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3 de diciembre de 2011

A medias tintas


Hay tanta tranquilidad por aquí. La música, últimamente mi amiga más fiel y atenta, me susurra a los oídos una pieza para piano y un dulce violín melancólico. Mi madre duerme, no sé dónde anda mi padre, añoro mi hermana que ni siquiera se encuentra bajo el mismo techo. El cielo, un tanto nublado, se va apagando, pronto serán las seis y ya nadie podrá saber que hora es con exactitud. Yo estaré desorientada por la falta de sol. No puedo evitar mirar por las ventanas, constantemente. Ni la puerta. ¿Qué estoy esperando? Estoy confusa, frunzo el ceño, no me gusto cuando mi frente está surcada de arrugas. Pienso en mucha gente al mismo tiempo. Cada uno tiene su papel en mi mente. Algunos no pintan nada y los echo fuera de la función. Otros desearía que quedaran vagando junto a mi eternamente. Pero la palabra "eterna" asusta. Se irán, lo sé.
Hace tiempo que no lloro. ¿Me estaré volviendo de piedra? Noto cómo mi melena, más larga de lo que jamás la tuve, ondea en el viento. Mi sonrisa parece no hallar límites. Cada vez me sube a los ojos, ninguna es falsa. Tengo ganas de sonreír. Creo que soy feliz. Algo falla, pero continuo siendo dichosa. Carezco de motivos en este instante. Hago oídos sordos a lo que pueda decir la gente, ya no vivo atada a mi timidez, creo y deseo. He cambiado, para bien. Temo el cambio y al mismo tiempo le doy la bienvenida. ¿Es acaso esto la felicidad? O ¿será otro sentimiento?

29 de noviembre de 2011

Mundo: off


Pongo los auriculares bien adentro en mis orejas. Le doy al botón  play, y dejo que la música bien alta me inunde la cabeza. Casi me duele la cabeza. Sé que no es bueno, pero en este momento necesito que la música resuene en mi mente más alto de lo que debería. Que duela la cabeza un rato para aligerar la carga que estos días ha soportado mi corazón. Las letras de las canciones son tarareadas cuando la calle está desierta y solo se oye mi ruidoso andar. Llego a oírlo como un eco lejano. Subo más el volumen hasta que ahogo mis propios pasos. Sé el título de cada pista y sé que historia esconden esas palabras. Quiero hacer mías esas historias. Deseo sentir la felicidad, la tristeza, el amor, la desesperación de cada una, aunque sea durante un mísero instante, uno sólo. Con tal de no tener mis propios sentimientos. En mi garganta parecen unos dedos largos, de pianista; fríos como el mármol; de tez pálida. En mi corazón es una opresión ininterrumpida, que me impide ser totalmente feliz. Y en mi mente es como un sedante, me deja adormilada, espesa y creo que mi materia gris ha desaparecido.
Una canción me susurra que las palabras son vacías. Dejo que me convenza, creo que tiene razón, su melodía me seduce y hace que le olvide. Que olvide a ese chico. A ese maldito chico que era, y es, una maldita ilusión, un oasis, un espejismo. No es verdad. Si que es real, como tal, pero para mi no era más que una falsa ilusión. Una tontería. Y pensar que él ha sido capaz, sin ser consciente de ello, que ha desecho mi interior. He decidido que solo la música debe tener la llave para penetrarme, nadie más.

