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24 de abril de 2011

Aurora 7º

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Se oyeron los pasos en el pasillo y luego la puerta del baño se abrió. Lentamente. Y apareció Carlos. Antes de que pudiera formular una pregunta su amada se lanzó a sus brazos y él la abrazó con ternura como si fuese una niña pequeña.
-Lo siento - empezó ella sin desenganchar la cabeza de su pecho. Oír los latidos de su corazón la calmaba.
-Yo lo siento aún más.
-¿Por qué deberías sentirte tan culpable como yo?
-Porque yo sabía que algo dentro de ti andaba mal y me aparté de ti estos días.
-No te culpes, sabes que yo te induje a que te fueras. Siempre haces lo que necesito. - Y se apretó con más fuerza a él.
-Menos esta vez. Debería haber estado a tu lado. - Aurora no le miraba la cara pero sabía que la culpa estaría reflejada en su rostro.
-Deja de atormentarte, ¿quieres? Es esto lo que necesito. Que tu estés bien, si tu lo estás yo también. - Alzó la cabeza y se encontró con los labios de él. Fue un beso tierno, dulce y tranquilo.
-Dejo de atormentarme pero me hubiese podido cuidar de ti, mejor. Eso no vas a remediarlo.
-¿Sabes que? Tu me cuidas siempre aunque no estés a mi lado.
-¿Y como se hace eso?
-Queriéndome.
Entonces la frase de esa canción le vino a la mente. Someone is watching over you. Porque alguien te cuida. No era su padre quien la cuidaba desde algún lugar misterioso, era Carlos quien cuidaba de ella a toda hora y de mil maneras diferentes. Más tarde esa noche, después de haber limpiado el baño y cuando ya estaban en la cama, Aurora se lo explicó todo. Carlos no abrió los labios ni una sola vez. Se limitó a cogerle la mano y cuando hubo terminado el relato acercó su cuerpo al suyo y le susurró:
-Ahora ya ha terminado todo.
Aurora asintió y sintió la felicidad que volvía a ella como era antes de la muerte de su padre.

22 de abril de 2011

Aurora 6º

Cuando los llantos cesaron y ella se hubo calmado condujo lentamente hasta su casa. Por enésima vez se desvistió pero no se metió en la bañera. Se encaramó a ella y quitó las cortinas con violencia. Se bajó torpemente para luego volverse a subir con las cortinas viejas. Las puso en sus sitio, se volvió a bajar y se quedó contemplándolas. La habitación quedó vacía pues ella había salido en busca de velas. Pronto la estancia estuvo llena de ellas y de olor a vainilla. Enchufó a la corriente su reproductor de música y puso una canción. Esa que tantas veces hizo sonar su padre. Someone watching over you de Yolanda Adams. 
Dejó que la espuma del jabón de su padre la cubriera casi por completo. Cerró los ojos y se dejó llevar. No lloró, por fuera, pero lo hizo por dentro. Las lágrimas le resbalaban por el corazón mientras Adams decía: Cause there is someone watching over you. Porque alguien te cuida. 
Aurora metió la cabeza bajó el agua. Su padre la estaba vigilando desde ahí arriba o donde fuera que estuviese. Y seguro que desaprobaría eso. Sacó la cabeza afuera rápidamente. La meneó con fuerza para deshacerse de esa idea que había tenido. Salió de la bañera y se puso el albornoz. Apagó la música y de un tirón arrancó las cortinas. La bañera se estaba vaciando mientras ella tiraba el jabón a la papelera. Cuando la estancia quedó hecha un desastre se sentó en la tapa del váter. En ese momento se oyó el sonido de una puerta al abrirse.  



