Estaba sentada en el borde de la piscina; pataleando. Le gustaba oír el sonido que hacían sus pies al chapotear en el agua. Estaba absorta fijándose en los rayos de sol que caían sobre las ondas del agua que se expandían. Las bellas líneas que formábase sobre lo transparente, el suelo embaldosado parecía tener vida pues un sinfín de reflejos del agua, el sol y una combinación de ambos danzaba sin parar. Movió los pies con más fuerza para hacer más ruido y deleitarse con él. Estaba tan concentrada en ese placer en miniatura que no se dio cuenta de unos pies mojados que se movieron detrás suya de manera cautelosa.
Antes de que pudiera darse cuenta de lo que pasaba unas manos tocaron su espalda, iba a girarse, pero esas manos masculinas no le dieron tiempo a hacer tal cosa. Con fuerza y al mismo tiempo con suavidad la empujaron hacia delante. Su cuerpo dejó de sentir el soporte de antes y sus piernas se encontraron con el agua. El momento antes de que el agua la cubriese por completo le robó un gritó de la garganta. Involuntario y sorprendido. Xaf! Salió desconcertada a por aire y se tiró los pelos hacia atrás para poder ver de hito en hito al culpable. Dicho culpable se hallaba frente a ella. Lo primero que vio son sus pies, subió la mirada con rapidez, pero en su mente las imágenes pasaron a cámara lenta. Sus piernas fuertes, el bañador negro y mojado que se le cogía a la piel, el torso musculado y moreno, sus brazos dejados caer a cada lado, sus bíceps marcados pero sin llegar a ser exagerados, sus anchos hombros, su cuello y luego; su cara. Al parpadear una gota se desprendió de sus pestañas. Ambos ojos se encontraron.
Pam exhaló aire.
-¿Por qué has hecho eso?
Él lució sus sonrisa más pícara cuando dijo:
-Era una tentación que no podía resistir

Él recibió una respuesta húmeda de ella. No una, si no varias veces ella le salpica. Pero no hace sino ridiculizar la situación.
-Cuando salga de aquí, verás...
-¿Qué me vas a hacer tú?
-Yo...mmm...¡ya verás! - Titubea y aseguraría que sus mejillas están cubiertas por un suave rubor.
Inesperadamente él se agacha y le dice en voz suave:
-Estoy impaciente.
Ella se sumerge en el agua y no sale ni para tomar el aire que necesita hasta llegar al otro lado de la piscina.