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9 de septiembre de 2011

Ojalá fuera falso


-Lo que ahora voy a contarte, es una cosa que jamás he podido explicar sin llorar. - dijo ella
Lo que no se puede llamar un buen comienzo. El relato empezó. Pero no era una historia, era una memoria, un trocito de su vida y una maldita verdad. Una pregunta por su parte, luego una explicación y finalmente una sentencia. 
Ella echada sobre la cama y recostada sobre dos cojines parecía tener la vista tan nublada como yo. No mentía ni exageraba al decir que nunca podía evitar el llanto al comunicarlo. Bajé la cabeza para que las primeras lágrimas mojasen las sabanas. Dos puntitos, pronto se duplicarían. 
-¿Qué opinas? - dijo ella mientras lloraba. 
-Que es muy triste. - Una lágrima corroboró mis palabras. Y pensé que todo cuanto me había contado no podía ser verdad, no podía serlo, debía de ser falso. Parecía una de esas historias deprimentes que solo se escriben en papel acerca de la vida, pero que no parece que vayan a hacerse materiales en la vida de una. Deseé con todas mis fuerzas que todas sus vocales y consonantes salidas de su boca no fueran más que parte de un cuento. No un cuento de niños, tan solo un cuento. Uno que se cuenta a las 10 de la noche a tu sobrina, mientras ambas están estiradas encima de la colcha. "Que sea una historia, que lo sea, que sea una maldita historia". Pero engañarse no sirve de nada. Y no era una historia.
-No es justo - y yo tenía razón. Era de todo menos justo.
-Cariño, ¿te han dicho alguna vez que la vida no es de color de rosa? Si no te lo han dicho, yo te diré que a veces es una mierda. 
Ante semejante barbaridad, sonreí. Y asentí mientras una lágrima penetraba en mi sonrisa. 
-A pesar de esto - continuó - te das cuenta que no son los grandes gestos si no los pequeños detalles los que nos alegran ésta existencia. 
-No quería acabar llorando.
-Pues ya ves... Hemos acabado las dos llorando como tontas. 
Ambas sonreímos

26 de julio de 2011

Como una tonta

-Entonces, ¿por qué me dijiste todas esas cosas que me dijiste?
-Porque aún era la primera impresión.
Y en ese momento mis cándidas ideas de vidrio se agrietan.
-¿Qué sientes por mi? - continúa.
-¿Quieres que sea sincera?
-Por favor...
-Me gustas. Sé que hace muy poco tiempo que te conozco. Pero no puedo hacer nada. Ya ves. 
-Mmm... -Un murmuro, capaz de hacer que mi respiración se pare. Uno que no presagia sol. Más bien lluvia.
-...Ahora todo va a cambiar, ¿verdad? - No contesta a mi pregunta - No debería habértelo dicho. No debería. 
-No pasa nada.
-¿Y de ahora en adelante qué?
-Mira, es demasiado pronto. Nos hemos visto un par de veces pero realmente no nos conocemos.
-Ahora estaré más de un mes sin verte. Tiempo suficiente para que mis sentimientos se enfríen - me duele decir eso, pero continúo - Cuando regrese, ya estaré resfriada del todo. Y podremos ser amigos- "mentira", pienso, pero me lo guardo para mis oscurísimos adentros.
-Sí, muchísimo mejor.

Todavía no asimilo todo cuanto me ha dicho. No se si realmente quiero hacerlo. Porque se que en el mismísimo instante en que lo haga todo cuando yo pensaba se hará añicos y nadie va ayudarme a recoger los pedacitos que queden. Cuando esto suceda, que va a ser muy pronto, yo recogeré los cristales. Uno por uno. Y cada arista va a abrirme una nueva herida. Que no cesará de sangrar hasta que el tiempo se apiade de mí.

20 de marzo de 2011

Acéptalo

-Que opinas?
-Pues que es una cosa muy rara
-Pero no mala.
-No se que decirte. No estoy seguro de esto. Es tan impreciso, tan lejano, no es ni real
-Quizás no lo sea para ti. Pero para mi es tan real que casi puedo palparlo con mis manos.
-Sin embargo no puedes. He aquí el problema. No es de verdad. No lo es.
-¿Por que te empeñas en no entenderlo?¿No puedes siquiera comprenderme?
-Yo solo llego hasta donde alcanzan mis ojos.
-¡Entonces cuántas cosas debes haberte perdido! Te compadezco. Jamás sabrás lo que es sentir, si lo único verdadero es aquello que puedes ver.
-No me importa lo que digas. Sabes que tengo razón. Lo vuestro no es bueno.
-¿Te acuerdas ese sábado que estaba tan feliz?¿Esa noche que saltaba de alegría y ni siquiera tu pudiste borrar esa sonrisa de mi cara?
-Si.
-Había hablado con ellas.
-No te discuto que te haga feliz, pero sigue sin ser bueno. Algún día la cosa acabará y tu te irás con una herida.
-¡¡Bueno, bueno, bueno!! No paras de usar esa palabra. ¿A caso sabes tu lo que es bueno?¿Tienes el poder para decidir lo que está bien y lo que no? No es malo. No lo es. Más mala es nuestra relación y me callo. Tu no me escuchas, no me hablas por el mero hecho de hablarme, no discutimos temas interesantes, no te preocupas por lo mío ni me das oportunidad de hacer lo mismo contigo. Lo nuestro si es peor.
-...Al menos yo te abrazo y te beso.
-También puedes abrazar y besar a una piedra. Tu no me quieres, y eso lo sabemos. Pero acepta al menos que yo quiera a esas dos personas tan especiales para mi. Acéptalo, no te digo que lo entiendas. Acéptalo.
-De acuerdo. Lo... acepto.
-Gracias.

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