5 de noviembre de 2011

*Lluvia*


Desperté. Había olvidado por completo esa música de piano que sonaba incansable en el reproductor con el modo repetición. Durante media hora había cortado la conexión entre el mundo y yo. Tumbada en el sofá, con la vista en el techo blanco intentaba volver a la realidad. Estiré la manta hasta que cubrió la punta de mi nariz, pero el frío se coló por los, ahora, indefensos pies. Y así de repente me sentí incómoda, allí echada. Dejé la manta tirada a un lado y en un instante sentí el impulso de correr. Yo siempre obedezco mis impulsos del momento. Subí corriendo las escaleras de dos en dos y cuando llegué a mi habitación me senté en frente de la ventana para contemplar el tiempo otoñal.
Me gusta perder el aliento. Luego recuperarlo, mientras oigo mi respiración agitada, verme reflejada en el vidrio y observar que enseño un poco los dientes al tener la boca abierta. Me encanta esa sensación de reírme aún cuando no tengo la respiración acompasada. Miré hacía un lado, sonaron las campanas de la iglesia tocando no-sé-que-hora. Ni que me importara a mí. Y como si alguien hubiese abierto el grifo empezó a diluviar.
El agua caía con una fuerza inaudita, e incluso yo que adoro estar bajo la lluvia me lo hubiese pensado dos veces. Las calles ya inundadas dejaron de ser calles. Ahora eran ríos, torrentes, riachuelos que a cada minuto se agrandaban. Los tejados chorreaban y les faltaba muy poco para ser cascadas en miniatura. Bendito sonido que me llena los oídos y tiene ese algo que no entiendo y que hace que mi humor aumente a medida que lo hace la intensidad. Cuanto más llueve más paz hay en mi interior. Si por mi fuera podría venir la estación de lluvias y que el monzón arrastrara todo lejos de aquí. Podría llevarse todos mis males.

29 de octubre de 2011

Placeres en miniatura


Deslizar mi mano por el pasamanos; sentir los rayos de sol sobre mis parpados cerrados; acariciar los tallos altos de las plantas; teclear un número de un ser querido de memoria; ponerme un mechón detrás de la oreja para quitarlo segundos después; dejar que las yemas de mis dedos sientan la textura de las páginas de un libro; mirar al cielo hasta que me duela el cuello, encontrar esa constelación que tiene un nombre que nunca recuerdo; mirar una foto y recordar el momento; acordarme de personas que hace años que no veo, imaginar su cara, imaginarlos en el presente y pronunciar su nombre en voz baja; temblar cuando hace frío. 
Por extrañas razones todos esos pequeños hechos y detalles me producen una peculiar y agradable sensación de satisfacción. Son cosas superfluas sin sentido y en las que nadie se fija, pero yo sí. Me fijo en ellas y cuando las hago sé lo que espero de ellas. Sé que cuando me columpie como una chica pequeña hasta sentir un débil mareo y zumbido en las orejas y me bajé de un salto voy a sentir eso. "Eso" cuesta de describir. Me imagino que muchos de vosotros lo haréis cuando nadie os mire o sin que nadie se consciente, y me entenderéis. 
Pero yo y mi curiosa manía de querer definir y etiquetarlo todo. De preverlo todo antes de que atisbe algo en la esquina. Pero así soy yo y ahora mismo no me apetece cambiar. Quizás mañana o pasado mañana no me gustará dar vueltas con un vestido mientras danzan conmigo las faldas (¡cruzo los dedos para que jamás pase semejante cosa!) y querré cambiarlo por otra cosa. Pero por el momento estoy contenta conmigo misma y cambiar se me hace casi pesado. Yo soy, y mientras sea, estoy contenta. Probablemente lo que he dicho no tenga siquiera significado coherente, pero justamente ahora, me da igual. 

