-Cariño, soy yo - Era la voz de Carlos. Aurora salió deprisa de la bañera y mientras ésta se vaciaba, dejó que el albornoz la abrigara. Fue a su encuentro y él la abrazó, ella hundió la cabeza en su hombro haciendo que se sintiera necesitado.
Muy a pesar suyo, Carlos se había ido de la casa para dejarle margen y mientras tanto él se alojaba en casa de un buen amigo. Su ausencia hubiera sido más llevadera si la situación actual no conllevara la tristeza de su amada. Ella en ningún momento le pidió que se fuera, que le dejará pensar, que necesitaba estar sola, meditar, recordar, llorar. Ni una palabra salió de sus labios a pesar de que si que esas ideas estaban en su mente, pero no quería herirle. Por otro lado él ya conocía bien a Aurora, lo suficiente como para saber que ningún reproche o suplica saldría de ella. Con el tiempo aprendió a ver lo que ella necesitaba sin mediar palabra y simplemente lo hacía, sin preguntárselo, y ella le estaba muy agradecida. Por eso todavía estaban juntos. Dicen que en toda relación hay una persona que da más de lo que recibe, ese era el caso de Carlos.
Olisqueó el pelo mojado de ella, queriendo embriagarse de su aroma que tanto añoraba. Sin embargo lo que le subió por la nariz no le resultó agradable.
-¿A que hueles?- dijo alzando una ceja.
-Me he comprado un jabón nuevo- y él ciegamente creyó sus palabras para ahorrarse dolores de cabeza.
-Pero si este es de hombre.
-Lo sé, me he dado cuenta cuando estaba en casa -mintió- fue el primero que vi y lo compré - mintió más descaradamente porque había elegido
esa botella con mucho esmero de entre todas las demás y sabía perfectamente que era masculina.
-Ah. Si quieres ya me la quedo yo y la uso.
-Da igual, tampoco me molesta oler a esto. Si el único que tiene que olerme eres tu. - Y le sonrío. Esa sonrisa le pareció una copia del mismísimo astro rey y valía más que todo el oro de este mundo. Aurora no las dibujaba de este tipo desde antes de la muerte de su padre, hacía ya dos semanas.

Quizás al fin y al cabo la balanza entre ellos dos no estuviera tan desequilibrada. Tras el comentario, la besó.
-¿Que vas a hacer esta tarde?
-Tengo que ir a comprar una
cosa.
-Vale, tengo que irme. Llámame si necesitas algo, ya sabes donde estoy, solo he pasado para ver como estabas.
-De acuerdo.- Se volvieron a besar con ternura.
-Te quiero - susurro cuando estaba cerrando la puerta.
-Yo también te quiero mucho- pero ya estaba cerrada.