Mostrando las entradas con la etiqueta Amsterdam. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Amsterdam. Mostrar todas las entradas

24 de diciembre de 2010

Martes 19 de Octubre de 2010

Nada más llegar fuimos a la cola de cierta aerolínea que por cortesía me ahorraré decir el nombre. Pues estábamos allí cuando una mujer uniformada nos preguntó si viajábamos a Barcelona. Ante la afirmativa dijo que estaba cancelado y que por favor fuésemos al mostrador de información. Como había mucho lío hablamos con otros afectados quienes nos dijeron en inglés que si nuestro deseo era regresar esa misma tarde-noche teníamos que pagar otro pasaje. Así que fuimos a los mostradores de otras dos aerolíneas. Una ya había vendido todos los billetes. Pero la otro no. Tuve que ponerme al teléfono con un amigo de mi padre porque tenía que darme información acerca de su Visa porque la de mi padre le faltaba el pin. Al final conseguí hacerme entender con el oficinista y nos dieron los pasajes. Entonces si fuimos al mostrador inicial para "cancelar" nuestro viaje. Fuimos a embarcar pese a que faltaban todavíados horas. Pero mejor era estar dentro que fuera.
 


Ese día pretendía asemejarse al anterior. El niño tampoco tenía clase esa mañana. Pero no fue igual al lunes porque a las 10 vino John y nos dijo que no tenía trabajo y que si íbamos a salir nos prestaba su bici. (La del canasto.) Quisimos ir pero empezó a llover fuerte y eso hizo que mi padre se negara a ir con ese chubasco. Cuando amainó la lluvia si nos fuimos. Yo sentadita en el canasto iba dando instrucciones a mi padre con el mapa en la mano. Y nos fuimos al Amsterdamse Bos. Un parque que en su época era un embarcadero. Por primera vez vimos la perspectiva de los ciudadanos de la ciudad. Y experimentamos en nuestras carnes la sensación de superioridad frente a los peatones y ¡coches!. Cosa jamás vista en nuestras ciudades.
Así pues llegamos al parque a través de los carriles bicis que tanto abundaban, y si no los han quitado todavía abundan. Era el parque más bonito que mis ojos han contemplado desde que salieron de su placenta. Y lo digo de verdad. En mi vida había visto un parque, ¡en la ciudad!, que tuviese tanto esplendor, que fuese tan salvaje como un trocito de bosque. Si, eso era. Era un trocito de bosque que había sido puesto ahí. Fuera de contexto. Sin adaptarse al ritmo de la ciudad. Huelga decir que ese trocito era cuidado meticulosamente por los jardineros. Estuvimos poco tiempo allí porque el viaje era largo. Yo desde mi lujoso vehículo hacía fotos con las que gozaba de una manera que a punto estaba de sacar la lengua...
A las doce y media regresamos porque a la una teníamos que salir en dirección al aeropuerto. Mi padre quiso pararse para comprar nosequécosa e hizo que me pusiera muy nerviosa porque eso era un retraso más. Llegamos a la una en punto y a la una y cinco acabábamos de preparar un revuelto con jamón y demás. A las 13:06 habíamos acabado de comer. Como el aeropuerto estaba muy cerca en cinco minutos llegamos ahí.
Mientras esperábamos conocimos a un chico, llamado Fran. Que era veterinario al norte de Holanda. Y nos contó que cuidaba focas y eso. Y hasta nos enseñó en su portátil un vídeo de su propia producción en plan diapositivas de las focas, su tratamiento y cuando las dejaban ir al mar.
Más tarde también conocimos a Loli y Núria otras afectadas con las que entablamos conversación.
Embarcamos y durante todo el viaje yo dormí como una pequeña marmota.
Al llegar, comprobé con mis propios ojos que estábamos en la T2. Y mi padre en media hora tenía que embarcar en la T1. Conclusión: Misión imposible. Yo le dije que me quedaba para recoger las maletas y que luego iría a la T1. El se fue y yo me quedé un rato para esperarlas.
Cogí el bus y me lo encontré en otro mostrador de otra aerolínea. Había perdido el vuelo. Le dejé las maletas y tras llamar a mi madre le dije que tenía que irme.
Mi viaje acabó aquella noche. El suyo al día siguiente a las ocho de la mañana.
Yo regresé con mi maleta en coche y dormí plácidamente con ganas ya de ver a mi gente. Y él regresó en avión, luego en coche y luego a dormir antes de ponerse a trabajar otra vez. Yo tuve suerte. Él no tanta.

