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3 de enero de 2012
Embriaguez
Era noche-vieja. Reyna ya estaba lista. Fue a ver a Fiz y le enseñó el precioso vestido que llevaba dando vueltas sobre si misma mientras el pelo le volaba libremente durante un breve instante. El vestido le sienta fenomenal y le realza cada centímetro de su cuerpo que está cubriendo. Unos zapatos de tacón ensalzan su figura. Fiz debe censurar más de un pensamiento subido de tono. Se odia a si mismo cada vez que ocurre.
Pasada la medianoche se reúnen con un grupo de amigos. Bailan al son de la música cantada por un grupo de jóvenes de veinte años. Reyna ya lleva alcohol en su cuerpo, Fiz va sobrio. Ya empieza a hacer efecto en ella, baila salvajemente, sus miradas son descaradas y mentir empieza a dársele francamente mal.
-¿Has visto a ese tío? ¡Está como un tren! - dice casi gritando para que lo escuche su amigo. Pero no es el único.
-Estás borracha. - Dijo con voz neutra y cara inexpresiva, hoy no estaba de humor
-¡No! A ti te pasa algo, en serio. Llevas días estando muuuuuy raro. - Acaba medio riendo porque ahora todo lo parece gracioso.
-¡No me pasa nada!
-He notado que me miras diferente.
-Has bebido.
-Antes ya lo he notado. Y que me evitas, ¿acaso te he hecho algo?
-No. Ahora déjalo ya.
Más tarde, cuando faltaba poco para que saliera el sol y Reyna iba más bebida aún, ésta le susurro a Fizz al oído:
-Voy tan borracha que ahora podrías aprovecharte de mi y hacer lo que quisieras conmigo, y probablemente no me acordaría de nada.
Fizz se limitó a abrazarla, cuando cayó rendida se la llevó en brazos, cargándola todo el camino hasta su casa.

28 de diciembre de 2011
Imaginaciones
Suena el teléfono.
-Mamá, cógelo tú. Yo estoy viendo la peli - grita la hija
Al cabo de un par de minutos su madre hace acto de presencia en la sala de estar.
-Fiz, era tu madre. Tus padres van a cenar fuera, no te importa quedar a dormir en casa, ¿verdad?
-Mm...en absoluto. - y sonríe
-Perfecto, ahora voy a poner el colchón en la habitación de Reyna.
Ella interviene:
-¡Que si mamá! - dice alargando todas las vocales, cansada - ahora déjanos acabar la peli que está justo en el mejor momento.
No es la primera noche que Fiz duerme en casa de los Sanz, pero siente que algo ha cambiado. Hacía tiempo que no quedaba a dormir, un año aproximadamente. Ya no son los dos niños de antaño, ya no son inocentes criaturas que hacen pasar las horas a base de interminables juegos infantiles. Tienen cerca de dieciséis años y la piel de infante quedó largo tiempo atrás. Bien que lo sabe él.
Más tarde esa noche, bajo una colcha que huele a lavanda, no consigue conciliar el sueño. Reyna duerme en su cama y él, en el suelo en un colchón. Pero lo que no le permite dormir son sus propios pensamientos. Le turba el hecho de, casi, haberse excitado con su mejor amiga. Contempla el techo liso y una ráfaga de imágenes atraviesan su mente. En todas se halla ella. Al principio son simples recuerdos, luego imaginaciones. En una están ambos cara a cara, compartiendo el mismo aire mientras las distancias entre sus narices se acorta. Sus bocas están peligrosamente cerca, escasos centímetros que él se ocupa de hacer desaparecer.
¡No! Cierra los ojos con fuerza y menea la cabeza para sacudirse esa imagen que parece entestada en permanecer viva. Abre los ojos y se da cuenta de que está frente a frente con el rostro de Reyna con una expresión de tranquilidad. Desconcertado le da la espalda y se aleja hasta el borde de su colchón hasta que llega a sentir el frío mármol.

12 de diciembre de 2011
Las chispas pueden provocar incendios
El televisor está dando la lata. Lleva así largo rato, desde que pausaron la película para dar la irritante publicidad. Reyna se inclina para poder llegar al control remoto sin tener que levantarse. A su lado está su mejor amigo, Fiz. Ambos en pijama, tumbados en el sofá y con acogedoras mantas cubriéndoles las piernas. Ella está contenta de que haya tanta confianza entre ellos dos, le gusta poder ir en pijama y con el pelo de cualquier manera sin tener que preocuparse un solo segundo de como debería lucirse. Le encanta esa situación desenfadada.
Con la punta de los dedos consigue acercar un poco más el mando y finalmente, tras un par de intentos, lo consigue. Su pijama blanco a rayas grises finas y claras es insinuante. Le va pequeño. Se le sube a cada movimiento que da y los pechos de mujer adulta se le marcan notablemente. Los botones están desabrochados y el escote es provocativo. Es traicionero, porqué al inclinarse se le sube, el escote deja a la vista más de lo que debería ser mostrado y se ciñe aún más a su esbelta figura. Fiz, es un chico, uno cualquiera y ante tan tentadora imagen delante de sus mismísimas narices no puede ignorarlo. Le mira el escote y le enciende por dentro. Reyna, ignorante de todo cuanto está sucediendo en tan solo un par de segundos, baja el volumen. Fiz sigue mirando sus pechos, de repente, como volviendo de un trance, despierta. Retira inmediatamente los ojos para fijarlos en el monitor. Un rubor enciende sus mejillas poderosamente y su cuerpo se tensa. La chica le mira extrañada pero no le da mayor importancia y sube el volumen porque la película empieza de nuevo.

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