22 de octubre de 2010

Viernes 23 de Julio de 2010



Por primera vez en todo el viaje pudimos levantarnos a la hora que quisiéramos. Mi hermana y yo nos levantamos a las ocho y media para poder comer y luego bañarnos en la piscina. Ese día comimos más de lo habitual. Yo desayuné de unas pastas freídas con chocolate por encima. Riquísimos y crujientes. Como era día libre mi familia y dos más decidimos de volver a Sidi Bou Said para comer. Cogimos tres taxis.

Dentro del automòvil olía a sudor. Los asientos estaban cubiertos con unas mantas ásperas pero finas, y no había cinturones. Para colmo el taxista conducía de una manera un tanto peligrosa. Rápido, adelantado casi sin mirar, girando para atravesar la carretera... Un verdadero peligro. Cuando bajamos sanos y extrañamente a salvo quedamos aliviados. Nos encontramos todos juntos y fuimos a buscar un sitio para comer. Reservamos mesa y mientras un matrimonio fue a comprar cosas una familia y nosotros estuvimos hablando en la sombra. Ese día hacía especial calor. Y hasta en la sombre sudábamos. Por fin llegó la hora de comer e ir a un local fresquito. Nos sentamos en dos mesas con asientos de piedra un poco bajos. Yo que no soy precisamente alta tuve que coger un cojín para llegar cómodamente.
Yo pedí un brik y carne asada. El bik es como una empanada en forma de media luna y con pasta milhojas crujiente que se fríe una vez puesto el relleno. En la carta había brik au fromage (queso) y brike con omelette (tortilla con queso).
Cogimos otro taxi para regresar. A diferencia del otro este no tenía taxímetro; era ilegal. Mi padre se empeñó diciendo que había salido bien de precio, que era más barato. Pero pregunté a las otras familias que habían venido en taxi legal y me dijeron un precio más bajo. Pero lo dejé correr.
Como antes de partir habíamos dejado las maletas en consergería las fuimos a buscar y nos sentamos a esperar. Yo por mi parte cogí una libreta y anoté cada día lo que había hecho durante las vacaciones en Túnez. Gracias a eso he podido escribirlo al cabo de unos meses.
A la hora acordada legó una furgoneta que nos llevó al aeropuerto. Paseamos un buen rato y luego fuimos a la aduana. Allí nos volvieron a hacer rellenar unos papeles que te preguntaban de todo: tu nombre de soltero/a, el día que caduca el D.N.I y el pasaporte...
Tras haberla pasado llegamos a la puerta de embarque. Pero había retraso. Hasta después de una ora no salió el avión. Todos estábamos cansados, y me puse a dormir. Desgraciadamente no pude, pues un chico de 30 años como mínimo, que conocía a la tripulación y cada dos minutos se levantaba cuando le daba la gana y e iba a charlar. Haciendo caso omiso a las señales rojas de "no desabrocharse el cinturón". Además compró una botella de Vodka que se terminó en lo que dura el viaje Túnez-Barcelona (no llega a 2h). Por suerte pude encontrar algo bueno en ese viaje aéreo.
En la misma fila que yo había una niña que no debía tener más de dos años. Y cuando me vio y yo le sonreí durante un rato quiso empezar a jugar. Primero me saludaba con su manita, y yo le saludaba con la mía, y así se entretuvo unos cuantos minutos. Luego jugamos, todo eso a distancia y quietecitas, a escondernos. Adelante y atrás Jugando jugando ella al adelantarse para que la viera se dio de cabeza contra el asiento. Pero en vez de llorar empezó a reír. Unas risas...que no te podías quedar serio. Y lo volvió a hacer, esta vez adrede. Pero su madre, riendo también, le puso la mano entre ella y el asiento para que no le doliese. Fue muy graciosa. Más tarde, tras coger las maletas nos volvimos a encontrar y quiso por última vez hacer como si se adelantara, pero sin asiento.
Esto último puede parecer una tontería sin sentido, pero me acuerdo por ser un momento tierno y, al fin y al cabo todavía formaba parte de las vacaciones.

