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7 de octubre de 2011

Contagiarlas


En una mesa, de cualquier cocina de ninguna casa en particular, se hallaban sentadas dos mujeres. Mujer hecha y derecha solo una, ya menopáusica con medio siglo usado y un hijo por el que se desvivía como buena madre entregada. Delante y sonriente estaba Quiteria. Su sobrina, la pequeña, no la favorita. Porque ella odiaba los favoritismos. Siempre decía mientras sonreía abiertamente: "Yo, cariño, tengo espacio ilimitado en mi corazón. No os peleéis por caber en él, pues tengo espacio de sobras para todos. No os quiero del mismo modo, pero os quiero por igual"
Quiteria estaba en plena adolescencia. Totalmente en crecimiento, de todo tipo. Quiteria se alborotó el pelo fino con un gesto despreocupado y que le daba un aire de dulzura. Torció su cabeza ligeramente y más su sonrisa. Su tía se la devolvió, pero era diferente. No simple, era pícara y divertida. La muchacha no cayó en semejante detalle. Claro que si lo hubiera hecho el momento posterior hubiera carecido de gracia. 
Un grito de susto resonó por toda la estancia. Su silla se movió y ella dio tal salto que casi quedó derecha. El motivo: unas manos que la habían agarrado por la cintura, desprevenida, y le había susurrado un ¡Bú! bien fuerte, al oído y a traición. Cosme no podía ni mirarla, pues se estaba partiendo de risa mientras se abrazaba su estómago, que probablemente le dolía de tanto reír. Justo detrás de ella. Su madre también se reía a carcajadas contagiándola. Su primo la cogió de la mano y se la acercó. Se abrazaron. Quiteria lo abrazó con fuerza mientras ambos reían y ella le daba colpecitos en la espalda por "hacerle eso", y él apretandola más.

27 de septiembre de 2011

Jovita crece


Con el tiempo Jovita aprendió a decir que si y emitir sonidos, escuchando lo que su padre le decía pero sin prestarle atención. Él ni se daba cuenta. Muchas veces se hacía la cansada y se dormía en el coche para ahorrarse una hora de palabrería. Al principio ella le contaba lo que su padre le decía a su madre, excepto lo de los correos por culpa de su falsa culpabilidad. Fue entonces cuando su madre le explicó su versión. Al ver que sus historias no cuadraban en casi nada Jovita, ya con diez años, decidió que no querría volver a oír nada más acerca del tema. Ambos progenitores no acabaron de entender sus motivos y alegaron que debía saber la verdad. Ella no les contestó que prefería tener su propia versión a pesar de que, probablemente, fuera errónea.
Vivió años feliz y casi ignorante. A medida que pasaban los años ya no podía creerse lo que su mente creó hacía ya un par de años. Contaba los doce cuando su hermana hizo las paces con su padre, y trece cuando volvieron a enfadarse.
Y un día pasados muchos meses fue a casa de su tía, la hermana de su madre. Ella era la única de la familia que se llevaba "bien" con su padre tras lo ocurrido. Ella fue la única, la primera y la última que le contó la verdad. Pero eso jamás se lo dijo a su padre, hubiese significado un distanciamiento brutal. Ni a su madre que hubiese sido como ponerse de su parte. Y eso eran dos cosas que ella no quería que sucedieran.
Si no quería ponerse del lado de nadie era porque la relación de sus padres era una batalla a campo abierto. Y es cierto que en medio se recibe más que en ningún otro sitio, pero posicionarse hubiese significado recibir el golpe directamente y ella no era una chica tan dura. Ella fue Suiza y siempre lo fue.

24 de septiembre de 2011

La mariposa fugaz de Jovita


Se decidió que Jovita iría a ver a su padre dos veces al mes. Ella, que no estaba resentida con su padre, estaba contenta de poder verlo aunque solo fueran fines de semana. Aún no había pasado ni un año desde el divorcio y las emociones continuaban a flor de piel, al menos, y especialmente, para el padre. En el primer momento en que su hija menor subió al coche él empezó a contarle su versión. Esa que era de todo menos verídica. Y se lo explicó todo. Sin ningún tipo de tapujos. Y le dijo con una  sonrisa maliciosa:
-¿Sabes qué, Jovita? Tengo pruebas irrefutables de que tu madre me engañó. Tengo todos sus correos electrónicos. Todos. Cuando lleguemos a casa te enseñaré algunos. Mañana si quieres leemos los demás. 
En ese momento la niña que miraba más allá del vidrio del coche lo bajó. Y sin casi darse cuenta una de esas mariposas que ella tanto quería se fugó por la ventana. Esa mariposa se llamaba Felicidad. 
Al traspasar la puerta, la chica rendida se dejó caer encima de su cama, pero su padre le dijo que se levantara, ella obedeció y muy a su pesar se levantó mientras se frotaba los ojos exhaustos. En el dormitorio del padre, en un armario y en una caja se hallaban todas las impresiones de cada correo electrónico. Jovita no pudo evitar pensar que eso era violar la intimidad de otros sin embargo no reunió valor suficiente como para hacérselo saber a su padre.
Divertido, su padre le puso un folio delante mientras con un dedo señalaba y leía una frase que había escrito su madre: "Aún pienso en cuando bailábamos desnudos en esa habitación de madera y nos dábamos besos con sabor a fresa". Jovita cerró los ojos para evitar que una imagen se colará en su infantil mente. Pero ya era tarde. Ahora los veía a ambos bailando con los cuerpos sin ropa y pegados. 
Sin mediar palabra se fue a dormir a su cama y se cubrió con la colcha hasta la nariz. Se sentía culpable, y ella no había hecho nada malo.