22 de octubre de 2011

Imperdonable por mi parte


Hacía tiempo que no escribía. Diez soles han iluminado el cielo desde entonces. No es mucho el tiempo transcurrido, pero para mi es casi una eternidad. No me acordaba del placer que me suponía, y aún supone, el sonido de las teclas al ser presionadas, ni el hecho de ver palabras aparecer en una palabra que antes era blanca. Blanca y pura. Y yo la lleno con mil palabras, mis palabras, mis ideas y pensamientos. Quizás pase de ser pura a impura, ¿pero que más me da a mi? Estoy ensuciando un color mientras limpio mi mente. Si comparamos yo gano, hay más blancos en este mundo, y muchos necesitan ser impuros.
He hecho correr el boli muy a menudo encima de papel. Pero eran palabras con significados académicos que para nada pueden procurarme una satisfacción. Ahora lo visualizo en mi mente, claramente: yo, tan cerca del papel que si me arrimara un poquito más la punta de mi nariz rozaría la suave textura del papel. Con útil en mano, una espada que brindo en el aire y que no dudo un solo segundo en usar. La hago bailar con movimientos extravagantes y enloquecidos hasta que yo o ella caemos rendidos. Es la espada de mi expresión. La que plasma todo lo abstracto que ronda en mi interior, la que me libera y me defiende, en muchas ocasiones de mi mente.
Por eso ella, que me conoce lo suficiente como para recorrerme entera en mi interior, me ruega que no deje a las motas de polvo posarse en ella. Que saque a relucir su hoja afilada y cortante. Que la deje cortar el aire con hermosas palabras literarias. Que no la deje nunca oxidarse a un lado y que a menudo se la exhiba al sol. Y se lo he prometido. Y yo nunca falto a mis promesas.

7 de septiembre de 2011

Pandemónium interior


Ayer fue un día peculiar. Tenía asumido desde hacía una luna que ese día me tocaba partir. Cada día me levantaba con sentimientos contradictorios. El de querer quedarme y el de querer batir las alas y cruzar las olas azules. La luna se iba vistiendo y desvistiendo mientras yo me lo pasaba bien en su abrazo nocturno. Agosto empezaba a escasear, ya solo me quedaban cuatro días en el desván. Claro que entonces tendría que ir a por Septiembre. A penas me di cuenta, cuando rasgué el papel. Pero seis unidades se escurrieron como si nada. Seis, seis de septiembre y una reserva. Un asiento a mi nombre para, por fin, sobrevolar el Mediterráneo.
Una extraña sensación de felicidad en el aire que se mezcla con la de nostalgia. No lo entiendo, pero me gusta. No sé si me gusta la felicidad, la nostalgia o su disparatada unión. Un trance, y casi sin darme cuenta estoy delante de esas caras sonrientes que forman mi rutina. Estoy desprevenida y me sacan una sonrisa tan amplia que me duelen los pómulos. Bajo la cabeza para disimularlo, no sé muy bien por qué. Me abrazo a ellos y en mi interior frunzo el ceño. ¿Por qué no entiendo ni lo que sucede en mi mente?

22 de agosto de 2011

Vueltas interminables


Le di al botón negro y la luz blanquecina casi azul desapareció, aunque la bombilla candente aún resplandecía débilmente en la oscuridad. De repente mis brazos empezaron a ser una gran molestia. No sabía dónde ponerme, cómo o qué hacer. Antes de irme a dormir el reloj marcaba la una y media. Después de dar tantas vueltas en la cama no me extrañaría que fueran ya las dos. Hoy parecía como si las sábanas me repudiaran y los cojines se rebelaran en mi contra. No me querían, me echaban, y yo no quería estar con ellos. Yo quería estar con la hierba y el cielo encima mía en lugar de ver el techo blanco. Por momentos mi paciencia parecía abandonarme cruelmente. Ya no sabía ni en que posición me encontraba. Sé que lo vi todo al revés y que luego no paré de moverme. No era solo que el pijama me molestaba, también me molestaban mis pensamientos. No estaba cómoda con ellos.
Tomé varias decisiones. La primera incoherente, la siguiente contradictoria, la que hacía tres tonta y así una larga lista. ¿Con cuál me quedé? Con la primera, la más incoherente, la menos contradictoria y la que era un poco tonta. No puedo revelarlo aún, creo que es demasiado temprano y la idea necesita reposo, antes de poderla hacer definitiva. Quien sabe si esta noche será de nuevo analizada.
Espero de todo corazón que no. No estoy para dar más vueltas en esa maldita cama que tanto me hace reflexionar.