13 de octubre de 2010

Jueves 22 de Julio de 2010

Esa mañana  fue la última que vi a Beatriz. Ella y su familia se iban de camino a Lisboa. Nosotros partimos camino a Túnez. Me olvidé de mencionar que desde que nos conocimos, mi hermana, ella y yo quedábamos por las noches para vernos en el bar del hotel.
Fuimos, ya sin los portugueses, al museo del Bardo. Todo lo que había era de influencia romana y había muchos mosaicos que habían sido reconstruidos en el suelo o en una pared para ser expuestos.
A la hora de comer todos estábamos en la situación de: <>.
Después de pasar de ser caníbales y volver a ser personas, fuimos a la famosa Cartago que estaba cerca del mar. Y pensar que miles de años antes Aníbal estuvo ahí.
Mas tarde fuimos a las termas de Antonino. Lo curioso del tema es que cuando vinieron los romanos a conquerir, tras arrasar arrojaban sal para hacer del suelo un lugar estéril. Pero al cabo de unas décadas volvieron y se encontraron con un sitio que antaño era fértil e ideal para la población.
Cuando Mohamed nos estaba explicando que en las termas había tres cámaras con diferentes temperaturas para ir acostumbrándose, paro de hablar y se puso a reír el solo. Mientras sofocaba las risas nos quiso decir que separaban a hombres y mujeres. Y luego dijo que ese mismo día había aprendido el significado de la palabra española orgía, y que se lo estaba imaginando y que no podía parar de reír. Ante ese argumento todos empezamos a reír y a hacer comentarios como "que caliente te has despertado esta mañana" y muchos otros que podéis perfectamente imaginar.
Después de un buen rato haciendo broma fuimos a nuestro aire por las runas de la terma, que en su tiempo sobrepasaban nuestras cabezas tres o cuatro veces, como mínimo.
Salimos de Cartago para ir a la Medina de Túnez o que es lo mismo la casbah. Andamos a nuestro aire durante casi dos horas, y al final Mohamed acompaño a quienes les interesara a un artesano de perfumes. Nosotros estábamos interesados. Nos enseñaron como se hacía el perfume y luego compramos perfume en botellitas roll-on con una de regalo. Lo mejor, quizás, era que más de la mitad correspondían a marcas caras como Hugo Boss, Carolina Herrera...
Por la tarde fuimos a un pueblo muy típico. Sidi Bou Said. Un pueblo que todo es blanco y azul. Blanco para los malos espectros y azul para ahuyentar a los bichos. Son muy supersticiosos los tunisinos.
Antes del turismo solo las casas eran de esos dos colores, pero tras la llegada de este bares, bancos, faroles, etc. era en blanco y azul.
Nos fuimos a dormir pensando que al día siguiente sería nuestra última jornada en el país. Hogar dulce hogar. Pues aunque te lo pases muy y muy bien de vacaciones, siempre quieres volver

11 de octubre de 2010

Miércoles 21 de Julio de 2010

Lo verde es la ruta de bajada. La azul el sitio de vuelta. Y los puntos fucsias sitios por donde pasamos.
Hay muchos sitios por donde pasamos y no se ven.


¿Qué cara pondríais si os dijeran: mañana levantaros a las 4? La misma que se nos quedó a nosotros. Al principio creíamos que era una de esas bromas del guía. Pero el reía de nuestras caras, y finalmente nos dijo que no era broma y que a las cinco ya estaríamos de camino al norte. Porqué nosotros estábamos muy al sur y si no nos apresábamos tardaríamos más de lo planeado a llegar.  Poco después de subir al autobús fuimos a uno de los pueblos menos comunicados del sur. Era un pueblo que no debía tener más de cinco calles y sólo dos tenían aceras. No había asfalto, la calle era polvo. Las casas no eran viejas pero la impresión que daban no se alejaba mucho. Eran edificaciones polvorientas, de aspecto frágil, la pintura saltaba y se podía ver de qué material era la casa. Dimos una vuelta al pueblo y vimos que dentro de una casa, en el patio había un diminuto rebaño de cabras, no más de 10. Volvimos al bus y pensé que qué derecho tenemos nosotros de quejarnos de nuestras vidas y nuestros problemas, cuando nosotros lo teníamos todo. De todo lo que nosotros teníamos, ¿que tenían ellos? No se me ocurre nada.
No tuve mucho tiempo para pensar ni en su situación ni en la mía. Pues el asiento me sedujo y me hizo caer dormida como todo el mundo. ¿Quién se queda despierto a las cinco y media de la mañana? Nadie. Y menos cuando hicimos kilómetros hacía el norte hasta las nueve o las diez. Primero visitamos un pueblo que se llama Matmata. Luego llegamos a Sfax, una ciudad a 270 km de Túnez y que tenía toda la pinta de ser una ciudad industrial. ¡Hacía casi más calor que en el mismísimo desierto del Sahara! Malditos humos…
Nuestro destino final de ese día era Sousse. Pero antes fuimos a un anfiteatro romano, creo que es el único que queda en pie, junto con unas ruinas bien conservadas de una población. Solo eran las once y ya nos moríamos achicharrados bajo el sol.
Otra vez volvimos al bus para seguir hasta Sousse y ahí fuimos al primer lugar fresquito en todo el día. El mausoleo de Habib Bourgiba anterior presidente del país.
( http://www.flickr.com/photos/8230500@N04/1289024376/   si queres ver como era el mausoleo aquí hay una foto)
Esa noche dormimos en Sousse. No me acuerdo del nombre del hotel, pero tampoco lo diría por respecto. Eso sí, el hotel podía parecer muy bonito e incluso lujoso, pero nada más llegar, se averió el ascensor por el que yo tenía intención de subir, y lo estaba a punto de hacer cuando se paró en seco. Lo que era el grifo de la ducha se le cayó a mi hermana, pero no precisamente por torpeza. Un interruptor se salió de su sitio, la lámpara de la habitación estaba torcida, la moqueta sucia y la colcha tenía un par de agujeros.
Cinco estrellas en definitiva