15 de septiembre de 2011

Los padres de Jovita


El padre de Jovita y Paola, llevado por la rabia empezó a tejer una telaraña de mentiras alrededor de esa historia que ya de por si sola era deprimente y complicada. La poca cautela que tuvo, hizo que él mismo quedara preso de sus propios hilos y terminó por tragarse toda esa sarta de mentiras. Al final él construyó una nueva versión. Era una mezcla de todo lo que creía que había pasado, de muchas falsedades y una pizca de sentimientos agrios. Todo eso a fuego lento era una maldición que iba a pesar sobre las cabezas de algunos pocos afortunados.
Unos meses más tarde, la madre de las chicas se mudó. Traspasó una masa azulada que tiene un bonito nombre para encontrar una península. En esa tierra en la que no parecía tener nada ella tenía esperanza, amor y futuro. Una nueva casa, con un nuevo hombre. Trajo con ella a sus retoños. El padre rencoroso, sostenía que se las había llevado a la fuerza, pero lo que en verdad pasó fue lo siguiente:
La madre y su amante querían vivir juntos, por supuesto que querían. Pero la mujer se superpuso a sus propios deseos alegando que ya vivirían juntos (si aún duraba lo suyo) hasta que las niñas fueran ya mayores de edad. El amante aceptó. Lo que ninguno de los dos esperaban ver a Paola suplicar a su madre con una marea de lagrimas para que se la llevara lejos de ahí. A la península. Ese fue el verdadero propulsor. No el afán de ambos amantes. Cierto era que Jovita llegó con medias verdades y que le supo muy mal el cambio. Pero también es cierto que al final ella se adaptó y llegó a ser feliz.
Mientras ellas construían un nuevo hogar parecía que el progenitor estaba terminando la maldita poción.

13 de septiembre de 2011

La hermana de Jovita


Paola se estaba acostumbrando a usar el decimosexto número en lugar del quince. Mucha gente decía que ella y su hermana menor se parecían muchísimo. Ambas con el mismo pelo, las mismas facciones y más tarde algunos ademanes que probablemente la pequeña le copió. Pero eso no le molestaba en absoluto, más bien lo contrario, sentir que su hermanita, le siguiese los pasos hacia que se hinchara más de amor que de orgullo. El orgullo podría ser una virtud y un defecto al mismo tiempo, pero en ella era tan acentuado que la mayoría de veces se tornaba negativo.
Imaginaros como tuvo que ser para ella, una adolescente tan inestable como el otoño y tan impredecible como el mar, ver el divorcio de sus padres. Su hermana tenía sobre los ojos un tupido velo que no le dejaba ver la realidad pero ella, ella parecía tener unos prismáticos en lugar de ojos. Todos los errores bajo su mirada eran analizados y a pesar de que jamás pidió oír las dos versiones, y solo una le llegó, ella juzgó. Probablemente mal.
Creyó saberlo todo y con eso juzgó a su padre. Su progenitor, pero parecía haber dejado de serlo. Una noche malas palabras se intercambiaron, como flechas ponzoñosas se clavaron en ambos corazones ofendidos. La flecha del padre hirió el potente orgullo de la chica. El arma de la hija se quedó atravesada para siempre en el pecho del hombre. Poco tardó el herido en perdonar mas el dolor del veneno corrió libremente por sus venas. Sin embargo en ella la herida nunca cicatrizo, pareció haber habido una tentativa pero luego supuró. Ella pareció optar a amputarse esa parte de su vida. Tenía padre, si, lo tenía, y continuaba considerándolo como tal aunque no puedo deciros con certeza si le quería o no. Cruzo los dedos para que haya un granito de amor. Solo uno. Uno solo.