Espero que os haya gustado mi segundo viaje a Amsterdam y que no haya sido muy pesado. Sed críticos porque no será el último =) 
Y mañana Navidad y el Amigo Invisible. 

22 de diciembre de 2010

Lunes 18 de Octubre de 2010

Ese día mis tios se iban de vuelta a España. Nosotros todavía no. Justo ese día el mayor de los niós tenía fiestaen la escuela y sus padres trabajaban y sus abuelos se habían ido. Entonces ¿quien hizo de canguro? Nosotros.
Obviamente no podimos dar un no por respuesta tras su acogida en su casa y habernos dado de todo y pagado los billetes de avión.
Me fastidió mucho porqué lo tenía todo organizado al detalle, lo que comeríamos, donde iríamos... Todos los otros días que no había niños que cuidar ibamos de improvisación en improvisación. ¡Para un día organizado que tenemos y se viene abajo!

Cuando mi padre no usaba el ordenador le ponía dibujos animados en YouTube para que estuviese entretenido. Pero mi padre tenía que trabajar y entonces él jugaba solito. Me dio lástima verlo jugar sin su hermano, con el que podría estar horas jugando. Tampoco pude evitar comparar mi infancia con la suya. Tengo los vagos recuerdos de una chiquilla feliz jugando con su primo a falta de una hermana con la edad adecuada para pasar el rato. Mi primo y yo no precisábamos elctrónica para divertirnos. Quizás una película de Disney por la tarde y ya estaba. Pero jamás toda la mañana o tarde. Nosotros nos valiamos con la sola idea de pensar que eramos animalitos salvajes y mil cosas por el estilo. E incluso cuando estaba sola, con los playmobils ya me bastaba. Y él no. Ni solo ni con compañía. Porque no os penseis que cuando estaba con su hermanito solo jugaban. ¡Que va! Si había dibujitos en la pantalla mejor que mejor.

Entonces se acercó la hora de comer y mi padre y yo fuimos a cocinar. Pero nos encontramos con un pequeño gran dilema.¿Que le cocinas a un niño pequeño? Yo, que nunca he preparado nada no tenía ni la más remota idea, y mi padre como que cuando yo era niña me daba comida y fruta triturada, tampoco la tenía. Vimos que mi tía había dejado puré hecho pero como el niño no lo quería le preguntamos que prefería y nos contestó que papilla. Segundo pequeño gran dilema: ¡No sabíamoscomo preparar la dichosa papilla!
Tampoco podíamos prepararla siguiendo las instrucciones del dorso del paquete porque estaba en holandés, y para colmo el no quería esa; él quería la papilla española. Ni sabía que podía haber una papilla holandesa y una española...
Desesperada, tras fracasar con un intento de papilla, llamé a su padre que me dijo que le diera el puré tanto si quería como si no. No quiso pero le sobornamos con un actimel con la condición de que tenía que acabarselo todo. Y tuvo su efecto.
Después de comer mi padre fue a trabajar y el chico me pidió que le leyera. Al principio pensé: "Genial porqué me gusta leer". Pero luego que no es lo mismo leer para uno mismo que para un niño. Creo que a pesar de esto me fue bastante bien porque me entendió y yo fui capaz de reducir la velocidad, adornar y modificar algunos apartados.
Y finalmente terminó el día conmio tranquila tras la llegada de su padre.
Ese día no vimos ningún documental y preparamos la maleta para el día siguiente