20 de agosto de 2011

Se desprendió de mí


Una pareja en remojo, besándose, ajenas a las olas y las miradas. Especialmente a la mía. Viendo como sus narices se acariciaban y milésimas después eran sus labios los que se rozaban, yo sentí que algo dentro de mi se desmoronaba. Igual que un castillo de arena azotado por incansables lenguas líquidas y espumosas. ¿Qué cayó? Esa sería una muy buena pregunta. Creo que cayó mi ilusión. Aunque no estoy del todo segura. Sólo sé que lo que hacía tanto tiempo que andaba buscando ha dejado de ser una referencia. 
Desde los nueve años que voy desesperada buscando una relación amorosa y romántica como la que tenían esa joven pareja. Una que nació de los libros y de las películas y que era inmune a la realidad y a las verdades que mis ojos presenciaban día tras día. Aun siendo yo consciente de que lo que buscaba era un ideal no me di por vencida. Poco a poco la falta de resultados hizo huella en mi. Hubo una época, que coincido con la pubertad,  en la que estuve con la autoestima a la altura de mis zapatos y otra en la que se elevó hasta mi cintura. Pero yo, testaruda, continué en su búsqueda. 
Sin embargo hoy, mi estrella del norte que me guía, ha caído al mar, y no voy a ser yo quien la vaya a sacar de las profundidades marinas. Demasiado mal me ha causado ya. 
Definitivamente no quiero un chico en mi vida. No es que no lo quiera, es que ahora me vale cualquiera. Puede hoy mi corazón estar con chicos que no vayan vestidos de azul, que no hayan salido de la pluma de nadie ni de ninguna pantalla. A pesar de lo segura y confusa que estoy ahora no sé que será hoy de mi. No sé si la noche va a ser misericordiosa o si los chicos van a dignarse a dirigirme una segunda mirada. No sé nada. 

12 de agosto de 2011

Magia negra

Me moría de calor ahí sentada en el vagón del tren. Las piernas se adherían al asiento y la ventana abierta poco bien me hacía. Así que me fui a fuera. Era uno de esos trenes antiguos de hace casi un siglo y que entre vagones hay un espacio para estarse. Antes de entrar en el túnel tuve suficiente tiempo para empaparme de la belleza de las vastas tierras que me rodeaban. Campos y pequeñas casas desperdigadas y más lejos, las montañas. Cuando por fin entramos y la luz queda atrás me dispongo a que la hermosura de la oscuridad me envuelva.
Las paredes parecen correr justo en mis narices como si quisieran igualar, en vano, la velocidad del viento. La luz que proviene del vagón queda reflejada en la piedra y veo como las sombras danzan rápidas. Pronto caeré bajo el influjo de las tinieblas. Siento como el aire helado penetra bajo las faldas de mi vestido y asciende abombandolas. Alborota mi pelo casi con violencia y mi cuerpo se zarandea sin voluntad a pesar de agarrarme con las manos en los barrotes. Entrecierro un poco los ojos, lo suficiente como para ver, pero las imágenes se difuminan.
Las paredes lisas continúan pasando. Parpadeo. De repente me parece que se han tornado rugosas. Parpadeo. Creo haber visto un brillo, como si fuera nácar. Por alguna razón la situación se vuelve inquietante para mi. Ahora sé seguro que hay brillo en las paredes, sé que si extendiese mi brazo, las yemas de mis dedos percibirían una superficie resbalosa. Me estremezco sin razón aparente. Cierro un poco más los ojos y las sombras de la pared se metamorfosean. Esas figuras danzantes oscuras son fantasmas. Figuras fantasmales que viven donde las paredes brillan lejos de la luz. No puedo más y cierro los ojos. Mi cuerpo se mece con demasiada fuerza adelante y hacia atrás.
Entonces, ¡una mano! Me roza el hombro. Abro los ojos desmesuradamente y de inmediato. Miro y veo que alguien hace señas. Me advertía que estaba demasiado lejos y que estaba sacando mucho mi cuerpo hacia fuera. Me giro, me aparto y sonrío para mis adentros.
Suerte de esa advertencia, pues estaba a punto de caer en los brazos de las tinieblas.

