20 de abril de 2011

Aurora 5º

Vio lo que andaba buscando. En la bañera había unas cortinas viejas y desgastadas. Antaño eran de color azul y amarillo, pero ahora los colores se habían apagado y solo quedaba el recuerdo de Aurora. No es que tuvieran nada especial en sí, eran unas cortinas que carecían de belleza alguna y con el paso del tiempo solo se habían afeado. Pero no era el hecho de que esa tela de plástico tuviera algún encanto, que su diseño fuera original o cualquier otra característica. No tenía nada que ver. Lo más especial de ellas era que quedaron empañadas de agua y jabón y de recuerdos y amor. Todavía se acordaba de el día que su padre las fue a comprar y de los malos comentarios que recibieron por su parte. Su padre siempre había tenido un gusto pésimo. Al pensar eso una sonrisa amarga apareció en su rostro.
Se encaramó a la ducha y haciendo equilibrios quitó uno a uno los enganches. Por cada uno que quitaba este le quitaba a ella una lágrima. De esas que duelen, de las que te desgarran de dolor y te descomponen el rostro. No eran para nada esas gotitas indefensas que caen en un segundo y no dejan más que la sal. Esas eran duras y en lugar de caer resbalaban por sus mejillas con fuerza marcando bien su recorrido. Cuando hubo acabado bajó de un salto y salió disparada de la habitación, corrió como si le fuese la vida hasta alcanzar la puerta exterior. Tras cerrar la puerta con llave volvió a echar una carrera rápida hasta el coche.
Puso la llave en el contacto pero no lo puso en marcha. Se quedó sentada ahí; sollozando.

17 de abril de 2011

Aurora 4º

Cuando el sol se lavó la cara y ya estuvo presentable, Aurora se despertó. Después de darse una ducha rápida pero eso si, con el jabón, se puso un vestido blanco que le había regalado su padre en su vigésimo cuarto aniversario; y pensar que solo hacía dos años de eso... En frente del espejo se maquilló por primera vez desde la trágica muerte. Máscara de pestañas negra, sombra de ojos con un toque de purpurina y pintalabios color carmín. Desobedeció deliberadamente una de las pocas ordenes que le dio Carlos tras ese acontecimiento: No conducir. Se abrochó el cinturón y se fue, sin avisar a su pareja de que se iba, a pesar de que eso significaran cinco llamadas perdidas en el buzón a lo la largo de la mañana.
Aparcó en frente de la casa. Anduvo el trecho que le quedaba, rebuscó en su bolso y puso la llave en la cerradura. Cuando se oyó el clic algo más le llegó. Eran todos los recuerdos de la casa, que como fantasmas la atacaban. Hubieran sido solo melancólicos si no hubiese sido por el dolor que le causaba recordar todos esos pequeños detalles. Cada uno era como un pequeño cristal, como una astilla que se le clavaba en la piel y la hacia sangrar. Con la diferencia de que sangraba por dentro.
Entró y cerró la puerta de golpe. Ella, ingenua, había pensado que el polvo de los recuerdos no le provocaría ningún tipo de reacción. Cuán equivocada estaba... Pues esos momentos pasados ahora estaban destruyendo su muralla defensiva, esa que había construido con tanto esmero. Y en pocos segundos cayó, no solo la barrera sino su cuerpo. Quedó sentada apoyada en la puerta, sollozando y sin poder parar la estampida de sentimientos agrios.
La máscara de ojos se le había corrido y sus mejillas rosadas ahora quedaban ennegrecidas y mojadas. Con la mano intentó secar el rastro de las lágrimas pero solo consiguió empeorarlo. Se levantó como pudo e intentó calmarse, aunque esto último no le fue tan bien.
Se dirigió al baño y cuando abrió la puerta y vio lo que vio una lágrima rebelde le cayó encima del vestido blanco.

11 de abril de 2011

Aurora 3º

Aurora se vistió deprisa y salió del piso. Pronto sus pasos la llevaron al centro donde se agolpaban las tiendas. Iba con una idea muy clara en mente. Miró en muchísimos escaparates, buscó dentro a fondo y preguntó a varios empleados dejándolos atónitas ante la específica demanda de ella. Pero todo fue en vano; no lo encontró.
El reloj daba ya las siete, habrían pasada dos horas enteras. Regresó a su piso decepcionada y bastante deprimida. El bolso fue arrojado violentamente encima de una silla y lo mismo le pasó a la ropa que fue a parar al suelo. Volvió a ducharse y dejó que el jabón de su padre la envolviera por segunda vez. Pero se sentía más incompleta que antes; más que nunca. Sumergió por completo la cabeza en el agua una vez que el jabón se había disipado un poco. Contuvo la respiración y cuando volvió a respirar además de aire entró una nueva idea. Brillante y un tanto masoquista.