16 de diciembre de 2010

Domingo 17 de Octubre de 2010

Si fuese mi padre quien escribiera esto diría: "Por fin el gran día, solo 42 km". Y mientras lo dijera reiría con su habitual naturalidad. Mi padre de cincuentaicinco años se caracteriza por tener un carácter jovial, bromista y decir muchas tonterías sin ton ni son. Pero cuando digo sin ton ni son me refiero a que te viene tan tranquilo y sin que te lo esperes te da en la barriga (suave) como si quisiera hacer Kung Fu. Y además die "Wan Chú" como si de verdad lo estuviera haciendo. Puede que mi padre no parezca por la forma de ser un hombre de su edad convencional pero me gusta que no sea como debería y tampoco puedo decir que es diferente a los otros padres porque no se como son todos esos padres. Yo sé del mío y le quiero.
Este padre se fue a las siete u ocho hacía el Olympic Stadium. Pero ni fue andando ni fue solo. John le llevó en bici. Pero no era una bici corriente. Era una bici que delante donde tendria que ir la rueda hay un canasto para sentarse los niños y debajo de este la rueda y mi padre estaba sentadito ahí.
Después de desayunar a una hora más tardía,las nueve o eso, fuimos al Vondelpark donde se hallaba el quilómetro 40. Tras una hora de ver pasar corredores de todo tipo y edades, fialmente llegó. Y al saludarle nos soltó su frase más célebre:
-¡Hay que atacar!
Digo célebre porque donde él vive cuando corre lo va diciendo a los otros atletas para animarles. Hay que atacar equivale a un simple Vamos.
Más tarde fuimos a comer y poco más tarde llegó el maratoniano. Nos dijo que había hecho 3:35:42. Y para aquellos que no entendais, está bastante bien. Y tened en cuenta su edad y que las mejores marcas las hizo a los 47 años.
Descansado mi padre y sus pies a las cinco lo saque a pasear. Adivinad que parque atravesamos. Dudo que hagais fallado, efectivamente era el Vondelpark. Fuimos a Leidseplein i luego al Centrum donde merendamos divinamente en la Croissanterie-C'est Magnifique. De regreso pasamos por una cadena de supermercados bastante conocida: Albert Heijn. Compramos varias cosas para cenar y nos pusimos a andar. Como des de las cinco no había ido al baño a las ocho mi vejiga me estaba matando. Y ya me teneis a mi andando a pasos agigantados por la necesidad. Implorando rapidez a mi padre y suspirando por un lababo. Por el camino mi madre me llamó para saber notícias mías. Pero la suerte no le sonrió pues mis ojos vieron el paraiso y le dije adiós en pocas palabras pasando el parte de que estaba bien. Como muy bien comprendereis yo había visto un lavabo público y mi alegría me superaba. Vacía y ligera, llegamos y cenamos y siguiendo la tradición vimos un documental.

8 de diciembre de 2010

Sábado 16 de Octubre de 2010

Aprovechando la tregua climatológica con frío, viento y nada de lluvia, fuimos mi padre y yo a dar un paseo. Primero nos dirigimos al Olympic Stadium en el que tuve que echar mano de mi inglés para averiguar donde se conseguían los dorsales, el sitio en el que se pagaba y otros datos. Resueltos los detalles relacionados con la Maratón pedí a cambio a mi padre ir al Centrum. Usando el mapa llegamos al Apollollan y a pesar de tener a mi disposición el mapa estuvimos media hora vagando por la enorme calle Apollollan. Y como tendría que hacer incontables de veces durante ese viaje pedí información a los holandeses, que con amabilidad me mostraban la dirección adecuada.
Calle Apollollan 



