1 de agosto de 2011

Uno de mis estados odiosos

Me siento desmotivada. Muy pero que muy vacía. Es como si me hubieran quitado todo lo que alberga mi interior y me hubiesen dejado aire dentro por misericordia. Mi mente es, ahora, inservible. Me cuesta pensar y si lo hago no es de manera clara. Las ideas se confunden y paso de estar desmotivada a deprimirme. Es un estado peculiar, el mio.
Miro la pantalla del ordenador con la mirada perdida y sin verme puedo decir que mi rostro se acerca a la frialdad del mármol. Entro en el chat y echo un vistazo a los contactos conectados. Veo nombres que significan una existencia, llena de más gente, de relaciones íntimas y superfluas, de palabras profundas y disparates. Lleno de vida. Pero a mis ojos apesadumbrados no significan más que un nombre. Hago memoria y sé que miento. Porque si que tienen que ver conmigo, algunos. Algunos son amigos míos o amigos a medias, me contento con la palabra "compañeros". Hay personas a mi alrededor pero en verdad es como si estuviera sola. A veces la gente que está contigo te hace sentir más solitario que si estuvieras cerrado en una habitación aislada.
Soy consciente de que estoy alicaída y que va a peor y sé lo que va a pasar y las consecuencias que tendrá y...¡todo! Lo sé todo. Porque no es la primera vez que me siento así y tampoco será la última. Me conozco demasiado bien como para saber que soy así de frágil. Me maldigo por ser tan sumamente previsible y ni aún así ser capaz de mermar mi tristeza sin origen. Pero una vez que yo misma he quedado encerrada dentro de esa burbuja pegajosa mi voluntad queda reducida y anulada. Debo, por eso, poner todas mis esperanzas en el tiempo y en mi misma. Y pensar que uno de los dos pronto reventará esa pompa neutralizadora.

20 de julio de 2011

Sentimientos a la vista!!

Se que los diálogos en internet no son ni la mitad de mágicos y naturales que la vida real. Cara a cara. Lo sé, pero cuando no se puede no se puede. Aún así él me ha dicho las cosas más bonitas que jamás me han dicho. Y no sonó forzado. Me hago a la idea de que muchas cosas de las que me dijo no las ha inventado él pero eso no me preocupa. Me basta con que lo diga de corazón. 
-Buenas noches, preciosa.
-Buenas noches. Duerme bien.
-Sueña con los ángeles.
-Lo intentaré. También tú sueña con ellos.
-Yo no. Yo soñaré contigo. Porque eres un ángel. 
Lo sé, lo sé. Puede ser muy cursi visto desde fuera. Pero creo que anoche, mientras yo en lugar de soñar con los ángeles soñaba con él, alguien me ató un velo tupido y rosado y ya no veo las cosas claras.
Esta mañana me he despertado con su recuerdo y una sonrisa en la cara que aún conservo. De echo se me ha ensanchado desde que he vuelto a hablar con él. Y ahora solo suspiro por otro momento más. No puedo esperar a verle otro día. 

Pido perdón por esta entrada tan poco común. Creo que es por esta extraña sensación que hierve en mí. Pido paciencia y que os guste ni que sea un poco la entrada :)

23 de junio de 2011

Desmentirme

A menudo me descubro a mi misma estando ensimismada mientras, distraída, pienso en el amor. Debo confesar que nunca he tenido mi propia historia rosa perfecta. Ni tan solo semi-perfecta. O con un toque mágico. Huelga decir que no es por mi falta de voluntad. Me veo obligada a decir que estoy poco más que deseosa de escribir mi cuento de hadas verdadero. Pero siempre esta ese "pero", esa maldita conjunción, ese obstáculo que parece insalvable. Me falta él.
Me pregunto si de verdad existirán esos chicos de las novelas y películas. Me atrevo a decir que si, pues alguien tuvo que inspirarse basándose en lo real. Pero si existen ¿dónde están esos caballeros? ¿Acaso se han escondido esos chicos detallista? O ¿se han extinguido los románticos?
Ya no quedan hombres que estén a la altura como para poder soltar esas frases que son capaces de hacer brillar los ojos de una. No los hay. Se han agotado. Y yo me quedaré sin tinta para escribir mi cuento con final feliz.
Que alguien me diga que todo cuanto he dicho es falso.