20 de abril de 2011

Aurora 5º

Vio lo que andaba buscando. En la bañera había unas cortinas viejas y desgastadas. Antaño eran de color azul y amarillo, pero ahora los colores se habían apagado y solo quedaba el recuerdo de Aurora. No es que tuvieran nada especial en sí, eran unas cortinas que carecían de belleza alguna y con el paso del tiempo solo se habían afeado. Pero no era el hecho de que esa tela de plástico tuviera algún encanto, que su diseño fuera original o cualquier otra característica. No tenía nada que ver. Lo más especial de ellas era que quedaron empañadas de agua y jabón y de recuerdos y amor. Todavía se acordaba de el día que su padre las fue a comprar y de los malos comentarios que recibieron por su parte. Su padre siempre había tenido un gusto pésimo. Al pensar eso una sonrisa amarga apareció en su rostro.
Se encaramó a la ducha y haciendo equilibrios quitó uno a uno los enganches. Por cada uno que quitaba este le quitaba a ella una lágrima. De esas que duelen, de las que te desgarran de dolor y te descomponen el rostro. No eran para nada esas gotitas indefensas que caen en un segundo y no dejan más que la sal. Esas eran duras y en lugar de caer resbalaban por sus mejillas con fuerza marcando bien su recorrido. Cuando hubo acabado bajó de un salto y salió disparada de la habitación, corrió como si le fuese la vida hasta alcanzar la puerta exterior. Tras cerrar la puerta con llave volvió a echar una carrera rápida hasta el coche.
Puso la llave en el contacto pero no lo puso en marcha. Se quedó sentada ahí; sollozando.

17 de abril de 2011

Aurora 4º

Cuando el sol se lavó la cara y ya estuvo presentable, Aurora se despertó. Después de darse una ducha rápida pero eso si, con el jabón, se puso un vestido blanco que le había regalado su padre en su vigésimo cuarto aniversario; y pensar que solo hacía dos años de eso... En frente del espejo se maquilló por primera vez desde la trágica muerte. Máscara de pestañas negra, sombra de ojos con un toque de purpurina y pintalabios color carmín. Desobedeció deliberadamente una de las pocas ordenes que le dio Carlos tras ese acontecimiento: No conducir. Se abrochó el cinturón y se fue, sin avisar a su pareja de que se iba, a pesar de que eso significaran cinco llamadas perdidas en el buzón a lo la largo de la mañana.
Aparcó en frente de la casa. Anduvo el trecho que le quedaba, rebuscó en su bolso y puso la llave en la cerradura. Cuando se oyó el clic algo más le llegó. Eran todos los recuerdos de la casa, que como fantasmas la atacaban. Hubieran sido solo melancólicos si no hubiese sido por el dolor que le causaba recordar todos esos pequeños detalles. Cada uno era como un pequeño cristal, como una astilla que se le clavaba en la piel y la hacia sangrar. Con la diferencia de que sangraba por dentro.
Entró y cerró la puerta de golpe. Ella, ingenua, había pensado que el polvo de los recuerdos no le provocaría ningún tipo de reacción. Cuán equivocada estaba... Pues esos momentos pasados ahora estaban destruyendo su muralla defensiva, esa que había construido con tanto esmero. Y en pocos segundos cayó, no solo la barrera sino su cuerpo. Quedó sentada apoyada en la puerta, sollozando y sin poder parar la estampida de sentimientos agrios.
La máscara de ojos se le había corrido y sus mejillas rosadas ahora quedaban ennegrecidas y mojadas. Con la mano intentó secar el rastro de las lágrimas pero solo consiguió empeorarlo. Se levantó como pudo e intentó calmarse, aunque esto último no le fue tan bien.
Se dirigió al baño y cuando abrió la puerta y vio lo que vio una lágrima rebelde le cayó encima del vestido blanco.

11 de abril de 2011

Aurora 3º

Aurora se vistió deprisa y salió del piso. Pronto sus pasos la llevaron al centro donde se agolpaban las tiendas. Iba con una idea muy clara en mente. Miró en muchísimos escaparates, buscó dentro a fondo y preguntó a varios empleados dejándolos atónitas ante la específica demanda de ella. Pero todo fue en vano; no lo encontró.
El reloj daba ya las siete, habrían pasada dos horas enteras. Regresó a su piso decepcionada y bastante deprimida. El bolso fue arrojado violentamente encima de una silla y lo mismo le pasó a la ropa que fue a parar al suelo. Volvió a ducharse y dejó que el jabón de su padre la envolviera por segunda vez. Pero se sentía más incompleta que antes; más que nunca. Sumergió por completo la cabeza en el agua una vez que el jabón se había disipado un poco. Contuvo la respiración y cuando volvió a respirar además de aire entró una nueva idea. Brillante y un tanto masoquista.