Después de nuestra desorientación momentánea, llegamos al Centrum. No sin antes observar la fachada impresionante del museo Van Gogh, al igual que la del Rijksmuseum.
Una vez en el Centrum fuimos al famoso círculo de canales característico de esa ciudad. Estábamos en Prinsengracht, cerca de la casa nº 496 y yo tenía la intención de ir a la 191. Con muchísimas quejas de mi padre, aun así fuimos. Tuvimos que andar un buen trecho durante el cual pasamos por delante de la casa de Anna Frank. Llegamos al 191 que correspondía a un restaurante de crêpes con tradición holandesa, o eso decía. No pudimos comprobarlo porque estaba lleno. Mientras esto tenía lugar el reloj marcaba la una y nuestros estómagos lo notaban. Como estábamos un poco lejos del centro donde se hallan los restaurantes intentamos atajar con pésimos resultados. Y al tiempo que nos dirigíamos a ese lugar fuimos sorprendidos por una lluvia fuerte que nos obligó a refugiarnos bajo el porche de una librería, pero no más de cinco minutos. Tras toas esas peripecias llegamos al dichosos centro y comimos en un delicioso restaurante italiano. Me atrevería a decir que comí la mejor lasagna de mi vida.
Llenados nuestros buches anduvimos hacía el Vondelpark con la determinación de cruzarlo enterito y luego ir al apartamento. Si hubiésemos sabido que a mi padre le iban a salir vejigas el día antes de la Maratón quizás no hubiésemos ido. Pero no lo sabíamos y fuimos por los caminos del hermoso parque. Durante la caminata me deleite haciendo fotografías a diestro y siniestro de todo lo que se atrevía a posarse ante mi ávido objetivo. Bicicletas, perros, árboles, personas, luces...
Esa noche con los pies descansando en zapatillas vimos otro documental que nos hablaba de la vida en los bosques.
Uno de los estanques del Vondelpark

7 de diciembre de 2010

Viernes 15 de Octubre de 2010

Mi prima y yo nos levantamos a eso de las ocho para ir a buscar a mi padre. Cogimos el tren y en cinco minutos estuvimos en el aeropuerto. Pero pasó un poco más antes de que viésemos a mi padre. Iba cargado con una maleta y dos ensaïmadas. Por supuesto mi prima se ofreció, amablemente, a llevarle los dos deliciosos paquetes.
Cuando llegamos al apartamento, y después de los respectivos saludos, acomodaron a mi padre en el sofá para que durmiese un  poco. Casi no había pegado ojo en toda la noche. Nos explico que se fue a Plaça Catalunya a dar un paseo, normal, el pobre hombre debía de estar desquiciado ante la idea de pasear, comer y dormir toda la noche en la terminal de un aeropuerto. Así que se fue a a ciudad, cenó de un bocata y regresó para echarse a dormir un poco y luego embarcar a las seis de la madrugada.
Al cabo de dos horas durmiendo decidí llevar a mi padre a dar una vuelta y fuimos al Vondelpark, el parque más céntrico de Amsterdam. Que conecta unos cuantos barrios con el Centrum. Antes siquiera de llegar empezó a llover yo que llevaba gorro casi ni me inmuté pero suerte que llevaba paraguas para mi padre, que él no tenía nada. No llevábamos ni diez minutos andando por el parque que mi padre se puso pesado para que volviésemos al piso. Y lo hicimos, quedándome con ganas de ver más. Poco sabía yo que ese lugar sería el que más me conocería de toda la capital holandesa.
Abriendo la puerta nos dio la bienvenida el olorcillo de pollo que mi tía cocinaba. John trabajaba en su estudio con otro hombre así que decidimos pasar de largo y no molestar. Empezamos a comer y Pili nos dijo que en terminar se iría al aeropuerto con destino Guatemala, y que luego iría a El Salvador.
No llevábamos mucho rato comiendo que los hombres de negocios vinieron y el desconocido fue invitado a sentarse y comer con nosotros. Se sentó a mi lado, y a decir verdad me intimidó un poco. De primero solo hablaba holandés con Pili y John en holandés. Pero cuando estos dos se fueron al aeropuerto dejó de hablar. Mis tíos se pusieron a hablarle, a lo que él contestaba con cara de no entender ni una palabra. Y entonces empecé a traducirselo  todo en mi inglés de nivel medio. Por suerte pudimos entendernos bastante bien con ayuda de ademanes y definiciones para substituir las palabras que ninguno de los dos sabíamos.
Finalizadas las preguntas de mis familiares tuvimos una agradable conversación acerca de varios temas. Como por ejemplo los trabajos, los idiomas, nuestros respectivos países...
Luego volvió a su trabajo. Mis tíos se pusieron a leer, los niños a dormir y mi padre también. No me acuerdo de lo que ice pero desde luego que no debe tener más importancia.
Más o menos a las ocho John y yo fuimos a ver si encontrábamos una cama inchable. Cuando estábamos en el coche intentamos tener algunas conversaciones en inglés. Pero como siempre eran muy triviales y poca cosa. Hablábamos del clima (lluvioso en ese momento), de Holanda y de España...
Con poca suerte volvimos con las manos vacías pero con los abrigos mojados.
Sin preocuparnos mucho cenamos y vimos un documental acerca de las cuevas. Mi padre y yo dormimos ambos en el sofá.

