estaba bien. Como muy bien comprendereis yo había visto un lavabo público y mi alegría me superaba. Vacía y ligera, llegamos y cenamos y siguiendo la tradición vimos un documental.

30 de agosto de 2010

Domingo 18 de Julio de 2010

Esa mañana no fue una gran cosa, fuimos a un pueblo llamado Nafta.
Lo que si fue una gran cosa fue la tarde: ibamos en Jeep 4x4.

A las cuatro cojimos los coches. Casi todo el grupo elijio esa actividad, era opcional. Mi família (de 4 personas) y otra chica llegamos un poco despistados y tarde, por lo que afortunadamente nos pusieron en el Jeep "Jefe".
Después de diez minutos de ir por la carretera dejamos de ver tráfico. Y poco a poco el paisaje iba desapareciendo. Primero era un paisaje tipicamente seco: matorrales, rocas y hierba dispersa. Y a medida que ibamos avanzando la cosa más se reducia. Matorrales y rocas. Solo rocas. Ya ni rocas, solo polvo y arena. Era muy raro mirar a ambos lados y no ver nada en kilómetros. Nada. Bueno, como consuelo teniamos a la derecha unas montañas. No más de 2.000 metros de altura.
Luego la carretera giró hacia las montañas y al estar ahí serpenteaba todo el rato. Y sin darnos cuenta apenas tuvimos el Atlas a nuestro lado. El final del Atlas. Pero el Atlas. Imponente cordillera que va desde Marruecos atraviesa Argelia y acaba en Túnez.
Paramos en unos tenderetes al pie de las montañas. De ahí nacia una cascada. La Gran Cascada. A pesar de que nosotros no la llamariamos así comparandola con otras cascadas de la Península.
Volvimos por la misma carretera hasta llegar a Chübika. Un hombre que se hacía llamar "bereber" nos guio. Digo eso porque ya no quedan bereberes. Son descendientes lejanos de la antigua tribu. Ahora ya no existen.
Subimos a un pequeño monte por una escala escarpada. Fatigaba tanto que una chica se desmayó por la calor y el cansancio. Y lo que vimos al llegar ahí arriba era alucinante.
La palabra inglesa breathtaking describe a la perfección nuestra reacción. Nos cortó la respiración. ¿Saben el vacío del que les hablé que teniamos a ambos lados de la carretera? Peor; más acentuado. Porque desde ahí arriba podiamos ver ese vacío. Esa nada. Cuesta de describir si nunca se ha visto. Porque en España eso no se ve. Siempre hay algo con que llenar la vista. Un arbol, un pueblo a lo lejos, coches, edificios... Ahí: nada más que rocas. Veíamos como en muchísimos km no habia nada ni nadie. Si te perdias allí nadie te iba a encontrar ni por casualidad.
Bajamos y volvimos al todoterreno y conducimos un poco más. Y de repente giramos a la izquierda saliendonos de la carretera. Nos fuimos hacía el desierto del Sahara. El mayor desierto del mundo. Corrimos a gran velocidad esquivando los baches. Incluso pudimos hacer carreras entre nosotros al no haber ningún obstáculo. Fue muy divertido.
Y de repente vimos dunas. Es extraño que siempre viesemos las cosas de repente. Normalmente veias algunas cosas a lo lejos, pero te girabas un momento y ahí estaba.
Dunas; las dunas del Sahara. Y subimos por ellas. Subimos a una muy alta y se nos caló el coche. Después de volver a arrancar bajamos superdeprisa por el otro lado. Pareciamos niños pequeños disfrutando de la naturaleza salvaje, sin modificar (y a decir verdad) muerta.
Paramos para aquellos que querian hacer fotos: todos. Un chico se rebolcó por la duna mientras su novia le hacia fotos.

Volvimos a subir y fuimos al decorado de la película Stars Wars. Un pueblo hecho por los creadores de la pelicula para ambientar la poblacion de Tatooine. Fue muy bonito. Pero efímero.
No estuvimos más de 10 minutos. Aun que si tuvimos tiempo de poner arena como recuerdo en una botella de agua.

Cuando subimos al coche por última vez para regresar se estaba haciendo de noche. Fue una verdadera lástima que ese día estuviero nublado, hubiesemos podido ver una de esas imagenes míticas: el atardecer en el desierto. Una cosa impresionante. Pues eso, que nos fumios. Pero en el desierto de noche con solo la luz de los faros era un poco "acojonante". Lo que si fue gracioso fue que nos encontramos con dromedarios en medio del camino. Y no se asustaron para nada.

*NOTA: No hay camellos en Túnez ni en toda África. Es un error muy común. Mucha gente dice camello. Los camellos són de ásia.

Y volvimos a Kouran para dormir en el hotel Palmyr.

Diseño de Marie April para Una Little Writer © Todos los derechos reservados