12 de agosto de 2011

Magia negra

Me moría de calor ahí sentada en el vagón del tren. Las piernas se adherían al asiento y la ventana abierta poco bien me hacía. Así que me fui a fuera. Era uno de esos trenes antiguos de hace casi un siglo y que entre vagones hay un espacio para estarse. Antes de entrar en el túnel tuve suficiente tiempo para empaparme de la belleza de las vastas tierras que me rodeaban. Campos y pequeñas casas desperdigadas y más lejos, las montañas. Cuando por fin entramos y la luz queda atrás me dispongo a que la hermosura de la oscuridad me envuelva.
Las paredes parecen correr justo en mis narices como si quisieran igualar, en vano, la velocidad del viento. La luz que proviene del vagón queda reflejada en la piedra y veo como las sombras danzan rápidas. Pronto caeré bajo el influjo de las tinieblas. Siento como el aire helado penetra bajo las faldas de mi vestido y asciende abombandolas. Alborota mi pelo casi con violencia y mi cuerpo se zarandea sin voluntad a pesar de agarrarme con las manos en los barrotes. Entrecierro un poco los ojos, lo suficiente como para ver, pero las imágenes se difuminan.
Las paredes lisas continúan pasando. Parpadeo. De repente me parece que se han tornado rugosas. Parpadeo. Creo haber visto un brillo, como si fuera nácar. Por alguna razón la situación se vuelve inquietante para mi. Ahora sé seguro que hay brillo en las paredes, sé que si extendiese mi brazo, las yemas de mis dedos percibirían una superficie resbalosa. Me estremezco sin razón aparente. Cierro un poco más los ojos y las sombras de la pared se metamorfosean. Esas figuras danzantes oscuras son fantasmas. Figuras fantasmales que viven donde las paredes brillan lejos de la luz. No puedo más y cierro los ojos. Mi cuerpo se mece con demasiada fuerza adelante y hacia atrás.
Entonces, ¡una mano! Me roza el hombro. Abro los ojos desmesuradamente y de inmediato. Miro y veo que alguien hace señas. Me advertía que estaba demasiado lejos y que estaba sacando mucho mi cuerpo hacia fuera. Me giro, me aparto y sonrío para mis adentros.
Suerte de esa advertencia, pues estaba a punto de caer en los brazos de las tinieblas.

5 pequeñeces ♥:

Veritas dijo...

Sería genial que existiese una atracción así en un parque temático. Es estremecedor, suerte que el/la protagonista contaba con una mano amiga cerca ^^

Dangereusse dijo...

Me ha gustado mucho , esos brazos salvadores.
Los viajes en tren siempre tienen algo mágico.

Daniel Marcos dijo...

Te contesto por aquí al comentario en mi blog. Realmente ni yo mismo sé si María muere, no muere, estaba soñando... o qué. El caso es que mi intención era dejar descolocado al lector y hacerle que el mismo imaginara e interpretara el final, y veo que lo conseguí.

Un beso.

♡ Soñadora Compulsiva !.- dijo...

Muuuy lindo!♥

galmar dijo...

Me gustan los trenes, pero en tu relato, daba un poco de miedo :)
Las fotos las hice con el móvil, por eso no son muy buenas, no tiene zoom, así que aunque tiene 5 megas los detalles no se aprecian bien (pero para eso tenemos la imaginación:)
Un beso muymuy grandeeeee :)))

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