13 de noviembre de 2010

Jueves 14 de Octubre de 2010

Saber que tienes que partir cuando todavía falta toda la mañana, hace que el tiempo pase a un ritmo tríplemente lento que el que marca el reloj.
En clase tuve que hacer un examen pues lo harían en mi ausencia. Estaría el jueves, el viernes, el lunes y el martes. Claro que el fin de semana también pero eso no me afectaría a las clases.
Como cada jueves salí a la una y bajé con mis amigas. Nada más llegar comí y acabé de arreglar cuatro cosas.
Cogí el tren que va directo hasta el aeropuerto del Prat. Durante toda la hora del trayecto estuve leyendo "El Ocho" de Katherine Neville, en catalán.
Mientras estaba en el tren mi padre me llamó diciendome que su vuelo de AEuropa, que salía a la una, había sido cancelado debido a una avería del avión. Pero que a pesar de eso tenía un vuelo para las tres.
Llegué a la T1 a las cuatro y algo. Llamé a mi padre y me dijo que embarcará. (Cuando regresé a casa y se lo expliqué a mis amigos se quedaron alucinados de mi reacción que fue:) Sacar el billete y pasar el control de seguridad.
Obviamente un poco de cosa si me hizo. No es lo mismo un vuelo nacional de media hora que uno internacional de dos horas. Pero puse todo de mi parte para no hacer de aquello un drama.
Para matar el tiempo que faltaba seguí leyendo. De repente mi móvil sonó y al contestar, mi padre me dijo que el vuelo se retrasaba para las seis, justo la hora que salía nuestro vuelo.
Y yo, ingenua y cándida, pensando que mi viaje sería tan agradable y placentero que casi no tendría nada para contar...
Antes de embarcar mi padre me dijo que había conseguido un billete para el día siguiente a las seis de la mañana.
Embarqué y me senté a leer. No levanté la cabeza hasta al cabo de dos horas.
El aeropuerto de Schipol es el más grande que he visto en mi vida. Tardé bastante más de 5 minutos a llegar al sitio donde se recogían las maletas. Pasé de largo y salí. Lo primero que se me pasó por la cabeza fue que qué haría en caso de necesitar llamar a mi prima. Para empezar que mi móvil no podía llamar fuera de España y segundo que el móvil de mi prima Pili no funcionaba. Tuve la suerte de ver a Pili y a John, su marido, al Arrival Hall. Pese a que John a penas me conocía me dijo que estaba contento de que estuviera allí. Pili por supuesto también.
Les expliqué brevemente lo ocurrido con mi padre y nos fuimos. Con mi prima hablaba, claro está, en español. En cambio, con John hablaba inglés. A veces intentaba hablar un poquito de español pero le resultaba más cómodo del otro modo.
Su casa no quedaba a más de diez minutos. La sorpresa fue mía cuando vi a los padres de ella, mis tíos. También me sorprendió ver al pequeño despierto. John y Pili tienen dos hijos. Jordan de 4 años y Morgan de 2. Después de cenar jugamos un poco con Morgan y luego lo acostaron en la cama de los padres. Mis tíos y yo nos pusimos a ver un documental por Internet a cerca de los abismos del Pacífico.


Siento haberme enrollado con tantas cosas, pero es que quiero poder leerlo dentro de unos años y saber que es lo que hice.
Por si les interesa les dejo la página de los documentales que está muy bien http://www.documaniatv.com/

7 de noviembre de 2010

Viaje a Amsterdam

Viaje a Amsterdam


Dentro de nada publicaré mi diario de viajera. Que ya le pillo el gustillo. Jajaja!
Pues eso, solo avisaros de que no habrá tiempo para reflexiones sentimentales, solo dedicaré mi blog al viaje hasta que lo acabe.
Espero que os guste.

Diseño de Marie April para Una Little Writer © Todos los derechos reservados