La noche anterior, pese a no sostenerme en pie del sueño, puse el despertador del móvil.
A las cinco i media sonó. Me levanté sin hacer caso de mi cuerpo que me ordenaba quedarme en cama. Desperté a mi hermana que como siempre, nunca oía nada cuando dormía. Poco despúes sonó el telefono de la habitación. Era el servicio despertador.
Un poco zombies llegamos a la habitación de nuestros padres.
Luego, juntos fuimos a desayunar. Era un comedor enorme, con techos altos y con ventanas al estilo del salón; grandiosas. Era una sala luminosa con muchas mesas y más comida. He de admitir que esa mañana a las seis de la madrugada no estaba para innovar ni para probar cosas nuevas ni típicas. Así pues me tomé un cruasán con leche y cacao.
Cuando nos encontramos con el resto del grupo con las maletas al lado del autobús y vimos sus caras, supimos que no eramos los únicos, como era de esperar. Jóvenes y viejos tenían los ojos un poco cerrados, con cara de sueño y poco habladores.
No se cuantas horas duró el viaje hasta el Mausoleo de un compañero del profeta Mahoma. Nosotros dormíamos. Por suerte el paisaje era un poco monótono y mediterraneo, así que no nos perdimos nada.
Siento no guardar muchos detalles del mausoleo, solo sé que había unos grandes depósitos que subministraban muchos pueblos de alrededor.
Luego fuimos a una mezquita. Eran ya las diez y estábamos en el patio de la mezquita. Y el sol nos daba de lleno. Ahí a partir de las diez es como si fueran las doce o la una en España. Con la diferencia de que es peor. Solo tiene una cosa a favor. El clima es seco.
Mohamed, el guia nos dio unas explicaciones como todas las que nos iba a dar: claras, excelentes y de vez en cuanto acompañadas de una broma o dos.
Cerca de ahí había un cementerio. Pasamos al lado de este. Era una pequeña extensión de lápidas blancas como la tiza. Incluso daba la sensación de que la textura de la piedra iba a ser de tiza.
El blanco, según los islamistas, repele a los malos espíritus.
Al otro lado del cementerio había una tienda de alfombras manufacturadas de (eso nos dijeron) primera calidad con la etiqueta del gobierno que lo confirmaba. O sea que al menos eran fiables.
El vendedor nos llevó a una antesala donde había dos mujeres trabajando independientemente en dos telares con dos técnicas diferentes. En la sala que venia a continuación había muchos bancos azules que hacían un cuadrado. En medio no había nada. Y ahí el hombre empezaba a extender las alfombras explicando el tejido usado, la técnica y el número de nudos por m2. Pero cuando alguien le preguntaba el precio contestaba en nudos por metro cuadrado.
Al final solo una persona compró una alfombra. Creo que le costo más de quinientos euros. Pero lo creo justo pues esas mujeres habían trabajado casi medio año para hacer solo una alfombra.
Después de eso el autobús nos llevo a un mercado, un zocco. El mercado se encontraba dentro de una muralla, la medina, la parte antigua del pueblo. Todo normal hasta que mi madre decidió pararse a mirar una parada. A mi madre le gusta, solo, mirar. Pero a eso a los vendedores no les gusta tanto. Por eso los vendedores empezaban a ofrecerle cosas y a decir el precio hasta la saciedad: un dinnar, dos dinnares... o lo que el objeto valiese. Normalmente no valía más de 3 o 4 dinnares si eran objetos "corrientes". Pero mi madre les decía educadamente: "no, gracias" extrañamente no la dejaban en paz. Al resto de la familia casi ni le hablaban, quizás porque mi madre era un blanco fácil.
Después de salir del mercado emprendimos un viaje de cuatro horas hasta Kauran donde estaba el hotel donde íbamos a pasar dos noches. Durante el viaje el paisaje cambió. Dejó de ser mediterraneo para ahora ser seco con palmeras y algún que otro terreno con matorrales y un poco de piedras.
Cuando llegamos la mayoría de la gente, mi hermana y yo incluidas, fue a la piscina para desentumedecerse después de tan largo viaje con solo una parada de cinco minutos para ir al baño.

3 pequeñeces ♥:
Magnifico amiga!
Un placer leerte y viajar con vos.
¿porque parese que todos los musulmanes se llaman Mohamed?
Siempre quise ir a una tienda de alfombras en oriente y preguntar ¿cuanto salen las alfombras voladoras?
Increible que en esta epoca, cuando todo es instantaneo, lleve medio año tejer una alfombra.
Una vez lei que los tejedores dejan un pequeño error voluntario en su trabajo, porque "solo Dios es perfecto."
Tambien me contaron que las cosas en el mercado no tienen un precio fijo, como en occidente, y que se acostumbra regatear por todo¿sera verdad?
Saludos amiga!
Hola Daniel.
Tengo ententido que es porque su profeta se llamaba Mahoma, que es igual que Mohamed.
Ahí casi nada es instantaneo, quiero decir que la tecnologia casi no ha llegado ahí.
Eso no lo sabia, no lo dudo.
Casi nada tiene un precio fijo. Menos las cosas que estan vistas por el gobierno; como las alfombras
Me alegro mucho de que, aunque con sueño, disfrutaras de todo aquello. Espero que, regateando o sin regatear, comprarais bonitos recuerdos.
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