20 de junio de 2011

Amar al vacío

Estoy enamorada de alguien que no conozco. Alguien que nunca he visto y del cual ni siquiera se su nombre. Todavía no sé quien es mi amado. Le quiero y le querré cuando al fin le encuentre. Se podría decir que estoy enamorada de un espejismo. Porque él, como tal no existe.
Por ahora no hago más que recordarlo; más bien imaginarlo. Imagino sus ojos que me mira con fijeza. Mi nariz anhela poder oler el aroma de su cuerpo. Fantaseo con los momentos que compartiremos algún día y sueño con sus dulces labios que me besan con cuidado.
Llegará el día en que nos reunamos y ya no tendré que juguetear con los fragmentos de vida que yo creé. No me será necesario pues los crearemos entre los dos, mano a mano, y será verdadero.
Soy consciente de lo irreal que puede parecer estar enamorada de nadie. Es como una paradoja. Pero nunca nadie dijo que la vida fuese real o lógica.

14 de mayo de 2011

Extraño sentimiento

Un sentimiento se ha apoderado de mi. No sé que es, no sé ponerle nombre y desconozco a que se debe.
Quien empieza con este jaleo son siempre mis sentidos. Antes siquiera de que me de cuenta de lo que me dicen, oigo a mi corazón como les secunda. Noto como si alguien cogiera a mi corazón en una sola mano. Pero no con fuerza o haciéndome daño. Es como cuando un ser querido te coge de la mano y te la aprieta con dulzura para que repares en su contacto. Suavemente, con delicadeza pero confiado. Y mi corazón se altera. Aletea como las mariposas que hay en mi estómago. Si me descuido dejo de respirar por unos segundos. Inspiro a conciencia y expiro de tal manera que parece un suspiro. Al ritmo de mi respiración se mueve todo mi pecho y creo que lo único que hay dentro de mi, por ahora, es aire.  

23 de marzo de 2011

El miedo

Abrí la cajita y de ella salió una nube cuál carbón, cándida que fui al pensar que sus intenciones no serían del mismo color. El humo avanzó, lejos de mí y de mi control. Igualmente, si hubiera estado a mi alcance mi dominio sobre él hubiera sido poco más que insuficiente.
Entonces la vi. Entre los árboles, indefensa, incauta. Realmente la incauta era yo. Dejar que eso se fuera era descerebrado, ella no tenía culpa alguna de mi insensatez. Y eso avanzó más y más. Ella lo vio. Sus pupilas se dilataron: de terror. La nube hizo tentativas de atacarla, la cercó y luego extendió un brazo hacia ella. Ella se escondió detrás de un árbol.
Yo grité y el brazo se alejó. La masa le dejó margen. Yo corrí hacia el humo para ahuyentarlo y lo conseguí. Me encontré con su mirada aterrada y solo fui capaz de susurrar:
-Lo siento.
Corrí detrás del Miedo y tras debatir largo rato lo metí en la cajita y juré que en mi vida pasaría algo igual.
Me alejé del bosque a paso muy ligero. Pobre muchacha, pensé. Y deseé con todas mis fuerzas no volver a verla nunca.

