Lo que si fue una gran cosa fue la tarde: ibamos en Jeep 4x4.
A las cuatro cojimos los coches. Casi todo el grupo elijio esa actividad, era opcional. Mi família (de 4 personas) y otra chica llegamos un poco despistados y tarde, por lo que afortunadamente nos pusieron en el Jeep "Jefe".
Después de diez minutos de ir por la carretera dejamos de ver tráfico. Y poco a poco el paisaje iba desapareciendo. Primero era un paisaje tipicamente seco: matorrales, rocas y hierba dispersa. Y a medida que ibamos avanzando la cosa más se reducia. Matorrales y rocas. Solo rocas. Ya ni rocas, solo polvo y arena. Era muy raro mirar a ambos lados y no ver nada en kilómetros. Nada. Bueno, como consuelo teniamos a la derecha unas montañas. No más de 2.000 metros de altura.
Luego la carretera giró hacia las montañas y al estar ahí serpenteaba todo el rato. Y sin darnos cuenta apenas tuvimos el Atlas a nuestro lado. El final del Atlas. Pero el Atlas. Imponente cordillera que va desde Marruecos atraviesa Argelia y acaba en Túnez.
Paramos en unos tenderetes al pie de las montañas. De ahí nacia una cascada. La Gran Cascada. A pesar de que nosotros no la llamariamos así comparandola con otras cascadas de la Península.
Volvimos por la misma carretera hasta llegar a Chübika. Un hombre que se hacía llamar "bereber" nos guio. Digo eso porque ya no quedan bereberes. Son descendientes lejanos de la antigua tribu. Ahora ya no existen.
Subimos a un pequeño monte por una escala escarpada. Fatigaba tanto que una chica se desmayó por la calor y el cansancio. Y lo que vimos al llegar ahí arriba era alucinante.
La palabra inglesa breathtaking describe a la perfección nuestra reacción. Nos cortó la respiración. ¿Saben el vacío del que les hablé que teniamos a ambos lados de la carretera? Peor; más acentuado. Porque desde ahí arriba podiamos ver ese vacío. Esa nada. Cuesta de describir si nunca se ha visto. Porque en España eso no se ve. Siempre hay algo con que llenar la vista. Un arbol, un pueblo a lo lejos, coches, edificios... Ahí: nada más que rocas. Veíamos como en muchísimos km no habia nada ni nadie. Si te perdias allí nadie te iba a encontrar ni por casualidad.
Bajamos y volvimos al todoterreno y conducimos un poco más. Y de repente giramos a la izquierda saliendonos de la carretera. Nos fuimos hacía el desierto del Sahara. El mayor desierto del mundo. Corrimos a gran velocidad esquivando los baches. Incluso pudimos hacer carreras entre nosotros al no haber ningún obstáculo. Fue muy divertido.
Y de repente vimos dunas. Es extraño que siempre viesemos las cosas de repente. Normalmente veias algunas cosas a lo lejos, pero te girabas un momento y ahí estaba.
Dunas; las dunas del Sahara. Y subimos por ellas. Subimos a una muy alta y se nos caló el coche. Después de volver a arrancar bajamos superdeprisa por el otro lado. Pareciamos niños pequeños disfrutando de la naturaleza salvaje, sin modificar (y a decir verdad) muerta.
Paramos para aquellos que querian hacer fotos: todos. Un chico se rebolcó por la duna mientras su novia le hacia fotos.

Volvimos a subir y fuimos al decorado de la película Stars Wars. Un pueblo hecho por los creadores de la pelicula para ambientar la poblacion de Tatooine. Fue muy bonito. Pero efímero.
No estuvimos más de 10 minutos. Aun que si tuvimos tiempo de poner arena como recuerdo en una botella de agua.
Cuando subimos al coche por última vez para regresar se estaba haciendo de noche. Fue una verdadera lástima que ese día estuviero nublado, hubiesemos podido ver una de esas imagenes míticas: el atardecer en el desierto. Una cosa impresionante. Pues eso, que nos fumios. Pero en el desierto de noche con solo la luz de los faros era un poco "acojonante". Lo que si fue gracioso fue que nos encontramos con dromedarios en medio del camino. Y no se asustaron para nada.
*NOTA: No hay camellos en Túnez ni en toda África. Es un error muy común. Mucha gente dice camello. Los camellos són de ásia.
Y volvimos a Kouran para dormir en el hotel Palmyr.