11 de septiembre de 2011

La pequeña Jovita


Erase una vez una niña feliz. Jovita debía de contar siete u ocho años, quizás seis. ¿Qué por que era feliz? Porque era una criatura que no era consciente de las hirientes verdades que formaban la vida. La ignorancia hace la felicidad. Y ella era una ignorante profesional. Creía saber muchas cosas, se creía madura por entender cosas que debían ser entendidas a los nueve. Sin embargo, no dejaba de ser lo que era, una chiquilla. Con todas sus ventajas, y alguna que otra desventaja.
Jovita coleccionaba mariposas cuyas alas hermosas estaban hechas de la misma materia que sus sentimientos. Debajo de la cama tenía una gran caja oscura donde metía sus miedos infantiles. Monstruos, fantasmas y tristezas. Bajo la cama de sus padres, por contra, no había más que zapatos y cajas llenas de calcetines ordenados según colores. Ellos eran unos pobres infelices. Su matrimonio, una vez un bella flor, estaba marchito. Todas las ramas estaban resecas y los pétalos ya resecos se habían quedado bajo un mueble olvidado. Nadie jamás las encontró otra vez.
Grandes penas tuvieron lugar, mas los ojos ingenuos no vieron nunca nada. Tampoco sospecho que fueron unas manos atentas las que la apartaban justo antes de que la tempestad se desatara. Mientras un vendaval furioso, lleno de celos, de dolor, de pena y de rabia agitaba hasta la muerte los restos de esa flor; ella estaba bajo cobijo en una cabaña donde lo más triste era irse a dormir cuando aún se quería jugar.

Pronto el mundo de Jovita cambiará. Espero que os guste esta historia tanto como me gusta a mi escribirla. 

9 de septiembre de 2011

Ojalá fuera falso


-Lo que ahora voy a contarte, es una cosa que jamás he podido explicar sin llorar. - dijo ella
Lo que no se puede llamar un buen comienzo. El relato empezó. Pero no era una historia, era una memoria, un trocito de su vida y una maldita verdad. Una pregunta por su parte, luego una explicación y finalmente una sentencia. 
Ella echada sobre la cama y recostada sobre dos cojines parecía tener la vista tan nublada como yo. No mentía ni exageraba al decir que nunca podía evitar el llanto al comunicarlo. Bajé la cabeza para que las primeras lágrimas mojasen las sabanas. Dos puntitos, pronto se duplicarían. 
-¿Qué opinas? - dijo ella mientras lloraba. 
-Que es muy triste. - Una lágrima corroboró mis palabras. Y pensé que todo cuanto me había contado no podía ser verdad, no podía serlo, debía de ser falso. Parecía una de esas historias deprimentes que solo se escriben en papel acerca de la vida, pero que no parece que vayan a hacerse materiales en la vida de una. Deseé con todas mis fuerzas que todas sus vocales y consonantes salidas de su boca no fueran más que parte de un cuento. No un cuento de niños, tan solo un cuento. Uno que se cuenta a las 10 de la noche a tu sobrina, mientras ambas están estiradas encima de la colcha. "Que sea una historia, que lo sea, que sea una maldita historia". Pero engañarse no sirve de nada. Y no era una historia.
-No es justo - y yo tenía razón. Era de todo menos justo.
-Cariño, ¿te han dicho alguna vez que la vida no es de color de rosa? Si no te lo han dicho, yo te diré que a veces es una mierda. 
Ante semejante barbaridad, sonreí. Y asentí mientras una lágrima penetraba en mi sonrisa. 
-A pesar de esto - continuó - te das cuenta que no son los grandes gestos si no los pequeños detalles los que nos alegran ésta existencia. 
-No quería acabar llorando.
-Pues ya ves... Hemos acabado las dos llorando como tontas. 
Ambas sonreímos. 

10 de agosto de 2011

Me dejé embriagar

Hay gente en el porche de esa casa tan bonita. Está alejado de la actividad estresante de la ciudad y las estrellas lucen sus mejores vestidos pues no hay luces de neón ni nubes. Sonrío porque yo estoy allí, y pienso: "¡Qué suerte la mía!". Un hombre de unos cincuenta años toca una canción de Sabina con su guitarra española, otro hombre, mayor, canta la letra mientras las mujeres tararean emocionadas por los recuerdos.
-Y nos dieron las diez y las once, las doce y la una, y las dos y las tres. Y desnudos al amanecer nos encontró la luna.
Cuando el último acorde dejó de sonar en el aire, un joven, con su guitarra hizo sonar otro acorde. Una canción más reciente. Sólo un par de voces le pudieron acompañar. Mientras él se disponía a cambiar su guitarra por una de eléctrica, yo reparé en el perfume del aire. Al principio me llegó el olor a café y alcohol, pero cuando llegó a mi el olor a galán de noche dejé de percibir todo lo demás. La planta me embriagó con fuerza y yo no me resistí.
Por eso cuando la música volvió a ser protagonista, mi voz quiso acompañar al instrumento que ahora sonaba. Y es curioso que fueran estas palabras las que salieron de mi boca:
-¡Lánzate! Cada instante es único, no se repetirá. Y siento que el corazón ya no para de latir. Y dice que me lance. Que no piense en todo lo que vendrá. Que un lápiz nunca dibuja sin una mano. (Traducción de "Llença't - Lax'n'busto")
Y mientras decía eso las comisuras de mis labios se curvaron en una feliz sonrisa. Mis ojos encontraron los de mi primo, que tocaba casi de memoria. Y si eso fuera posible, sonreí más.