19 de marzo de 2011

Un lío mental

No sé lo que quiero. Tampoco tengo claro lo que no quiero. Simplemente me limito a querer, aún sin saber el que.
En este preciso instante mi corazón no siente, no está entretenido con el amor, ni con el deseo, ni con la esperanza. Está vacío. No debería estarlo. Porque yo, en conjunto, me siento vacía. En algunos momentos puntuales entran algunas gotitas de sangre y lo llenan. Pero se evaporan antes de que tenga constancia de ellas. Es rápido; demasiado.
Antes estaba enamorada y me sentía vacía por su ausencia. Hoy ya no le quiero, ya no le necesito. Pero tampoco quiero a otro ni tampoco necesito a nadie. Y eso, en parte, me hiere.
Veo a mis amigas que arden de deseo; que consumen su amor en una relación; o que suspiran por hacerlo. ¿Que hago yo mientras? Me limito a mi rutina. Pero si que en mis momentos de debilidad, en los cuáles me siento más vacía que nunca y que ni siquiera el oxígeno me llena, suspiro por amar y por encima de todo ser amada. Pero suspirar no arregla nada.
No quiero ser un borrego y seguir a la manada, tampoco la moda va a ser mi guía, ni un patrón definido. Para algo tengo piernas y una mente: para crear mi camino y con mis manos moldearlo. Por eso me empeño en no querer ser como los demás o hacer lo que hacen otros. Aunque eso despierte la envidia.
Sé que mientras esté vacía, esa envidia queda anulada. Y que a pesar de llenarme, gota a gota, con empeño lograré dominar mi envidia. No me preocupa la envidia. Lo que más me preocupan son un par de palabras. Que se reducen a esto: querer, ser querido, lleno, vacío.

14 de marzo de 2011

Reflexión

Entonces te vas a la cama. Te pones el edredón encima de tu cuerpo frío, débil y frágil. Un virus, un microorganismo podría entrar en tu cuerpo y destruirte en menos que canta un gallo. Por lo tanto, te cubres, te proteges con una manta de calor. Haces una bola con tu cuerpo. Ni las plumas de quien sabe que animal te protegen lo suficiente. Finalmente entras en calor pero estás cómodo hecha una bolita. En posición fetal, tal cual un niño pequeño. De hecho todavía eres un crío a ojos de la vida. Ni que pasaran cien años serías lo bastante mayor y maduro para la humanidad. Eres siquiera un suspiro en el transcurso de la eternidad. ¿Y que haces? Te duermes porque eso no te preocupa. Tienes problemas más importantes en que pensar. Si es que a eso se lo llama problema.

13 de marzo de 2011

-.



Antes tenías cinco amigos,
hoy quinientos.
Si tenías sed bebías agua,
ahora puedes catar cien aguas diferentes.
El color azul era azul,
no cobalto, lapislázuli o marisma.
Miles de opciones, millones de dudas.
Suerte que todavía hay decisiones que se toman solas.

Mercedes - Benz




Si es de un anuncio. Pero no deja de ser verdad, realmente me encanta. 

10 de marzo de 2011

Chica de vidrio

Cerró la puerta esperando que el dolor de cabeza la volviera a atacar. Que todo empezara a girar, que su estomago empezara a retorcerse provocando un dolor que la obligaba a quedarse postrada en la cama y dormir. Lo esperó, sin embargo no llegó. Estaba confundida. Antes a la mínima que se levantaba los mareos le hacían venir arcadas y ahora nada. Si que tenía un ligero dolor de cabeza pero eso lo atribuía a las largas horas de lectura. Larguísimas.  
Primer paso. Corto, inseguro. El segundo. Más corto y más inseguro que el anterior. No quería confiarse y luego caer por los suelos con su mundo dando mil vueltas alrededor. Un par de pasos más. Mejor. 
Los tacones resonaban por la calle casi desierta. Una persona a lo lejos que ya desaparece. Sigue avanzando. Ahora más segura de si misma. 
Sin embargo se siente frágil y teme romperse en mil pedacitos de cristal y esparcirse por el suelo. De repente nota como su estómago desaparece, no literalmente, pero una sensación de ligereza la invade y sus pasos quieren ser largos y quiere pisar fuerte. Pero no lo hace. El temor de quebrar su cuerpo de cristal puede con su deseo. Ella quiere sobrevivir. Su cuerpo no soportaría tal cosa. Por eso se limita a los pasos cortos, seguros. 
Porque cuando uno tiene el cuerpo débil y quebradizo, ¿Quien quiere arriesgarse a perecer?

Diseño de Marie April para Una Little Writer © Todos los derechos reservados