2 de abril de 2011

Aurora 2º

-Cariño, soy yo - Era la voz de Carlos. Aurora salió deprisa de la bañera y mientras ésta se vaciaba, dejó que el albornoz la abrigara. Fue a su encuentro y él la abrazó, ella hundió la cabeza en su hombro haciendo que se sintiera necesitado.
Muy a pesar suyo, Carlos se había ido de la casa para dejarle margen y mientras tanto él se alojaba en casa de un buen amigo. Su ausencia hubiera sido más llevadera si la situación actual no conllevara la tristeza de su amada. Ella en ningún momento le pidió que se fuera, que le dejará pensar, que necesitaba estar sola, meditar, recordar, llorar. Ni una palabra salió de sus labios a pesar de que si que esas ideas estaban en su mente, pero no quería herirle. Por otro lado él ya conocía bien a Aurora, lo suficiente como para saber que ningún reproche o suplica saldría de ella. Con el tiempo aprendió a ver lo que ella necesitaba sin mediar palabra y simplemente lo hacía, sin preguntárselo, y ella le estaba muy agradecida. Por eso todavía estaban juntos. Dicen que en toda relación hay una persona que da más de lo que recibe, ese era el caso de Carlos. 
Olisqueó el pelo mojado de ella, queriendo embriagarse de su aroma que tanto añoraba. Sin embargo lo que le subió por la nariz no le resultó agradable.
-¿A que hueles?- dijo alzando una ceja.
-Me he comprado un jabón nuevo- y él ciegamente creyó sus palabras para ahorrarse dolores de cabeza.
-Pero si este es de hombre.
-Lo sé, me he dado cuenta cuando estaba en casa -mintió- fue el primero que vi y lo compré - mintió más descaradamente porque había elegido esa botella con mucho esmero de entre todas las demás y sabía perfectamente que era masculina.
-Ah. Si quieres ya me la quedo yo y la uso.
-Da igual, tampoco me molesta oler a esto. Si el único que tiene que olerme eres tu. - Y le sonrío. Esa sonrisa  le pareció una copia del mismísimo astro rey y valía más que todo el oro de este mundo. Aurora no las dibujaba de este tipo desde antes de la muerte de su padre, hacía ya dos semanas.
Quizás al fin y al cabo la balanza entre ellos dos no estuviera tan desequilibrada. Tras el comentario, la besó.
-¿Que vas a hacer esta tarde?
-Tengo que ir a comprar una cosa.
-Vale, tengo que irme. Llámame si necesitas algo, ya sabes donde estoy, solo he pasado para ver como estabas.
-De acuerdo.- Se volvieron a besar con ternura.
-Te quiero - susurro cuando estaba cerrando la puerta.
-Yo también te quiero mucho- pero ya estaba cerrada.

26 de marzo de 2011

Aurora 1º

Su padre había muerto hacia poco. El entierro ya había sido celebrado y las lágrimas derramadas. Pero todavía faltaba el papeleo de la herencia y todas esas cosas tan tediosas que Aurora odiaba en ese instante.

Ya había pasado una semana, por supuesto todavía no se había repuesto del shock. La gente a su alrededor murmuraba a su espalda cuánto lo sentían, a pesar de no ser cierto. También la compadecian y susurraban que era muy normal teniendo en cuenta el vínculo que tenia con el Sr.Luis y que ''tiempo al tiempo''. Lo que esas personas ignoraban era que tardaría mucho en reponerse, si es que lo hacia. La misma Aurora no lo sabia, como tampoco sabia otras muchas cosas que iban a suceder.
Aurora fue al pueblo donde había crecido y sus padres vivido durante toda su existencia. Condujo hasta el supermercado de la plaza mayor.

-¿El gel de baño donde esta?
-El pasillo a la derecha.

Cogió lo que andaba buscando, pagó y se fue.
Tiró el bolso en la silla de la entrada, se desnudó mientras el agua caliente llenaba la bañera y abrió la botella de gel. Era el que usaba su padre, siempre usó ese. Apretó la botella y dejó caer un buen chorro de jabón para que hiciese burbujas. Se hizo un moño y se metió dentro del agua. El olor de ese jabón masculino le recordaba a esas largas horas en las que estuvo con su padre durante su infancia. Y se dejó llevar, pero en ese momento vio que faltaba algo, y se prometió no descansar hasta que todo fuera completo.

Diseño de Marie April para Una Little Writer © Todos los derechos reservados