Se oyeron los pasos en el pasillo y luego la puerta del baño se abrió. Lentamente. Y apareció Carlos. Antes de que pudiera formular una pregunta su amada se lanzó a sus brazos y él la abrazó con ternura como si fuese una niña pequeña.
-Lo siento - empezó ella sin desenganchar la cabeza de su pecho. Oír los latidos de su corazón la calmaba.
-Yo lo siento aún más.
-¿Por qué deberías sentirte tan culpable como yo?
-Porque yo sabía que algo dentro de ti andaba mal y me aparté de ti estos días.
-No te culpes, sabes que yo te induje a que te fueras. Siempre haces lo que necesito. - Y se apretó con más fuerza a él.
-Menos esta vez. Debería haber estado a tu lado. - Aurora no le miraba la cara pero sabía que la culpa estaría reflejada en su rostro.
-Deja de atormentarte, ¿quieres? Es esto lo que necesito. Que tu estés bien, si tu lo estás yo también. - Alzó la cabeza y se encontró con los labios de él. Fue un beso tierno, dulce y tranquilo.
-Dejo de atormentarme pero me hubiese podido cuidar de ti, mejor. Eso no vas a remediarlo.
-¿Sabes que? Tu me cuidas siempre aunque no estés a mi lado.
-¿Y como se hace eso?
-Queriéndome.
Entonces la frase de esa canción le vino a la mente. Someone is watching over you. Porque alguien te cuida. No era su padre quien la cuidaba desde algún lugar misterioso, era Carlos quien cuidaba de ella a toda hora y de mil maneras diferentes. Más tarde esa noche, después de haber limpiado el baño y cuando ya estaban en la cama, Aurora se lo explicó todo. Carlos no abrió los labios ni una sola vez. Se limitó a cogerle la mano y cuando hubo terminado el relato acercó su cuerpo al suyo y le susurró:-Ahora ya ha terminado todo.
Aurora asintió y sintió la felicidad que volvía a ella como era antes de la muerte de su padre.





