-Hola - dijo él con una sonrisa radiante.-Hola. Hoy estás de muy buen humor. - observó ella devolviendole una sonrisa del mismo nivel.
Casi nunca se hablaban y eso que se veían dos veces a la semana. Pero él a menudo encontraba mil distracciones a parte de ella. En cambio Pam si que deseaba ese contacto, pero con el chico se mostraba tímida y reacia a dar el primer paso. Más tímida que reacia. Cada día se le ocurrían centenares de cosas que decirle, interrogantes que presentar y risas para compartir. Por no hablar de las miradas...
Él se dirigió al trampolín y el momento antes de zambullirse, ella tuvo tiempo de darse cuenta de lo guapo que era y el atlético cuerpo que tenía. Lo único que no le gustaba de él era su humor cambiante cual la luna. Cuando el agua la salpicó tomó una decisión: le pediría el número de teléfono antes de que acabara todo. O sino se maldeciría a si misma durante mucho, muchísimo tiempo.

5 pequeñeces ♥:
gracias por pasar!!!!
se sienten buenas energías en tus palabras.
¿pedir el numero de teléfonno?
Eso no es fácil....
Yo haría otra cosa más sencilla.. jaja
Cuantas veces me ha pasado esto, miradas, pero no sabes lo que el otro piensa, además a veces ni se dacuanta de que estas...
buff...
BEsitos
Me ha recordado a una escena que viví el año pasado con el número de teléfono...espero que tenga valor, no es fácil.
Un beso.
Espero que Pam tenga suerte y lo consiga :)
Bss
Jajaja, eso nos pasa a todas. Nos da corte, pero es bueno que Pam tome esta decisión y esté tan determinada a hacerlo.
Joana
www.lasmejorescosasalamanecer.blogspot.com
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