26 de septiembre de 2010

Martes 20 de Julio de 2010

Era el segundo día que estábamos en el hotel Sahara Douz en Douz. Fuimos a un pueblo que se llamaba Sabrine. Creo que era el pueblo más antiguo de toda la región. Era un poblado que se escondía en cavernas, sus habitaciones estaban esculpidas en piedra hasta formar una pequeña cueva. Y ahí vivían casi apartados de la sociedad "moderna". Incluso ellos mismos se hacían la harina y el pan. Cuando fuimos ahí fueron muy hospitalarios y nos dieron su propio pan mojado en aceite y miel. El pan estaba delicioso. 
Luego volvimos al pueblo de Douz para ver el zocco, el mercado. Ahí nos compramos una maleta porque no nos faltaba espacio. Quizás piensen que fue una estafa o algo parecido o una mala compra pero de hecho no fue así. Obviamente era una imitación de las marcas alemanas, inglesas, chinas y japonesas. Dentro de esto compramos la mejor imitación alemana con ruedas de goma, de las que mejor ruedan. Al cabo de dos meses todavía está entera.
Ese día hacía un calor horroroso y nada más llegar al hotel todos los del grupo se metieron en la piscina incluido nosotras. Era una piscina demasiado profunda para mi. ¡¡Yo bajita y con otitis, vaya una mala combinación!! Estábamos mi hermana, Beatriz y yo. Ella nos estaba enseñando nuevas palabras en portugués y nosotras le ayudamos cuando no sabía pronunciar algo en español. Entonces conocimos a Ana. Una niña de Barcelona que tenía 10 años. Nos hicimos muy amigas también.
Después de secarnos e ir a comer fuimos a las Puertas del Desierto en el mismo pueblo. íbamos a montar en dromedario. Estaban todos los animales en fila tumbados en la fina arena. Algunos llevaban correas en los morros para no morder. Los más osados adelantaron un paso para subir primeros. Nosotros subimos de los últimos.
Me senté encima del animal, justo detrás de la joroba donde había como un pequeño puff con mantas. Dí unas palmadas al pelaje del dromedario. Más que pelo tenía como pelusa por el cuerpo. Cuando lo palmeé una nubecilla de polvo despegó de él. Los hombres que se encargaban de ellos tiraron las cuerdas para que se levantasen, antes de que nosotros tuviésemos tiempo suficiente para acomodarnos mínimamente para no destruir nuestras pobres ingles con el paseo. Y cuando el hombre tiró de la cuerda el dromedario no se levantó primero las patas delanteras y luego las traseras o de manera regular. Nada de eso! El animal levanto sus traseras haciéndome inclinar de tal manera que si no llegaba a agarrarme a una ansa me hubiese caído de bruces en la arena. Y luego levantó la cabeza. Pero lo gracioso es que no es un movimiento suave es una cosa tan brusca que no te da tiempo a reaccionar, mucho.
Íbamos de cuatro en cuatro. Casi pude sentir como las patas del dromedario pisaban la arena del mismísimo Sahara. Pero esta vez lo veíamos desde otro sitio. No parecía ni el mismo. Tenía un lujo; un oasis al lado.
En esta última foto se puede ver lo que antes no pude explicar: la inmensidad del desierto. Es difícil mirar y en km no ver nada. Pero ni un árbol, ni un oasis; nada!
Mientras paseábamos yo me entretenía, a parte de maravillarme con el paisaje, tocando el animal. Hay quien dice que no es cauto, pero como vía que ni se quejaba y ni siquiera se giraba pues le tocaba las orejas. Fue muy divertido cuando el dromedario de mi madre le entró picor por la barriga, y con la pata trasera intentaba rascarse y en vez de a él rascaba a mi madre. Sobretodo cuando mi madre empezó a gritar <<¡Ah! ¿Pero que demonios hace este bicho?¿Qué hace?>> Y ella moviendo las piernas y agarrándose tan fuerte que al día siguiente tuvo la palma de las manos llenas de ampollas.