9 de abril de 2011

The best friend in this world

Las bases del concurso son: Pasar el premio a los diez mejores seguidores de tu blog. Contar tres verdades y tres mentiras sobre ti en esta entrada. Hacer un link que vaya al blog de la persona que te ha premiado.

Gracias Clara y Joana en Las mejores cosas al amanecer.


Tres cosas verdaderas:

  • Por timidez no bailo ni canto.
  • Me encanta cantar al son de la música y tararearla.
  • Puedo llegar a ser muy orgullosa... 
Tres cosas falsas:
  • No me gusta bailar y cantar.
  • Odio a todo el mundo. 
  • Me da igual lo que hacen otros. 
Los mejores seguidores del blog son: 
  1. Xikaakira en Los recuerdos de mi mente
  2. Lucía en .Donde habita el olvido
  3. Pía en Pía Baroja
  4. Blanca G. en Chocolate y avellanas
  5. Lyla en Entre letras y nieblas
  6. Dangereusse en Smile, it's the end of the world
  7. Daniel Marcos en El libro abierto
  8. Melo García en Sin boli
  9. Sawako en Wonder crazy land
  10. Carolain en La chica de la boina
Gracias a todos por comentar. Me veo obligada a pediros perdón porque hace una semana que no he comentado a nadie. ¿El culpable? El tiempo. No viene a mi. Por eso este fin de semana y estas vacaciones os voy a comentar tanto que os vais a cansar de mi. Espero poder cumplir la promesa, aunque creo que no la voy a romper. :) 

2 de abril de 2011

Aurora 2º

-Cariño, soy yo - Era la voz de Carlos. Aurora salió deprisa de la bañera y mientras ésta se vaciaba, dejó que el albornoz la abrigara. Fue a su encuentro y él la abrazó, ella hundió la cabeza en su hombro haciendo que se sintiera necesitado.
Muy a pesar suyo, Carlos se había ido de la casa para dejarle margen y mientras tanto él se alojaba en casa de un buen amigo. Su ausencia hubiera sido más llevadera si la situación actual no conllevara la tristeza de su amada. Ella en ningún momento le pidió que se fuera, que le dejará pensar, que necesitaba estar sola, meditar, recordar, llorar. Ni una palabra salió de sus labios a pesar de que si que esas ideas estaban en su mente, pero no quería herirle. Por otro lado él ya conocía bien a Aurora, lo suficiente como para saber que ningún reproche o suplica saldría de ella. Con el tiempo aprendió a ver lo que ella necesitaba sin mediar palabra y simplemente lo hacía, sin preguntárselo, y ella le estaba muy agradecida. Por eso todavía estaban juntos. Dicen que en toda relación hay una persona que da más de lo que recibe, ese era el caso de Carlos. 
Olisqueó el pelo mojado de ella, queriendo embriagarse de su aroma que tanto añoraba. Sin embargo lo que le subió por la nariz no le resultó agradable.
-¿A que hueles?- dijo alzando una ceja.
-Me he comprado un jabón nuevo- y él ciegamente creyó sus palabras para ahorrarse dolores de cabeza.
-Pero si este es de hombre.
-Lo sé, me he dado cuenta cuando estaba en casa -mintió- fue el primero que vi y lo compré - mintió más descaradamente porque había elegido esa botella con mucho esmero de entre todas las demás y sabía perfectamente que era masculina.
-Ah. Si quieres ya me la quedo yo y la uso.
-Da igual, tampoco me molesta oler a esto. Si el único que tiene que olerme eres tu. - Y le sonrío. Esa sonrisa  le pareció una copia del mismísimo astro rey y valía más que todo el oro de este mundo. Aurora no las dibujaba de este tipo desde antes de la muerte de su padre, hacía ya dos semanas.
Quizás al fin y al cabo la balanza entre ellos dos no estuviera tan desequilibrada. Tras el comentario, la besó.
-¿Que vas a hacer esta tarde?
-Tengo que ir a comprar una cosa.
-Vale, tengo que irme. Llámame si necesitas algo, ya sabes donde estoy, solo he pasado para ver como estabas.
-De acuerdo.- Se volvieron a besar con ternura.
-Te quiero - susurro cuando estaba cerrando la puerta.
-Yo también te quiero mucho- pero ya estaba cerrada.

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