Lo que no se puede llamar un buen comienzo. El relato empezó. Pero no era una historia, era una memoria, un trocito de su vida y una maldita verdad. Una pregunta por su parte, luego una explicación y finalmente una sentencia.
Ella echada sobre la cama y recostada sobre dos cojines parecía tener la vista tan nublada como yo. No mentía ni exageraba al decir que nunca podía evitar el llanto al comunicarlo. Bajé la cabeza para que las primeras lágrimas mojasen las sabanas. Dos puntitos, pronto se duplicarían.
-¿Qué opinas? - dijo ella mientras lloraba.
-Que es muy triste. - Una lágrima corroboró mis palabras. Y pensé que todo cuanto me había contado no podía ser verdad, no podía serlo, debía de ser falso. Parecía una de esas historias deprimentes que solo se escriben en papel acerca de la vida, pero que no parece que vayan a hacerse materiales en la vida de una. Deseé con todas mis fuerzas que todas sus vocales y consonantes salidas de su boca no fueran más que parte de un cuento. No un cuento de niños, tan solo un cuento. Uno que se cuenta a las 10 de la noche a tu sobrina, mientras ambas están estiradas encima de la colcha. "Que sea una historia, que lo sea, que sea una maldita historia". Pero engañarse no sirve de nada. Y no era una historia.
-No es justo - y yo tenía razón. Era de todo menos justo.
-Cariño, ¿te han dicho alguna vez que la vida no es de color de rosa? Si no te lo han dicho, yo te diré que a veces es una mierda.
Ante semejante barbaridad, sonreí. Y asentí mientras una lágrima penetraba en mi sonrisa.
-A pesar de esto - continuó - te das cuenta que no son los grandes gestos si no los pequeños detalles los que nos alegran ésta existencia.
-No quería acabar llorando.
-Pues ya ves... Hemos acabado las dos llorando como tontas.
Ambas sonreímos.