Eran las 7 o algo por el estilo.
Y ya estábamos regresando después de un paseo de casi una hora. Le dábamos la espalda al sol. Y me giré y vi la puesta de sol, sin una nube, en el desierto de arena más grande de todo el mundo. Fui afortunada de girarme y ver la puesta de sol en el desierto del Sahara. Veía como ese disco rojizo, anaranjado, rosado... con tantísimos colores...! Y lo veía como iba bajando al tiempo que doraba la arena del territorio y como cada vez había menos y menos luz del astro Sol. Cada vez menos hasta que acabó por esconderse detrás de las dunas y se fue al otro lado del mundo. Pero todavía había luz tras la puesta de sol.
Me giré, porque, todo sea dicho andar en un dromedario con la cabeza girada es una postura incomoda. Me giré pensando "Has visto la puesta de sol, no solo eso, la has visto en África, en el Sahara".


Cuando llegamos al hotel nos encontramos con la familia portuguesa de Beatriz. Ellos no querían ir porque ya habían ido en Egipto y no les fascinaban los animales en general. En el bar nos encontramos, mi hermana y yo, con Beatriz, su Madrina y un chico que se llamaba Adriano que no era de su família pero que era de las Islas, como ellas. Hablamos un poco, porque Adriano hablaba de una manera aún peor, si se puede decir así. Peor no, pero más difícil de entender sí. Nos explico que había estado por casi todo Europa y que en total había viajado por 30 y pico países.

2 de septiembre de 2010

Lunes 19 de Julio de 2010

Después de lo de siempre: levantarnos, comer e ir en bus; fuimos al museo de Kouran. Lamentablemente ya no me acuerdo de lo que hizimos ahí. Luego nos dejaron dar una vuelta por el pueblo. Mi familia yo fuimos a mirar tiendas y al final mi padre compró una maleta para el viaje con ruedas. Pues la suya eran de las que no tenian y como llevabamos muchas cosas nos faltaba espacio. Nos costó como unso 15€/30 dinnares (dt). No os penseis que compramos lo primero que vimos sin pensar en nada ni en la calidad etc... Si que lo hizimos. Claro que no era una maleta de marca, era una imitación. Pero se podria decir que era la mejor marca alemana imitada que habia en el mercado. Conclusión: una buena compra - todavía no se ha roto.
Después de esto fuimos un buen rato por la carretera hasta llegar al lago salado Chott el Djerid en Tozeur. Es un lago sin agua. Antes si habia, ahora todo lo más que hay son charcos de agua salada que curiosamente se ven rojos. Mi padre metio una mano en el agua y por un buen rato tras haberse secado quedaron restos de sal.
Yo hize unas fotos desde el medio de la carretera para que se viese la imensidad, con la que ya estabamos casi familiarizados. Y para que se viese que no venia nadie por la carretera. A un lado también había un montículo de sal con unas escaleras esculpidas en la sal. Nos subimos y nos hizimos unas fotos. Fue todo muy bonito.
Espero tener oportunidad de algun dia poner una foto mia y no de Google.
Luego fuimos al pueblo de Douz donde nos dejaron en el hotel Sahara Douz ****. Esa noche había otra actividad de la compañia. Una cena bereber. Una familia portugesa y nosotros fuimos los únicos que no nos pusimos los trajes bereberes típicos. Todo el mundo lo llevaba y tenia pinta de ser muy caluroso e incomodo.
Cuando llegamos al sitio nos hicieron un show de dos hombres a caballo haciendo toda clase de temeridades. Estuvo más o menso bien. Y fuimos a cenar. En la mesa nos pusimos las dos familias juntas sin querer. La portugesa y nosotros, bueno también vino un matrimono español.
Mi hermana y yo, que tenemos la misma edad conocimos a Beatriz, la chica portugesa que resultó ser de nuestra edad. Empezamos a hablar en español al final de todo de la cena. Ella nos explicó de donde era de Portugal y que nadie le habia enseñado español. Ella de ir a viajes guiados con guias de habla española llego a saber el idoma. Con lo que nos pudimos comunicar. Cuando llegamos al hotel estuvimos mucho rato hablando las tres. Y ella nos enseñaba palabras en portugés. La pronunciación, porque por escrito, claro está no hicimos nada.
De una palabra que me acuerdo y que es mi favorita es : libélula. Se pronuncia "libliña" (liblinya porque en portugés no existe la ñ) No se como se escribe.

Al final nos hicimos amigas y nos dimos los correos electrónicos, facebook y demás. Fue una experiencia muy bonita. Lástima que empecáramos a conocernos justo al final del viaje. En realidad de su viaje. Ella se iba el jueves.

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