30 de enero de 2011

Hoy es 30 de enero de 2011

Hoy hará quince años que en un hospital tuvo lugar un nacimiento a las 14:00. Hace quince años que mi corazón empezó a latir, por suerte, todavía no ha parado y espero que esté así mucho más tiempo. Mi familia me mostró fotos de recién nacida en las que salía roja como un tomate. Tenía el pelo de color azabache, igual que ahora, y curiosamente tenía flequillo. Los ojos quizás fueran marrones o quizás eran verdes como los tengo ahora. Una cosa que siempre me hizo mucha gracia es que me decían que parecía un esquimal. Con los ojos achinados y esos cabellos negros... Esa era yo hace quince años.
Luego fui creciendo, cada día un poco más. Cada situación me hacía crecer como persona en diferentes maneras, las personas de mi alrededor eran las que más moldearon mi carácter para darle la forma que tiene hoy. Todo lo que estaba en mi mundo, de un modo u otro me enriquecía y me hacía madurar. Todos los cambios que mi vida tuvo me dejaron una huella, una huella más para añadir a mi colección. Mis decisiones formaban mi futuro, incluso aquellas que no tomaba yo.
Si, hoy es mi aniversario. Por el momento solo he tenido 15 aniversarios. Pero más me valdrá tener más. Los cumpleaños son fechas de ilusión. Evidentemente, yo estoy ilusionada. No por los regalos, ¡claro!, sino por otra cosa que me cuesta describir. Pero ¿que falta hace si todos sabéis a que me refiero?

12 de enero de 2011

...Papá

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Era un día placentero en el mes de Julio. La madre acababa de abandonar el edificio para
ir de compras un rato, dejando a los dos varones de la familia en casa, pues sabía el
aburrimiento que les producía lo que a ella tanto gustaba.
Aitor se paseaba por su habitación con ropa interior. El pudor no era algo característico
en su forma de ser. Su hijo correteaba por la casa. Ajustó la puerta sabiendo que así podría
 oír cualquier cosa que se desviara de la risa de tres años inocente de Félix.
Sacó su portafolios y extrajo de él un dossier grapado. Era un ensayo de la obra de teatro
que tendría lugar en varios meses.
Carraspeó antes de empezar a leer. Los primeros intentos fueron un poco mediocres, pero
mientras iba actuando su nivel mejoraba. Llevaba ya un buen rato con esa guisa y llegó
entonces a la parte más importante de su personaje.
-No insistas más, mujer. Pues, la decisión está ya tomada. No hay vuelta atrás posible.
Tu sabes cuan patriota soy yo, pese a que las muestras hayan sido pocas y no muy efusivas.(...)
Si. iré a la guerra. Y lo repetiré cuantas veces sean necesarias. Nada de este mundo podrá
pararme. ¡Iré a la guerra!¡Iré a la guerra! ¡Voy a la guerra! Ahora mismo cogeré mis cosas más necesarias y en breve marcharé donde se tenga que ir.Adiós, me voy.

Cute Kid and Daddy On The Fly with BirdsAitor no sabía que mientras él estaba tan enfrascado en su labor, su hijo Félix miraba asomado a la habitación sin ser visto. El crío llevaba un rato mirando a su padre sin poder evitar que la admiración le iluminara sus ojitos. Todo el rato había estado callado pero en el momento que el niño oyó las palabras adiós, y me voy. Entró como un torbellino en la habitación y sin dar tiempo siquiera al adulto reaccionar, corrió hacia él y le abrazó las piernas con toda su fuerza. Y murmuró:
-...Papá, no te vayas. Mamá y yo te echaríamos de menos.
Su padre enternecido por sus palabras y por la misma situación le acarició su cabecita y le dijo:
-No voy a ninguna parte. Sólo leía en voz alta. No te preocupes, hijo. Jamás me iría de vuestro lado.
Se deshizo del abrazo de su hijo para poderse arrodillar. Entonces le abrazó con toda la fuerza que se puede usar en un niño, la suficiente como para no herirle.
-Te quiero, hijo
-Yo también, papá.

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