
Luego volvimos al pueblo de Douz para ver el zocco, el mercado. Ahí nos compramos una maleta porque no nos faltaba espacio. Quizás piensen que fue una estafa o algo parecido o una mala compra pero de hecho no fue así. Obviamente era una imitación de las marcas alemanas, inglesas, chinas y japonesas. Dentro de esto compramos la mejor imitación alemana con ruedas de goma, de las que mejor ruedan. Al cabo de dos meses todavía está entera.
Ese día hacía un calor horroroso y nada más llegar al hotel todos los del grupo se metieron en la piscina incluido nosotras. Era una piscina demasiado profunda para mi. ¡¡Yo bajita y con otitis, vaya una mala combinación!! Estábamos mi hermana, Beatriz y yo. Ella nos estaba enseñando nuevas palabras en portugués y nosotras le ayudamos cuando no sabía pronunciar algo en español. Entonces conocimos a Ana. Una niña de Barcelona que tenía 10 años. Nos hicimos muy amigas también.
Me senté encima del animal, justo detrás de la joroba donde había como un pequeño puff con mantas. Dí unas palmadas al pelaje del dromedario. Más que pelo tenía como pelusa por el cuerpo. Cuando lo palmeé una nubecilla de polvo despegó de él. Los hombres que se encargaban de ellos tiraron las cuerdas para que se levantasen, antes de que nosotros tuviésemos tiempo suficiente para acomodarnos mínimamente para no destruir nuestras pobres ingles con el paseo. Y cuando el hombre tiró de la cuerda el dromedario no se levantó primero las patas delanteras y luego las traseras o de manera regular. Nada de eso! El animal levanto sus traseras haciéndome inclinar de tal manera que si no llegaba a agarrarme a una ansa me hubiese caído de bruces en la arena. Y luego levantó la cabeza. Pero lo gracioso es que no es un movimiento suave es una cosa tan brusca que no te da tiempo a reaccionar, mucho.
Íbamos de cuatro en cuatro. Casi pude sentir como las patas del dromedario pisaban la arena del mismísimo Sahara. Pero esta vez lo veíamos desde otro sitio. No parecía ni el mismo. Tenía un lujo; un oasis al lado.
En esta última foto se puede ver lo que antes no pude explicar: la inmensidad del desierto. Es difícil mirar y en km no ver nada. Pero ni un árbol, ni un oasis; nada!
Mientras paseábamos yo me entretenía, a parte de maravillarme con el paisaje, tocando el animal. Hay quien dice que no es cauto, pero como vía que ni se quejaba y ni siquiera se giraba pues le tocaba las orejas. Fue muy divertido cuando el dromedario de mi madre le entró picor por la barriga, y con la pata trasera intentaba rascarse y en vez de a él rascaba a mi madre. Sobretodo cuando mi madre empezó a gritar <<¡Ah! ¿Pero que demonios hace este bicho?¿Qué hace?>> Y ella moviendo las piernas y agarrándose tan fuerte que al día siguiente tuvo la palma de las manos llenas de ampollas.
Eran las 7 o algo por el estilo.
Y ya estábamos regresando después de un paseo de casi una hora. Le dábamos la espalda al sol. Y me giré y vi la puesta de sol, sin una nube, en el desierto de arena más grande de todo el mundo. Fui afortunada de girarme y ver la puesta de sol en el desierto del Sahara. Veía como ese disco rojizo, anaranjado, rosado... con tantísimos colores...! Y lo veía como iba bajando al tiempo que doraba la arena del territorio y como cada vez había menos y menos luz del astro Sol. Cada vez menos hasta que acabó por esconderse detrás de las dunas y se fue al otro lado del mundo. Pero todavía había luz tras la puesta de sol.
Me giré, porque, todo sea dicho andar en un dromedario con la cabeza girada es una postura incomoda. Me giré pensando "Has visto la puesta de sol, no solo eso, la has visto en África, en el Sahara".
Cuando llegamos al hotel nos encontramos con la familia portuguesa de Beatriz. Ellos no querían ir porque ya habían ido en Egipto y no les fascinaban los animales en general. En el bar nos encontramos, mi hermana y yo, con Beatriz, su Madrina y un chico que se llamaba Adriano que no era de su família pero que era de las Islas, como ellas. Hablamos un poco, porque Adriano hablaba de una manera aún peor, si se puede decir así. Peor no, pero más difícil de entender sí. Nos explico que había estado por casi todo Europa y que en total había viajado por 30 y pico países.

